Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 39 #2
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Capítulo 39 #2

Lo sé porque la hinchazón en mis ojos ha disminuido y porque el dolor en mi cuerpo aún existe, pero ya no es tan extremo como cuando inició.

Ya puedo luchar. Ya puedo pelear contra las amarras de mis muñecas hasta el cansancio sin sentirme como si estuviese a punto de desmayarme debido al insoportable ardor de mis músculos.

Nikolai no ha hecho mucho por hablar conmigo. Se ha limitado estrictamente a vigilarme día y noche, limpiar la herida de bala en mi pierna y darme algo de pan y agua cuando recuerda que soy un ser humano y que necesito alimentarme para no morir de inanición.

De vez en cuando, cuando me nota muy cansada, deshace las ataduras de mis manos para dejarme estirarlas un poco; sin embargo, cuando lo hace, no suelta su escopeta. Ni siquiera se atreve a despegar un ojo de mí.

No he sido capaz de ver a Tyler en ningún momento. No se ha dignado a venir a verificar si aún sigo viva desde aquella noche en la que sacó la mierda fuera de mi cuerpo y me tomó fotografías para mandárselas a Harry.

Ni siquiera ha venido a traerle algo de comer a su compañero.

Es como si se lo hubiese tragado la tierra de la noche a la mañana.

Hasta donde yo sé, tampoco se ha comunicado con Nikolai, quien no luce para nada afectado por eso.

Me da la impresión de que tiene sus propios planes y que, pase lo que pase, no va a salir perjudicado.

Nikolai tiene un as bajo la manga y no estoy muy segura de cómo me siento al respecto.

Es obvio que Tyler y el ruso no se llevan bien, y la verdad es que no estoy muy entusiasmada de mi posición en medio de esta guerra silenciosa que parece que lidian. Sé que no los he visto juntos demasiado tiempo, pero no se necesita ser un genio para saber que no se agradan en lo más mínimo.

El crujido de la madera en algún punto de la habitación me saca de mis cavilaciones. No estoy segura de dónde viene, pero ha sido lo suficientemente fuerte como para sacarme de la bruma adormilada que el hambre ha creado en mi cabeza.

Sé que no puedo moverme demasiado; pero, de todos modos, hago un esfuerzo sobrehumano para alzar la cabeza del suelo e intentar ver más allá de la oscuridad de la cabaña.

Apenas puedo tener un vistazo de las patas de la silla en la que Nikolai suele sentarse, pero es suficiente como para darme cuenta de que no se encuentra cerca.

Eso me saca de balance. Nikolai nunca abandona esa silla.

Al menos, no mientras yo estoy consciente.

Mi corazón se estruja ante este hecho y una oleada de pánico se apodera de mí cuando un fugaz pensamiento viene a mi cabeza: «¿Y si ha decidido marcharse? ¿Y si ha decidido dejarme aquí para que muera de hambre? ¿Y si ha dado por sentado que Tyler no va a volver?».

El terror forma una bola en la boca de mi estómago y un escalofrío me asalta. Estoy a punto de comenzar a luchar una vez más contra las ataduras de mis muñecas una vez más, cuando los oigo…

El sonido de unas voces acercándose invaden mi audición y una punzada de alivio me recorre de pies a cabeza.

El crujido intenso vuelve luego de eso y las voces se convierten en sonidos claros y nítidos.

Entonces, el sonido de las pisadas enérgicas de alguien invade todo el lugar.

En ese momento caigo en la cuenta de que, seguramente, el sonido anterior fue el de la puerta siendo abierta por Nikolai.

—¡Pero mira qué tenemos por aquí! —La irritante voz de Tyler llena mis oídos y una oleada de odio hierve en mis entrañas. Es tan intensa que tengo que apretar los dientes para no gritar de la frustración—. ¡Pero si es la domadora de bestias!

—Vete a la mierda —mascullo en voz tan baja que dudo que me haya escuchado. Dudo, siquiera, que me haya entendido, ya que aún llevo la boca amordazada.

—¿Qué has dicho? —El tono de su voz es burlón y descarado—. No te escuché.

No respondo. Me limito a clavar la mirada en un punto en la lejanía.

—¿No vas a responderme, perra maleducada? —Aún suena como si estuviese contándole un chiste, pero hay un tinte irritado en su voz. Acto seguido, deshace el nudo del trapo que hay en mi boca y repite—: ¿Qué has dicho?

No digo nada. No pronuncio palabra alguna porque no se lo merece.

Porque no merece, siquiera, que me esfuerce en espetarle algo.

Una ira cruda se apodera de las facciones de Tyler y su rostro se contorsiona en una mueca furibunda.

Entonces, el dolor estalla en mi estómago.

El sonido que se me escapa luego de eso suena tan torturado que Nikolai suelta algo que no logro comprender, pero que parece una protesta.

—¡¿Tú también vas a defenderla?! —Tyler espeta—. ¡Creí que no te importaba una mierda lo que le pasara, Nikolai!

