Capítulo 28 #3
—¿Qué ha pasado? Ha pasado que has venido. Aún en contra de las órdenes que recibiste. —Thomas sacude la cabeza—. ¿Qué diablos haces, Stevens? El comandante va a matarte si se entera de que has venido.
—¡Tú tienes la puta culpa! —Harry suena realmente molesto—. ¡¿Por qué demonios llamas para decirme que ha pasado algo si no querías tenerme aquí, hijo de puta?!
—Harry… —Trato de tranquilizarlo, pero la risita que suelta Jeremiah solo hace que el gesto del chico furioso frente a mí se endurezca.
Mi vista se posa en mi amigo y le dedico una mirada furibunda antes de volver mi atención hacia Harry.
—Estoy bien —aseguro—. No estaba en casa cuando ocurrió. Cuando llegué, él se había ido.
Harry sabe que hablo de Tyler. Lo sé por la forma en la que su expresión se ensombrece. En ese momento, sus ojos enfurecidos se posan en mí y su mandíbula se tensa.
—Voy a matarlo —dice entre dientes y posa su vista en un punto en la pared. Su mirada está un tanto ausente, pero toda su anatomía irradia violencia y coraje—. Voy a encargarme de hacerle pagar toda esta puta mierda. Estoy harto de él. Estoy hasta el jodido culo de sus idioteces.
Jamás lo había escuchado así de alterado y, por extraño que parezca, me parece un tanto… dulce. Mis manos se posan en su cuello y sus mejillas para atraer su atención de vuelta hacia mí.
—Debes ir a casa a descansar —digo, con lentitud.
Las aletas de su nariz se dilatan con la inspiración profunda que toma y noto cómo un músculo salta en su mandíbula.
—No voy a ir a ningún lado, Maya —dice y la irritación se apodera de mi cuerpo.
—Deja de comportarte como si tuvieses cinco años y ve a descansar.
—No puedes quedarte aquí —ignora mi comentario—. ¿Dónde vas a pasar la noche?
—Me quedaré en casa de Jeremiah unos días.
—No —espeta.
—¿Perdón?
—No voy a dejar que vayas a casa de Jeremiah. De ninguna jodida manera. Vas a ir a casa conmigo.
Una risa medio incrédula y medio irritada se me escapa.
—Estás bromeando, ¿no es así?
La expresión seria y determinada de Harry hace que mi gesto incrédulo se arraigue con más fuerza.
—No voy a estar tranquilo si no estás cerca —dice.
—¿Y qué te hace pensar que voy a hacer lo que tú quieres? —Sueno más dura de lo que pretendo—. Lo que pasó la última vez no te da ningún derecho sobre mí.
—Lo que pasó la última vez no tiene nada que ver con esto —espeta—. Se trata de tu maldita seguridad. Si la policía no hace su puto trabajo y no te pone bajo protección de testigos entonces me aseguraré de protegerte yo mismo.
—Harry, al comandante no le va a gustar esto —Thomas advierte.
—Me importa un kilo de mierda lo que le guste al comandante.
Otra risa ahogada brota de la garganta de Jeremiah y, esta vez, son Thomas y Harry quienes lo miran con gesto fastidiado.
—Voy a ir a casa de Jeremiah, Harry —digo para volver al tema inicial de la conversación.
—Sobre mi cadáver, Maya Bassi —él dice y se cruza de brazos.
—¡Voy a estar a salvo ahí! —objeto, irritada.
—¡Voy a volverme loco si algo te ocurre!
—escupe de vuelta—. ¡¿Es que no te cabe en la cabeza?
! ¡¿Es muy difícil entender que me enferma la idea de saber que el imbécil de Tyler está cazándote?
! ¡No me importa si lo que ocurrió entre nosotros la última vez fue una puta despedida!
¡Aún me preocupo por ti, con un demonio!
¡Aún lo hago y no voy a permitir que te expongas al peligro cuando puedo cuidar de ti!
—La mirada de toda la gente en el pasillo está puesta en nosotros—.
¡Ahora, hazlo fácil para mí y pon tu maldito culo en el asiento de mi coche o te juro por Dios que voy a montar guardia afuera de la casa de tu amigo hasta que vengas conmigo!
—No puedo creerlo —suelto, en un bufido ronco—. ¿De verdad esperas que vaya contigo, así como así?
—No está a discusión, Maya. Voy a llevarte así sea como un maldito saco de patatas —como para probar su punto se inclina hacia mí y envuelve un brazo en mi cintura para levantarme del suelo.
La alarma se enciende en mi sistema y la preocupación me invade en un abrir y cerrar de ojos.
—¡De acuerdo! —chillo—. ¡Está bien! ¡Tú ganas! ¡Ni se te ocurra cargarme! ¡Tú ganas!
Él desenreda su brazo de mi torso y clava sus ojos en los míos. Su mirada dura y enojada me estudia con detenimiento, pero no me dejo amedrentar. No dejo que la fuerza que emana me haga pequeña e indefensa.
Pasan unos instantes antes de que me atreva a apartar la vista, pero, cuando lo hago, vuelco mi atención hacia Jeremiah y Thomas.
—¿Puedo irme ya? —pregunto, en dirección al detective. Él asiente, medio inseguro de qué decir.
—Bien —digo con dureza y encaro a Jeremiah—: Llámame una vez que estés en casa, ¿de acuerdo?
—Cuenta con ello —dice y esboza una sonrisa. Hay algo en su mirada que me hace querer golpearlo en la cara. No se necesita ser un genio para saber que está burlándose de mí. Se burla del hecho de que Harry ha conseguido lo que quería.
Trato de no hacer caso a su sonrisa sugerente y me giro para encarar a Harry.
—Voy a buscar mis cosas —anuncio, con aire enojado pero ceremonioso, y me echo a andar hacia el interior del apartamento.