Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 33 #3
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Capítulo 33 #3

Sigo sus instrucciones y tomo una inspiración profunda para aminorar el golpeteo desbocado de mi pulso. Mi vista se coloca en la silueta humana que hay al fondo de la habitación y trato de ubicar el lugar a donde voy a intentar tirar.

—Trata de darle en el hombro. —Harry parece leerme el pensamiento. Es como si le hubiese preguntado en voz alta hacia dónde debo tirar.

Tomo otra bocanada de aire y enfoco mi vista en el lugar elegido.

Entonces, posiciono el arma en el ángulo que deseo.

—No lo estudies tanto —él me reprime—. No debes perderte cada movimiento del resto de su cuerpo.

Si te concentras solo en el lugar donde vas a tirar, van a conseguir que te maten antes de que siquiera te des cuenta.

En una situación de amenaza real, el tiempo que tienes para reaccionar es de apenas un par de segundos.

No puedes darte el lujo de pensar en dónde vas a colocar tu tiro.

La frustración me invade en ese momento.

—No entiendo cuál es el punto de decirme qué lugares son menos mortales, entonces —digo, medio molesta, medio aterrorizada—. Al final de cuentas, lo que debo hacer es solo… disparar.

—Es precisamente por eso que debes practicar tanto —Harry habla—.

Debes hacerlo casi por inercia. Tus movimientos deben ir por delante de tu cabeza.

Se trata de tener instinto. Se trata de conocer de memoria los lugares para tirar y hacerlo cuando sea necesario sin perder de vista a tu atacante.

Trato de crear algo de memoria muscular en ti.

No digo nada. Solo clavo mi vista en la silueta y ubico mi objetivo lo más rápido que puedo.

Entonces, tiro del gatillo. La potencia del disparo desestabiliza mi cuerpo entero y mis brazos se mueven un poco hacia arriba.

La bala hace su trayecto hasta el blanco.

Mi visión se siente borrosa debido al cansancio y al estrés acumulado, pero eso no impide que parpadee un par de veces antes de mirar mi objetivo.

No he dado en él ni de cerca. No sé dónde diablos ha caído la bala, pero no ha sido cerca del lugar donde quería colocarla. Un suspiro irritado se me escapa al tiempo que bajo los brazos y los sacudo para evitar que se acalambren.

Los hombros me duelen, las manos me escuecen, los dedos se sienten tiesos y rígidos, y lo único que quiero es irme de aquí. Lo único que deseo es salir de este lugar y olvidar que soy un completo fiasco para esto.

—Inténtalo de nuevo —la voz de Harry llega a mis oídos en tono firme y sereno.

El coraje comienza a hacer su trabajo en mi paciencia y la frustración me llena de oscuridad los pensamientos.

—Estoy cansada —digo, en voz baja, y me giro para encararlo.

Sueno patética. Luzco patética. Sin embargo, Harry está ahí, recargado contra la pared, con los brazos cruzados sobre el pecho y una pierna acomodada sobre la otra en un gesto relajado.

—No nos iremos de aquí hasta que te acerques a tu blanco —dice, con tranquilidad, y quiero lanzar la pistola contra su cara.

—No he podido darle en todo el día. —Sueno molesta ahora. No puedo esconder más el enojo que me invade.

Él asiente.

—Es por eso que no vamos a irnos hasta que dispares dentro del objetivo —dice—. Y asegúrate de no asesinar a tu blanco, por favor.

Aprieto la mandíbula.

—Soy un fracaso para esto —digo, con la voz entrecortada por las emociones—. No puedo hacerlo. No…

—No estoy preguntándote si puedes hacerlo o no, Maya —Harry me interrumpe—. Tienes que lograrlo. No es una opción.

Niego con la cabeza y siento cómo las lágrimas se acumulan en mi mirada.

Estoy furiosa. Furiosa conmigo misma por no poder hacer esto bien.

Furiosa con Harry por no darse por vencido conmigo e insistir en que lo haga.

