Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 34 #2
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Capítulo 34 #2

La mano con la que sostenía la puerta se estira hacia mí en ese momento y envuelve los dedos alrededor de mi muñeca con suavidad. Temo que pueda sentir la velocidad de mi pulso mientras me sostiene. Temo que pueda escuchar el sonido de mi respiración irregular cuando me acerca hacia él.

No habla. No dice una sola palabra. Solo tira de mí para que lo acompañe al interior del reducido espacio. Sus ojos no abandonan los míos cuando suelta la toalla, y luego cierra la puerta a mis espaldas. Entonces, da un paso hacia atrás y luego otro.

Cuando su espalda choca con la puerta corrediza de la regadera, la abre y gira la llave del agua. El vapor incrementa su presencia casi al instante y mi sangre hierve de deseo. Hierve de ansiedad y nerviosismo.

Harry da un paso más cerca y nuestros pies se tocan.

Entonces, desliza una de sus manos hasta mi espalda y se deshace del broche de mi sujetador.

La prenda aún ni siquiera ha tocado el suelo cuando las bragas de algodón son deslizadas por sus manos grandes y expertas hasta que se me caen alrededor de los pies.

Mi respiración es irregular para ese momento, pero él sigue sin decir una palabra.

Sigue sin apartar sus ojos de los míos, sin dejar de mirarme con una intensidad que me eriza la piel.

Harry se adentra en la regadera y suelta una maldición cuando el agua caliente le golpea la espalda.

Entonces, me suelta unos instantes y abre el grifo del agua fría hasta templar la temperatura a su gusto.

Yo, sin esperar a que él me pida que lo haga, me introduzco dentro de la ducha y cierro la puerta corrediza para quedar aquí, en un espacio lo suficientemente pequeño como para ser incómodo, desnuda por completo frente a Harry Stevens.

El agua me golpea la espalda, los hombros, la cabeza…

La calidez del momento hace que mi piel se ponga de gallina y un suspiro se me escapa cuando Harry acorta la distancia que nos separa y envuelve sus brazos alrededor de mi cintura.

Los míos se aferran a su torso mientras el agua cae sobre nosotros y relaja los músculos de mi cuerpo.

Soy consciente de la forma en la que su piel suave se siente contra la mía. Sé perfectamente que mis pechos desnudos están pegados a su abdomen alto y que sus muslos y los míos se han entrelazado de una forma que está a punto de volarme la cabeza.

—¿Maya? —susurra, y el sonido de su voz reverbera en el reducido baño.

—¿Sí?

—Sé mi novia —pide—. Sé la mujer de mi vida. Sé mi compañera. Sé todo eso que sé que puedes ser.

Mi corazón se rompe al escuchar sus palabras. Se rompe de un modo en el que jamás se había roto… Uno dulce, cálido, maravilloso y doloroso al mismo tiempo. Uno que es capaz de derribarme y elevarme al cielo. Que es peligroso y atronador, y que podría acabar destruyéndome si se lo permito.

Mis párpados se cierran y absorbo la intensidad del sentimiento que me invade. Un suspiro se me escapa luego de eso y asiento, incapaz de confiar en mi voz.

—Quiero serlo… —susurro, con la voz entrecortada por las emociones, al cabo de un rato.

Es en ese momento que las palabras se acaban.

Que ambos nos dedicamos a aferrarnos el uno al otro debajo del chorro de agua caliente.

Los labios de Harry trazan besos dulces sobre la piel de uno de mis hombros y mis manos se deslizan por su espalda hasta llegar a sus caderas.

Sus dedos trazan figuras suaves en la piel de mi espalda baja y mis costados y, de pronto, se detiene para apoderarse de mis manos.

La confusión me invade en cuestión de un segundo, pero se va cuando toma una de ellas y la coloca con suavidad sobre su hombro, para después sostener la otra entre una de las suyas, en una posición elevada, como quien planea bailar un vals.

Entonces, sin más, comienza a balancearse con lentitud, al ritmo de una melodía que solo existe en su cabeza. Una sonrisa se desliza en mis labios y me balanceo al ritmo que impone.

Todo es difuso, dulce, brillante… Mi universo entero se ha envuelto en un halo de vapor cálido, caricias suaves, melodías inexistentes y felicidad.

Una absoluta y completa felicidad. No recuerdo haberme sentido así nunca, pero no quiero dejar de hacerlo.

