Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 34 #3
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Capítulo 34 #3

Mis manos no dejan de acariciarlo para hacerle sentir ni sea un poco de lo que él me provoca; el ritmo de las suyas aumenta, y con él, la intensidad de los sonidos suaves que se me escapan. El placer abrasador se apodera de mi cuerpo entero en ese momento y, entonces, todo estalla a mi alrededor.

La habitación se expande y se reduce al tiempo que un sonido estrangulado brota de mi garganta. El universo se deshace debajo de mí y caigo. Caigo en una espiral de sensaciones abrumadoras y placenteras.

Soy vagamente consciente de cómo se aparta de mí y se pone de pie para encaminarse hasta el buró que está junto a su cama. Apenas puedo notar cómo lucha contra algo que tiene entre los dedos para luego comenzar a trabajarlo, con manos expertas, sobre su erección.

Entonces, se acerca de nuevo y se asienta entre mis piernas lánguidas y temblorosas. Nuestros ojos se encuentran cuando se posiciona y noto cómo el deseo tiñe los suyos de tonalidades oscuras y profundas.

—Te amo tanto —susurra con la voz entrecortada y, sin darme tiempo de responder, se desliza en mi interior.

Un quejido suave se me escapa, pero no duele en lo absoluto. Ni siquiera es incómodo. Lo deseo tanto que, incluso, la sensación invasiva que siempre me asalta cuando está dentro de mí me pasa desapercibida.

Mis manos se aferran a su nuca, mi respiración es guardada dentro de mis pulmones durante unos instantes y trato de concentrarme en la forma en la que mis músculos tratan de adaptarse a su tamaño. Trato de asimilar a la abrumadora sensación que me provoca saber que está tomándome una vez más.

Su aliento sale en pequeñas exhalaciones irregulares y mis piernas temblorosas se aferran a sus caderas cuando busca la mejor posición para él.

Entonces, empieza a moverse y el mundo se convierte en un borrón.

El ritmo que impone es lento pero profundo y me encuentro alzando las caderas para encontrarle en el camino.

Pequeños gemidos se escapan de mis labios cuando se inclina hacia adelante y cambia el ángulo de sus envites.

Me aferro a él. Me aferro a su torso desnudo y dejo que envuelva sus brazos a mi alrededor para levantarme y llevarme a cuestas.

Mis piernas están aferradas a sus caderas, así que avanza con toda la confianza del mundo hasta que mi espalda choca con la madera del armario.

Una disculpa es murmurada por sus labios, pero ni siquiera me da tiempo de decirle que no me ha dolido, ya que empieza a moverse de nuevo.

Uno de sus brazos se posa en la madera detrás de mí y su mano libre se aferra a mis caderas de forma dolorosa. La tensión de sus músculos, aunada a la ferocidad de su gesto y sus movimientos desesperados, me hace saber que está a punto de llegar.

Un sonido ahogado se me escapa cuando aferra mis caderas con ambas manos y se empuja hasta que soy capaz de sentirlo con profundidad. Él gruñe en ese instante y acelera el ritmo.

Mis brazos se aferran a su cuello y mi espalda se arquea cuando el placer comienza a construirse en mi vientre una vez más. Harry deja escapar un sonido ronco y hunde la cara en mi cuello segundos antes de ponerse a temblar debajo de mí.

Mis manos se enredan en su cabello y dejo escapar su nombre entre suspiros entrecortados. Entonces, bombea con intensidad un par de veces antes de tensarse por completo y soltar un sonido gutural.

Mi cuerpo se estremece cuando siento cómo los músculos de su espalda se agarrotan y tiemblan debido a los espasmos de su orgasmo y dejo escapar el aire en bocanadas entrecortadas antes de sentir cómo se aferra a mí con intensidad.

El rostro de Harry se apoya sobre mi hombro. Su respiración es dificultosa e irregular, y aún sufre los espasmos posteriores al orgasmo, pero ya no hay tensión en su cuerpo. Ya no está esa desesperación en sus movimientos.

—Lo siento —susurra, con la voz entrecortada—. No quería ser así de bruto, es que…

—Shhh… —lo acallo—. No te atrevas a disculparte por esto —entonces, añado con voz tímida—: Me gustó.

Una pequeña risa aliviada se le escapa luego de eso y siento cómo sus labios presionan un beso en el hueso de mi hombro.

—Te amo, Maya —dice en voz baja y ronca.

—Te amo, Harry —digo y recargo mi mejilla contra su cabeza.

Harry sale de mí con mucho cuidado al cabo de unos segundos y me deposita en el suelo con suavidad. Mis piernas se sienten temblorosas e inestables, pero trato de no hacérselo notar. Me limito a observarlo retirar el preservativo de su miembro. Él suelta una risa avergonzada al notar mi escrutinio.

—No me mires así —pide, y mi rostro se enrojece ligeramente.

—Lo siento —respondo, y me aparto para encaminarme hasta la cama y dejarle trabajar en paz.

Me da la espalda ahora, pero puedo ver cómo trata de limpiar lo que su orgasmo ha dejado.

Cuando termina, se gira para encararme. Yo estoy sentada sobre el filo del colchón, sintiéndome lánguida y extrañamente cómoda.

En ese momento, su vista me recorre de pies a cabeza y una sonrisa fácil se desliza en sus labios.

—No creas, ni por un segundo, que hemos acabado, Maya Bassi —dice, y mis mejillas se calientan con rubor.

Acto seguido, se encamina hasta donde yo me encuentro.