—Lo único que dije fue que no creo que sea necesario que la mates de una patada en el estómago cuando la necesitamos viva. —La respuesta del ruso suena neutral y calmada.

—Ocúpate de tus asuntos y déjame arreglar los míos a mi manera —Tyler escupe y, luego, su mano se envuelve alrededor de las hebras de mi cabello para tirar de él con violencia.

Acto seguido, susurra contra mi oreja—: ¿Sabías que tu novio está dispuesto a traicionar a la policía con tal de que te entregue a sus brazos?

¿Sabías que es tan patético como para sacrificarse por ti? ¿Lo sabías, pequeña zorra?

Un gemido ahogado se me escapa cuando tira de mí con brusquedad.

—No debiste jugar conmigo la última vez.

—El tono de su voz es cada vez más ronco y más furioso—.

No debiste haber hecho un trato conmigo para luego traicionarme.

Ese ha sido el peor error de tu puta vida, Maya Bassi.

Vas a pagarlo caro. —Estrella mi cabeza contra el suelo de madera y mi visión se llena de puntos negros—.

Todo lo que le ocurra a Harry será tu culpa.

—Una carcajada carente de humor brota de su garganta—.

Debes saber que desde que llegaste a su vida lo arruinaste todo.

Él estaba perfectamente bien, ¿sabías eso?

—Vuelve a tirar de mi cabeza y, esta vez, lo hace tan duro que casi me incorpora en una posición antinatural—.

Rodríguez lo quería para tomar su lugar eventualmente.

Cumplía con su maldito deber, no causaba problemas…

Todo iba bien hasta que apareciste tú con esa mirada de animal moribundo y toda esa puta calidez falsa…

—Un suspiro cargado de pesar se le escapa—.

Lo arruinaste todo para él y para mí. Yo iba a ser su segundo al mando.

Yo iba a pasar de ser un simple distribuidor, al segundo al mando.

—Hace énfasis en esas palabras y tira un poco más de mi cabello.

Un gemido adolorido brota de mis labios al instante—.

Planeaba matarlo, ¿sabes?… Planeaba que, una vez que fuese el jodido líder, muriera a manos mías para así poder quedarme con todo…

Pero lo arruinaste, Maya. Lo complicaste todo y ahora ese imbécil está haciendo millones haciéndose pasar por uno de los nuestros cuando en realidad es un maldito traidor.

¿Sabes lo que podría hacer yo con todo ese dinero? ¿Sabes lo que podría conseguir?

Sus dedos dejan ir mi cabello y, en el instante en el que mi cabeza golpea contra el piso, el mundo se difumina.

—Voy a hacérselo pagar, Maya —susurra. Esta vez, su voz suena…

extraña. Casi demencial—. Mañana por la noche, cuando llegue a este lugar, va a encontrarte muerta y, entonces, yo voy a matarlo a él.

Voy a matarlo no sin antes haberle hecho confesar, delante de todos los socios mayoritarios del negocio, que trabaja para la policía.

Voy a acabar con él y contigo, y voy a hacerlos pagar por haberlo arruinado todo para mí.

—Espero que te pudras en el infierno —digo, en ese momento, y mi voz suena lejana incluso a mis oídos, pero el odio y el coraje que hay en ella son inconfundibles.

El silencio se apodera de la estancia cuando termino de hablar y dura unos largos y tensos instantes. Tyler termina rompiéndolo con una risa amarga y cruda que me sabe amarga.

—Y yo espero que tu novio se pudra conmigo —suelta, al cabo de un rato, en un susurro ronco y profundo—. No sabes cuánto lo ansío.

Entonces, sin decir una palabra más, abandona la habitación.

No puedo dormir. Mi mente corre a toda velocidad y no puedo hacer nada más que pensar en lo que ha dicho Tyler y en los retazos de conversaciones que ha tenido con Nikolai.

Al parecer, mañana van a reunirse en este lugar todos los socios grandes del negocio de drogas en el que Harry está involucrado.

Todos ellos estarán aquí justo a tiempo para presenciar cómo mi chico de las cicatrices confiesa que todo este tiempo ha estado viéndoles la cara de idiotas.

Estarán aquí para escuchar a Harry confesar que trabaja para la policía.

Estoy al borde del colapso nervioso por eso. Mi corazón no ha dejado de latir como un loco desde que Tyler llegó y ahora mismo no puedo dejar de desear que nunca hubiese aparecido.

La desesperación ha ido en aumento y no ha cedido ni un poco.

Al contrario, ha incrementado con cada minuto que pasa.

El tiempo se ha convertido en una tortura y mi cabeza corre a toda velocidad mientras trato de encontrar la manera de advertir a Harry de que Tyler va a matarme de igual forma.

Que no tiene caso que tire por la borda todo lo que ha logrado cuando no va a hacer ninguna diferencia. Igual voy a morir…

La angustia y el terror se arremolinan en mi pecho hasta formar una masa indestructible y gigantesca que apenas me permite respirar. Que apenas me permite pensar con claridad.