Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 42 #3
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Capítulo 42 #3

Ignoro el pánico. Ignoro el nerviosismo, la angustia y todo aquello que no hace más que torturarme. Ignoro el grito aterrador que se ha escuchado en el interior de la cabaña e ignoro el hecho de que hace rato ya que dejé de sentir la pierna derecha.

Me concentro en el peso del arma entre mis dedos y en repasar todas las instrucciones que Harry me dio cuando estuvimos en el campo de tiro de la policía. Entonces, acorto la distancia que me separa de la puerta.

Mi corazón se salta un latido cuando mis dedos se aferran a la manija.

Mis manos se sienten temblorosas y sudorosas, pero trato de no poner mucha atención a eso.

Trato de mantener mi pánico a raya cuando empujo la puerta con lentitud.

El sonido que hace la madera es tan intenso que la atención de uno de los hombres dentro de la cabaña se posa en mí.

De inmediato, el mundo entero se ralentiza…

Tyler se encuentra con una rodilla colocada en el piso y el pie de la pierna contraria colocado firmemente en el suelo. Harry se encuentra ahí, justo delante de él, tumbado sobre su costado, con el rostro tan hinchado que apenas puedo reconocerlo.

Él ni siquiera parece haberse percatado de mi presencia. No se necesita ser un genio para saber que baila en el limbo de la inconsciencia gracias a la golpiza que Tyler le ha propinado.

Una ira cruda y densa se apodera de mi cuerpo en un abrir y cerrar de ojos, y clavo mi vista en el hombre de cabello a rapado y sonrisa aterradora que me observa por encima de su hombro. Entonces, alzo la mano con la que llevo el arma y la apunto hacia él.

Su sonrisa se desvanece. Una oleada de cruel satisfacción se apodera de mi cuerpo y me regocijo un poco con su gesto sorprendido.

—Aléjate de él —siseo con una voz que ni siquiera parece mía.

Tyler parece calcular la situación, ya que me mira a mí y al arma que llevo entre los dedos alternadamente. Acto seguido, de un movimiento rápido y brusco, se lleva una mano a la cinturilla de los vaqueros y yo tiro del gatillo.

El grito adolorido que brota de su garganta causa tanto placer en mi sistema que me siento enferma y realizada en partes iguales; sin embargo, no se lo hago notar.

Mantengo mi expresión en blanco todo el tiempo.

Incluso cuando se toma el brazo herido y lo aprieta contra su torso me mantengo inescrutable.

—Aléjate de él —repito y, esta vez, obedece.

Se aleja del cuerpo de Harry al tiempo que se incorpora con lentitud, con aire cauteloso. Yo no aparto la mirada de él ni un instante. Ni siquiera cuando se aleja hasta quedar recargado contra una de las paredes. Ni siquiera cuando deja de mirarme e inspecciona la herida que acabo de hacerle.

Yo, sin perder el tiempo, y sin apartar la vista de Tyler, me acerco a Harry.

No bajo el arma ni un solo momento. Estoy a punto de llegar a mi chico.

Estoy a escasos pasos de distancia de él cuando sucede…

Tyler corre. Corre en el pequeño espacio de la cabaña y carga todo el peso de su cuerpo contra mí, tomándome fuera de balance. Entonces, caigo.

Todo el aire escapa de mis pulmones en el instante en el que impacto contra el suelo y mi agarre en la pistola de Nikolai cede considerablemente.

Tyler aprovecha ese momento para intentar arrebatármela.

Yo no se lo permito y me aferro a ella con todas mis fuerzas al tiempo que trato de recuperar el aliento.

Mi muñeca duele cuando Tyler la dobla de una forma poco natural, pero no dejo de pelear. No dejo de luchar por recuperar el control de la situación. No dejo de dar guerra, porque sé que de esto depende la vida del hombre que amo. De esto depende mi vida por completo…

El sonido de un disparo lo invade todo y el mundo entero se detiene. Mis ojos y los de Tyler se encuentran en el camino y, por un doloroso instante de confusión, nos mantenemos así. Es en ese momento que el peso de lo que acaba de ocurrir se asienta entre nosotros.

Algo tibio me humedece la ropa y la certeza de que el arma entre nuestros cuerpos se ha disparado cae sobre mis hombros con brutalidad.

«¿Me ha dado? ¿Por qué no puedo sentir nada? ¡¿Me ha dado?!».

Uno…

Dos…

Tres segundos…

Entonces el cuerpo de Tyler cae hacia un costado de donde me encuentro al tiempo que comienza a toser con violencia. No puedo apartar la vista de la herida que hay en su estómago. No puedo apartar la mirada del charco inmenso que ha comenzado a formarse debajo de su cuerpo.

El hombre que se desangra delante de mis ojos balbucea algo ininteligible y yo no puedo hacer otra cosa más que mirarle en estado de shock. No sé qué hacer. No sé cómo actuar. Ni siquiera sé si debo o no intentar parar la hemorragia que se ha llevado todo el color de su rostro.

Sus manos temblorosas se encuentran posicionadas sobre el agujero que la bala ha hecho en su anatomía, pero la presión que ejercen no es suficiente para detener el torrente alarmante de líquido que brota de su interior.

No es suficiente para mantener ahí la vida que se le escapa con cada segundo que transcurre…

No me muevo. No hago ninguna especie de ruido. Ni siquiera respiro. No hago otra cosa más que mirar cómo la vida se fuga del cuerpo de Tyler Lawson.