Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 40 #3
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Capítulo 40 #3

Así pues, mi mente trabaja a toda marcha a partir de ese momento, y decido que lo mejor que puedo hacer es tomar el arma, desatarme y escabullirme para tratar de dispararle en alguna parte del cuerpo sin matarlo.

Si mis disparos no fallan, el dolor que sienta va a aturdirlo y eso me dará tiempo de derribarlo y desarmarlo.

Una vez que lo haya logrado, tendré que amenazarlo y obligarlo a llamar a todo el mundo para cancelar su dichosa reunión.

Sé, de antemano, que mi plan no va a funcionar.

Que nada saldrá como lo he planeado y que es muy probable que ni siquiera logre llegar a Tyler; pero, pese a todo, trato de mantenerme optimista.

Trato de aferrarme a la estúpida esperanza que aún se filtra a mi cuerpo.

«Vas a morir. Lo sabes», susurra la voz en mi cabeza, pero trato de ignorarla.

Trato de no escucharla porque sé que, a pesar de todo, aún tengo una oportunidad.

Porque sé que, si por alguna extraña y milagrosa razón, consigo que Tyler llame a Harry antes de que intente hacerme algo, todo habrá valido la pena.

Morir valdrá la pena porque, por primera vez en mi vida, no voy a quedarme de brazos cruzados.

No puedo dejar de temblar. No puedo dejar de imaginarme en el suelo, sobre un charco de sangre, con la mirada perdida en la nada. No puedo dejar de pensar en Tyler destrozándome el cráneo de un balazo; pero, de todos modos, no dudo ni un instante. No puedo hacerlo. Nunca más voy a hacerlo.

Hace mucho tiempo que me cansé de huir de mis problemas. Es hora de encararlos. Así este enfrentamiento me haga morir…

Tomo una inspiración profunda. «Ni siquiera lo intentes».

Tomo otra. Esta vez es más honda y pausada.

«No vas a llegar siquiera al pórtico». El ratón miedoso que hay dentro de mí no deja de susurrar.

Giro las muñecas para deshacerme de las amarras.

«Antes de que pongas un pie fuera de este lugar vas a estar en el suelo, bañada en tu propia sangre».

Las cuerdas gruesas caen y mis brazos también lo hacen a mis costados.

«Harry va a encontrar tu cuerpo rígido y luego Tyler va a matarlo».

Con dedos temblorosos, deshago los nudos que sostienen mis piernas en su lugar y, una vez que logro liberarlas, trato de estirarlas para deshacerme del entumecimiento.

Mi pierna mala gime de dolor cuando me muevo.

«¿A pesar de todo quieres hacerlo? ¿No tienes miedo? ».

Mis manos se aferran a los espacios que hay entre las tablas de las paredes y flexiono la rodilla izquierda antes de empujarme con los brazos para ponerme de pie. Un grito torturado se construye en mi garganta y tengo que morderme la punta de la lengua para no dejarlo escapar.

El intenso dolor provocado por la herida en el muslo hace que mi cuerpo se doble hacia adelante. La debilidad en mis músculos es tanta que apenas puedo sostenerme en pie. Apenas puedo dejar de temblar… «Solo toma el dinero que Nikolai dejó y vete».

—Vamos, Maya —me aliento a mí misma, con la voz entrecortada y ronca.

«Deja de hacerte esto a ti misma y, por una maldita vez en tu vida, sé egoísta.

Mereces tranquilidad. Mereces una vida en paz.

Toma la oportunidad que Nikolai te dio».

Trato de no apoyar mucho el peso en mi pierna derecha antes de dar un paso con la izquierda.

Casi me caigo al suelo cuando una especie de choque eléctrico me recorre el muslo hasta llegar a la cadera con el simple movimiento.

Muerdo mi labio inferior y me obligo a dar otro paso. «Vas a perder la pierna si no vas a un hospital ya». Doy un paso más. «No pretendas ser fuerte. No lo eres. Solo lárgate de ahí». Uno más y luego otro, y después otro par más. «Deja de jugar al héroe. No puedes hacerlo. No eres como Harry».

Estoy frente a la puerta. Mi respiración es entrecortada, temblorosa, inestable y jadeante. Hay lágrimas de dolor en mis mejillas, mis manos duelen gracias a las astillas que la madera dejó en ellas y mi cuerpo está encorvado hacia adelante por la intolerable tortura que siento en la pierna.

Bailo en el limbo de la inconsciencia y lucho desesperadamente por mantenerme en pie mientras estiro una mano temblorosa para alcanzar la perilla de la entrada.

En la distancia, logro distinguir el sonido de la voz de Tyler y no sé si se escucha de este modo porque estoy a punto de perder la batalla contra el desmayo o porque realmente no se encuentra cerca.

—Por favor, que no esté cerca. Por favor, que no esté cerca. Por favor… —murmuro para mí misma.

Giro la manija.

«¡Eres una estúpida! ¡Vas a morir!».

Tiro de la puerta y la sangre se agolpa en mis pies en el momento en el que la figura de una persona se dibuja frente a mis ojos.

«Descansa en paz, Maya Bassi».

Entonces, lo veo…

—¿Harry? —pronuncio, casi sin aliento.

El horror y el pánico se asientan en mi estómago y la sorpresa tiñe sus facciones en cuestión de segundos.

«¡Es él! ¡Es él! ¡Es él!».

—¿C-Como…? —Apenas puedo hablar.

—Gracias a Dios, llegué a tiempo. —Me interrumpe, y el alivio, el terror y la angustia me recorren entera.