Furiosa con ese estúpido blanco y esta estúpida pistola, que no hacen más que destrozar la poca confianza que tenía en mí misma.

«¿Cómo diablos es que no puedo ni siquiera hacer esto bien? ».

—Quiero irme ya. —Mi voz es un sonido ronco y resquebrajado—. Por favor.

—No te atrevas a llorar, Maya. —La dureza en su voz solo me hiere un poco más—. No estás siendo torturada de ningún modo. No hay motivo alguno para que llores.

—Vete a la mierda —escupo, porque me siento herida.

—Con gusto —espeta de vuelta—. Una vez que le des al puto blanco.

En ese momento le pongo el seguro al arma que tengo entre los dedos y avanzo a pasos furiosos hasta una de las mesas para lanzarla lejos de mi agarre. Entonces, retiro los protectores de mis oídos y mis ojos y me encamino hacia la salida.

Ni siquiera logro llegar a la puerta doble, ya que un brazo se envuelve alrededor de mi cintura con brusquedad. Un gruñido de frustración se me escapa cuando soy levantada del suelo y llevada de vuelta al cubículo donde me encontraba.

—¡Suéltame! —digo en un gemido enfurecido.

Él me deja ir una vez me tiene acorralada en la pequeña jaula de tiro y me obstruye el paso para evitar que intente marcharme de nuevo. Su expresión ha pasado de ser tranquila a enojada en cuestión de segundos.

—¡Vas a tirar una vez más, y más te vale dejar esa actitud de mierda! — suelta e inclina su rostro hacia el mío, de modo que lo único que puedo ver son sus ojos.

Sé que trata de intimidarme.

—¡Voy a tirar y un carajo! —escupo y él aprieta la mandíbula.

—¡Deja de comportarte como si tuvieses cinco años!

—¡Deja de ser un idiota y déjame ir! ¡Ya viste que no puedo hacer esto! ¡Soy un asco!

Harry me ignora por completo y va por el arma y los protectores. Yo no dejo de protestar mientras camina. No dejo de pedirle que me lleve a casa y se olvide de esta terrible idea.

—¡Deja de quejarte y dispara de una maldita vez! —Su voz truena al tiempo que empuja el arma contra mi pecho. El tono que utiliza abre una brecha profunda en mi pecho y el dolor se apodera de todo mi ser.

—¡No me grites! —escupo de vuelta y, antes de que pueda decir nada más, tomo la pistola entre mis dedos, giro sobre los talones y retiro el seguro del arma.

Echo un vistazo fugaz al blanco en ese momento y, entonces, tiro del gatillo hasta que todas las balas que había en la recámara han sido utilizadas.

Para ese momento hay lágrimas en mis mejillas.

Mi visión se ha nublado debido al llanto, pero eso no impide que me gire para marcharme.

No impide que suelte una maldición en dirección a Harry y me eche a andar hacia la puerta.

En ese instante una mano se envuelve en mi brazo para impedir que me vaya.

Estoy a punto de gritarle que me suelte cuando noto cómo su mirada está fija en un punto a mis espaldas. Entonces miro hacia donde él lo hace y alma se me cae a los pies cuando veo que hay tres agujeros en la silueta al fondo de la habitación.

—¿Le di? —Mi voz es apenas un susurro asombrado. A pesar de que sé que había seis balas en esa pistola, haberle dado tres se siente como el más grande de los logros.

—Le diste —él confirma, y el triunfo se abre paso por encima todas las sensaciones negativas de hace unos instantes.

Una risa aliviada se me escapa y Harry también ríe mientras que su atención en mí.

—¿Ves? —dice—. ¿Qué diablos te costaba hacer eso?

Niego, aún herida por la actitud que tuvo hace unos momentos.

—Eres un idiota —digo, y mi voz se quiebra un poco mientras hablo.

—¿Estás enojada conmigo? —Su voz es un susurro ronco e incrédulo.

Yo no respondo. Me limito a liberarme de su agarre y apresurar mis pasos fuera de la sala de tiro.