No quiero dejar de sentir que el mundo es algo llevadero y tranquilo.

Harry me hace girar en un círculo antes de tararear una melodía desconocida para mí, y suelto una risita boba cuando tropiezo un poco y me atrapa entre sus brazos para besarme. El contacto es suave al principio, pero poco a poco va tomando intensidad.

Sus labios se vuelven ávidos y necesitados, y mis manos se enredan en las hebras mojadas de su cabello.

Su lengua busca la mía y me atrae aún más cerca, de modo que su abdomen y el mío están unidos por completo.

Un escalofrío me invade cuando siento cómo sus manos se deslizan hasta la curva de mi cadera y sus palmas se presionan ahí.

Entonces, mi vientre entra en contacto con el creciente bulto entre sus piernas.

Un sonido ronco y profundo se escapa de sus labios y su boca abandona la mía para trazar un camino de besos ardientes por el cuello, el hombro y la clavícula.

Mi corazón acelera su ritmo casi de inmediato y mis manos se deslizan por sus brazos fuertes antes de acariciar los costados de su torso.

Harry se agacha ligeramente y engancha sus manos en la parte posterior de mis muslos.

Entonces, mis pies dejan de tocar el suelo y mis piernas quedan envueltas alrededor de sus caderas.

Mi espalda está pegada a la baldosa fría del baño y me quedo sin aliento debido al cambio brusco de la temperatura; sin embargo, no dejo que eso me impida besarlo. No dejo que eso me impida tirar de su cabello con suavidad. Sus manos ahuecan mis pechos y yo me aferro a él para no caer.

Un gruñido particularmente intenso brota de su garganta cuando mis dientes se aferran a su labio inferior y mordisquean la piel sensible.

Pero él se aparta de mi ataque implacable solo para hundir la cara en mi cuello y besarme ahí también.

Todo es intenso, abrumador y necesitado, y quiero que me tome.

Quiero que me haga suya aquí y ahora mismo.

—Harry… —suspiro cuando pega su cuerpo al mío aún más, y él suelta un sonido ronco en respuesta.

Acto seguido, se aparta de mí en un movimiento brusco y me deja en el suelo.

La confusión me invade por completo, pero apenas me da tiempo a registrar lo que hace.

Harry se ha estirado más allá de mí para cerrar el grifo del agua y ahora abre la puerta de la ducha para tirar de mi muñeca y guiarme a toda velocidad a la habitación.

Estilamos agua por todos lados. Estamos haciendo un desastre, pero a él no le importa y a mí tampoco.

Una carcajada se me escapa cuando, una vez en la habitación, posa sus manos en mis caderas y me eleva del suelo solo para colocarme sobre la cama.

Sus movimientos desesperados y hambrientos solo hacen que mi corazón se acelere otro poco debido a la anticipación.

Harry se cierne sobre mí y, sin decir una sola palabra, comienza a besarme. A besarme en serio. Entonces, siento sus manos en todos lados. Mi aliento se atasca en la garganta cuando sus caricias desesperadas y ansiosas buscan la humedad entre mis piernas y comienzan a acariciarme.

Todo es hambriento, ávido y rápido, pero no me molesta en lo absoluto. No me incomoda. Lo único que quiero es que me tome de una vez por todas. Que alivie el dolor que ha comenzado a acumularse en mi vientre y me lleve a ese lugar al que solo él puede guiarme.

Su tacto es urgente e intenso. Del tipo que te deja sin aliento y te hace querer aferrarte a todo lo que está a tu alrededor porque sientes que vas a estallar.

Sus besos son cada vez más voraces y la erección entre sus piernas cae de forma casi dolorosa sobre mi vientre; es por eso que lo tomo entre mis dedos y bombeo con torpeza.

No estoy muy segura de qué estoy haciendo, pero a él parece gustarle, ya que sus caderas se mueven para encontrar mi toque.

Un gemido se me escapa cuando uno de sus dedos se introduce en mí y sé que no voy a poder contenerlo demasiado. Sé que voy a enloquecer si no me hace suya ahora mismo.

—Harry… —suplico, pero él no deja de hacer caricias vehementes en todo mi cuerpo.

El inevitable orgasmo comienza a construirse en mi vientre y un sonido, mitad gemido, mitad quejido, se me escapa cuando su pulgar presiona mi punto más sensible. Mi corazón late a toda velocidad. Mi cuerpo reacciona ante sus caricias y se eleva casi por voluntad propia.