Capítulo 42 #2
Sé que no lo ha asesinado. Lo que ese hombre desea es entregarlo a los grandes mandos, así que no creo que vaya a sacrificar su gran venganza solo por un momento de euforia y adrenalina.
Lo que Tyler desea es destruir a Harry antes de matarlo, así que es imposible que lo haya asesinado aún.
Eso es lo único en lo que puedo pensar. Es lo único que quiero creer ahora mismo…
Cada paso que doy es como una tortura. Cada movimiento se siente como el más grande de los tormentos, pero no me detengo. No puedo detenerme. Tengo que intentar hacer algo, así tenga que morir en el proceso. Tengo que hacer algo por Harry, aunque tenga que sacrificarlo todo.
En el instante en el que la cabaña aparece delante de mis ojos mi pecho se llena de una sensación abrumadora e intensa. No sé exactamente cómo nombrarla, pero es tan poderosa que mi corazón apenas puede contenerla, apenas puede soportarla…
No tenía planeado llegar hasta aquí. Ni siquiera me pasó por la cabeza que volvería hasta llegar a este punto. Tenía la esperanza de encontrarme con Harry en el trayecto, pero no fue así. Ni siquiera hubo señales de su presencia en ningún lado.
Estuve a punto de huir muchas veces. A pesar de que la parte activa de mi cerebro me decía que debía detenerme y escapar, no lo hice.
Continué mi camino hasta llegar a este lugar.
Seguí hasta este punto porque el sonido de esos disparos me trajo hasta aquí.
Porque mi cuerpo entero no ha dejado de gritar que Harry se encuentra en manos de Tyler y que necesito salvarlo.
Necesito hacer algo por él una maldita vez en mi vida…
Mi vista recorre el claro donde se encuentra la cabaña y, a pesar de la oscuridad que lo rodea todo, soy capaz de ver el auto de Tyler, el cual se encuentra aparcado justo frente a la choza.
No hay señal alguna de él por ningún lado.
De todos modos, no me confío. Decido que debo rodear el perímetro de la cabaña antes de acercarme más, y así lo hago…
A paso lento y tortuoso, recorro los alrededores escondida entre los árboles.
No hay rastros de Tyler por ningún lado, así que solo me queda pensar en las únicas dos posibilidades que se me ocurren: o se encuentra en la casa a medio construir que pasé hace unos minutos o se encuentra dentro de la choza.
La segunda de mis suposiciones es la que más me aterroriza y, al mismo tiempo, es la más probable de todas. No puedo ser tan ingenua como para pensar que Tyler disparó dos veces solo porque sí. Si lo hizo, es porque, seguramente, descubrió a Harry y lo tomó para llevárselo.
Así que todo se reduce a eso: a la probabilidad de que ambos se encuentren dentro de esa cabaña a medio derribar. A la posibilidad de que esto esté perdido mucho antes de que pueda hacer alguna clase de movimiento.
Estoy aterrorizada. El miedo se ha venido cocinando en mi interior desde que empecé a adentrarme en el bosque y ha tomado fuerza con cada uno de mis pasos.
El monstruo de ansiedad, nerviosismo y pánico que se ha arraigado en mis entrañas es tan fuerte ahora que apenas me permite sentir dolor en mi pierna lastimada.
Estoy segura de que la adrenalina que siento es la que me ha ayudado un poco a sobrellevar el dolor. No le encuentro otra explicación.
«Vamos, Maya. No seas cobarde. Hazlo. Acércate». Y así lo hago: me obligo a renquear mi camino hasta el pórtico del lugar, cuidándome de ser vista solo por si las dudas.
Para el momento al que llego a la pequeña plataforma, estoy temblando.
Mi cuerpo ha comenzado a resentir la caminata y pérdida de sangre, pero no dejo que eso me detenga.
No dejo que eso me paralice, y me arrodillo en el suelo antes de avanzar a gatas sobre la escalinata que da a la puerta principal.
Le ruego al cielo que, si Tyler se encuentra ahí dentro, no haya sido capaz de escuchar el crujir de la madera bajo mi peso.
Le ruego a Dios que todo esto solo haya sido un maldito error mío, y que Harry y Tyler no se encuentren en este lugar.
