Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 37 #2
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Capítulo 37 #2

—Básicamente. —Me regala un asentimiento—. En cierto modo, siempre tuvo razón: no fui capaz de mantener mi parte del trato. Al menos, no del todo. Nunca te dije a qué me dedicaba, pero sí te busqué. Sí me acerqué a ti cuando lo tenía prohibido.

—Pero fui yo quien te buscó primero —digo, porque es cierto—. Yo fui la idiota que salió corriendo a encontrarte una vez que supe que habías vuelto a la ciudad.

Una sonrisa se dibuja en los labios de Harry.

—Debo admitir que una parte de mí deseaba que te enteraras de que había vuelto —dice—. Moría de ganas de volverte a ver. Me importaba un reverendo nabo que estuviese prohibido.

Una pequeña sonrisa se apodera de mis labios.

—Casi te odié en ese entonces —admito.

—Lo sé —asiente—. Todo el mundo me odiaba en ese entonces. Llegué a pensar que tu aversión hacia mí era más grande que la de Douglas.

Una pequeña risa se me escapa.

—¿Cómo es tu relación con él ahora? —pregunto, al cabo de unos segundos—. ¿Sigue tratando de encarcelarte?

—No. Supongo que ya se dio cuenta de que no soy un mal tipo. —Hace una mueca de disculpa—. Un buen tipo que solo he tomado unas decisiones de mierda. —Se encoge de hombros y añade, después de un pequeño silencio—: No somos amigos, pero podría decirse que nuestra relación ha ido en mejora.

—Me alegra mucho —digo con una sonrisa—. De verdad.

—A mí también —dice, y me toma de la mano antes de que empecemos a subir la escalinata que da al recinto—.

Sobre todo, porque es, probablemente, la única persona que puede ayudarnos a obtener la custodia de Hayley.

El tipo es bastante bueno en lo que hace.

Podría hacer parecer inocente al más grande de los asesinos.

—¿Crees que quiera ayudarnos? —pregunto al tiempo que Harry empuja una de las puertas dobles.

—Estoy seguro de que lo hará. —Me mira y me regala un guiño—. Le agradas. Según escuché por ahí, le recuerdas a su hermana menor. Aprovechémonos un poco de eso.

Una sonrisa irritada se dibuja en mis labios.

—¿Estás insinuando que debo ir a causarle un poco de lástima para que nos ayude? —digo con fingida indignación al tiempo que nos abrimos paso por los pasillos de la comisaría.

—Algo así. —Harry ríe y lo golpeo suavemente en el brazo.

—No eres gracioso.

—Sabes que lo soy.

—No. No lo eres.

—¡Oh, vamos! Acepta que…

Alguien se aclara la garganta a nuestras espaldas y la atención de Harry y la mía se vuelca en dirección al pasillo.

Las palabras de él mueren al instante. Una punzada de satisfacción me llena las entrañas cuando mis ojos se topan de frente con la imagen de Paula, quien se encuentra de pie a pocos pasos de distancia de nosotros y nos mira a detalle.

No me pasa desapercibida la mirada fugaz que lanza hacia nuestras manos entrelazadas. Tampoco la manera en la que su expresión cambia en ese momento. Luce un tanto… ¿resignada?

—Necesito que la señorita Bassi venga conmigo —dice sin siquiera mirarme—. Debo llevarla a hablar respecto al caso de Davis.

Arqueo una ceja, porque no puedo creer que esté ignorándome deliberadamente.

—Voy a reportarme con el comandante y te alcanzamos en la oficina provisional de Schneider para que tomes su declaración —Harry responde.

—Schneider está haciendo uso de esa oficina. Nos han asignado la sala cuatro. La de los interrogatorios de la sección C —Paula dice y noto cómo él reprime un suspiro cansado.

—Ahora te alcanzamos, entonces —resuelve y se gira para seguir su camino.

—¿De verdad vas a hacer esto? —Paula pregunta cuando estoy a punto de seguir a mi chico—.

Puedes ir con Ferguson mientras llevo a Maya con la doctora Ritchie.

No vamos a tardar demasiado. Recuerda que yo también debo estar en el interrogatorio de Griffin —añade—.

Todo el mundo está impaciente y, si vas a ir con el comandante para luego volver, lo único que conseguirás será que perdamos el tiempo.

—¿Por qué tanta prisa? —Harry suena un poco irritado ahora.

—Porque Robert Griffin está histérico. Dice que Tyler va a mandar matarlo porque ya sabe dónde se encuentra. —Paula suena aburrida—. Asegura que uno de los guardias de las celdas de la delegación ha ido a amenazarlo.

—¿Sugiere que hay un encubierto de Tyler aquí?

Ella asiente.

—Ha dicho que Tyler es el protegido de Igor Poliakov y que ese hombre tiene contactos con oficiales corruptos en la estación. —Paula suena incrédula. Como si las palabras de Rob no tuvieran el peso suficiente.

Los dedos de Harry se tensan un poco en los míos, pero niega con la cabeza.

—Eso es imposible —dice—, porque entonces querría decir que Poliakov sabe que trabajo para la policía. De ser así, habría ido a buscar a Lasserre para advertirle sobre mí. Eso no tiene sentido.