Trato de incorporarme. Trato de ponerme de pie con mucho cuidado de no hacer ruido, pero la madera podrida del pórtico se queja debajo de mí cuando lo hago.
Entonces, algo en el interior estalla. Un grito ahogado amenaza con abandonarme, pero me las arreglo para reprimirlo mientras doy un par de pasos hacia atrás debido a la impresión.
Mi corazón se dispara en latidos irregulares, la tensión nerviosa acumulada en mi sistema estalla de un segundo a otro y mi pecho se contrae con la emoción intensa que me trae el saber que de verdad hay alguien dentro de esa cabaña.
El monstruo de miedo que crece en mi interior ruge con fuerza y me encojo sobre mí misma, en un débil intento por evadir la retahíla de pensamientos oscuros que se apodera de mi cabeza.
De pronto, lo único en lo que puedo pensar es en Harry.
Harry siendo torturado, Harry desangrándose por una herida de bala, Harry con la mirada perdida en la nada y la expresión vacía…
Niego con la cabeza una y otra vez y me cubro la boca con las manos. Mi vista se nubla debido a las lágrimas que se apoderan de mis ojos, pero no aparto la mirada de la puerta de la choza.
Apenas puedo respirar. Apenas puedo contener las ganas que tengo de echarme a gritar como una histérica por todo el bosque…
No sé cuánto tiempo pasa antes de que sea capaz de percibir el sonido amortiguado de una voz del otro lado de la cabaña.
Mucho menos sé cuánto tiempo pasa antes de que una serie de golpes sordos se cuele a través de la madera húmeda del lugar.
Un escalofrío de puro terror se apodera de mi cuerpo y los vellos de mi nuca se erizan cuando un sonido similar al de un gemido adolorido resuena desde el interior. «No, no, no, no, no…».
Me quedo sin aliento. Todo mi cuerpo se paraliza en ese instante porque sé que conozco esa voz.
Sé que conozco ese timbre ronco y profundo.
Sé a quién le pertenece… Doy otro paso hacia atrás.
No puedo hacer esto. No puedo entrar a ese lugar.
No puedo enfrentarme con lo que sea que hay del otro lado. No puedo, no puedo, no puedo…
Mis ojos se cierran en ese instante y un par de lágrimas traicioneras se me escapan. Mi cuerpo entero se estremece con violencia y mi pecho duele. Mi corazón late cada vez más fuerte y no puedo hacer otra cosa más que reproducir ese sonido tortuoso una y otra vez en mi cabeza.
«¡Deja de ser una jodida cobarde y haz algo!
¡Tienes una puta arma contigo! ¡Entra ahí y dispara!
¡Acaba con toda esta mierda de una maldita vez!
¡Hazlo ya!». No puedo moverme. «¡Maya, van a matarlo!
¡Van a asesinar al amor de tu vida y todo será por tu culpa!
¡¿A qué viniste, entonces?! ¡¿A verlo morir?
! ¡Haz algo! ¡Con una mierda, haz algo!».
Cubro mis oídos con mis manos y me acuclillo frente a la puerta de la cabaña.
«¡Levántate, maldita sea! ¡Miedosa de mierda, ponte de pie ahora mismo!». Sacudo la cabeza frenéticamente. «¡No mereces todo lo que ha hecho por ti! ¡No mereces a alguien como él en tu vida si no eres capaz de retribuirle un poco de lo que ha hecho por ti!».
Tomo un par de inspiraciones profundas, en un intento desesperado por respirar correctamente, pero apenas consigo jalar un poco de oxígeno. «¡Eres la única que puede hacer algo por él, así que hazlo! ¡Muévete! ¡Deja de tener miedo! ¡Deja de pensar que no puedes hacerlo!».
Trato de incorporarme.
«¡Eso, maldita sea! ¡Así se hace, Maya Bassi!».
Apenas puedo mantenerme en pie, pero eso no impide que alargue mi mano y tome el arma que se encuentra acomodada en la cinturilla de mis vaqueros. Mi mano tiembla en el agarre de esta, pero trato de controlarla lo mejor que puedo.