—No debes olvidar que Igor Poliakov no es bien visto. Ni siquiera por los tipos que se desenvuelven en ese mundo. El tipo se hizo con su red de distribución estafando y matando a gente que no había hecho más que tenderle la mano. Nadie quiere relacionarse con alguien así.

—Por eso está ayudando a Tyler —Harry concluye—: Para demostrar que trabajo para la policía y así tener a Lasserre de su parte.

Ella se encoge de hombros.

—Es una posibilidad. —Se detiene unos instantes—. De cualquier modo, Thomas ya se ha encargado de las investigaciones de los guardias de seguridad de las celdas. Hasta ahora no ha encontrado nada, pero Griffin está como loco. No ha dejado de pedir que lo lleven a otro lugar lo más pronto posible.

Un suspiro se escapa de los labios de Harry.

—De acuerdo, entonces —dice, finalmente, y se gira para encararme—.

Iré con el comandante. Te alcanzaré en unos minutos, ¿de acuerdo?

Asiento y esbozo una sonrisa suave. Harry deposita un beso casto en mis labios para luego dirigirse a Paula.

—Empieza sin mí —dice, en su dirección—. No tardaré demasiado. Paula esboza una sonrisa forzada y asiente.

—Vamos entonces —dice, y me dedica una mirada cargada de superioridad. Yo me las arreglo para regalarle una sonrisa amarga.

—Como usted ordene, señora —respondo con sorna y siento cómo los ojos de Harry se posan en mí. Casi puedo imaginar su gesto escandalizado, pero no me importa en absoluto. No cuando Paula está mirándome como si fuese el ser más despreciable de la Tierra.

Mi vista se posa en Harry y me las arreglo para regalarle una sonrisa radiante. Él me mira con aire reprobatorio, pero no podría importarme menos.

—Te alcanzo en unos minutos —promete y vuelve a besarme. Entonces aprieta mis dedos una última vez antes de dejarme ir y encaminarse por el pasillo en la dirección contraria a la que Paula comienza a avanzar.

Tengo que dar un par de zancadas apresuradas para alcanzarla, pero, una vez que lo hago, igualo mi paso al suyo y avanzo con el mentón alzado y gesto arrogante.

No nos miramos ni una sola vez. Ni siquiera cuando nos abrimos paso hasta el pasillo que da a la entrada principal.

Avanzamos en silencio unos cuantos metros antes de que la chica se detenga y abra una puerta a pocos pasos de la recepción.

—Aquí —ordena y hace una seña para que entre a la estancia.

El lugar es casi igual a la otra sala donde fui interrogada por ella hace apenas unos días. La única diferencia es que esta es un poco más amplia y que, aquí dentro, se encuentra una mujer vestida con uniforme policíaco y otra enfundada en un elegante traje sastre.

—Maya Bassi, te presento a la psicóloga Anabel Ritchie. Ella fue la encargada de realizar la valoración de Kimberly Davis. Está aquí porque necesita hacerte unas preguntas antes de completar su reporte final —Paula habla. Es toda negocios ahora.

Su expresión, antes asqueada y molesta, ahora es neutral y calmada. Completamente profesional.

—Mucho gusto —digo al tiempo que me acerco a la mujer y extiendo mi mano para saludarla.

La psicóloga me devuelve el saludo y, con un gesto, me invita a sentarme en la silla que tiene enfrente. Así lo hago.

—Necesito hablar con usted acerca de su relación con la implicada. También necesito que me cuente si sabe de alguna clase de experiencia traumática que haya experimentado y qué clase de persona ha sido a lo largo de su relación amistosa —dice la mujer, en tono amable y sereno.

Yo, luego de unos instantes, empiezo a darle lo que quiere.

Le hablo acerca de cómo la conocí y cómo fuimos frecuentándonos hasta ser buenas amigas.

Soy sincera todo el tiempo y le hablo acerca de todo lo que tuvo que pasar gracias a mí y a la forma en la que mis problemas fueron arrastrándola hasta el punto en el que se encuentra ahora.

No trato de justificarla. Tampoco la defiendo. Solo digo la verdad acerca de todo y no puedo evitar sentirme culpable cuando me doy cuenta de todo lo que ha tenido que pasar solo por formar parte de mi entorno.

No hago nada por defenderla cuando hablo acerca del modo en el que intentaba meterse en mi vida y tomar decisiones sobre ella.

Tampoco abogo por ella cuando relato lo ocurrido en el apartamento de Harry hace un poco más de veinticuatro horas.

Simplemente soy honesta y transparente respecto a todo lo que ha pasado.

La psicóloga me escucha con atención y, de vez en cuando, hace un par de anotaciones en una pequeña libreta. Hace también unas cuantas preguntas cuando son necesarias, solo para obtener un poco de más detalles.

La mujer que se encuentra sentada frente a mí no ha dejado de mirarme a los ojos durante toda nuestra conversación y, por extraño que parezca, me siento tranquila mientras relato el desastre que ha sido mi vida durante los últimos dos años.

Paula observa en silencio desde un rincón de la estancia.

Su atención está fija en nosotras, pero no me incomoda en lo absoluto que escuche nuestra interacción.

A pesar de los roces que hemos tenido, no puedo dejar de caer en la realización de que no es una mala persona.

Es solo una chica que se enamoró y nada más.

Una chica que ha dicho y hecho cosas que podrían no hacerla sentir orgullosa, pero todo ha sido por lo que siente.