Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 27 #3
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Capítulo 27 #3

Va a tomarme. Va a ocurrir de nuevo y lo deseo con cada fibra de mi ser.

Va a hacerme suya de nuevo y a reclamarme como tal, porque nunca he dejado de serlo.

Porque le pertenezco. De pies a cabeza. En cuerpo y alma.

Cada parte de mí es suya y cada parte de él es mía.

Lo sé por la reverencia anhelante con la que me observa.

Lo sé porque sus ojos están bañados de una adoración que no merezco.

De un amor antiguo. Ancestral. Uno que acabó con nosotros, nos hizo añicos y está dispuesto a destruirnos de nuevo.

—Eres la mujer más hermosa que existe, Maya —dice, en un susurro ronco y profundo y, por un momento, lo creo. Por un momento, tengo la certeza de ello.

—Hazme el amor, Harry —pido, con la voz entrecortada por las emociones, y él se coloca sobre mí.

Sus ojos quedan a la altura de los míos y mi cuerpo entero se estremece ante el contacto directo de su piel cálida contra la mía. Mi respiración es cada vez más agitada y desigual, pero no tengo miedo. No estoy nerviosa. Quiero esto. Con cada célula de mi cuerpo.

Se coloca con cuidado sobre mí y siento el peso de su miembro muy cerca de la ingle; pero, cuando creo que va a tomarme, besa mis pómulos. El gesto dulce y delicado me saca de balance y lo miro, medio sorprendida.

Él se eleva un poco más para besar mis párpados. Mis ojos siguen cerrados cuando un beso tímido es depositado en mi frente y un suspiro se me escapa cuando besa la punta de mi nariz.

Varios besos pequeños, como de mariposa, son desperdigados por toda mi cara y, cuando no hay un lugar que no haya sido cubierto por sus labios, desciende.

Sus labios están en cada rincón de mi cuerpo, como si tratara de asegurarse de que cada rincón de mí le pertenece.

Y yo dejo que lo haga. Dejo que los besos se alarguen y me lleven al borde de la desesperación.

Cuando sus labios rozan la piel de mi tobillo izquierdo me mira a los ojos; y sé, tan pronto como su mirada y la mía se encuentran, que ha hecho esto para marcarme como suya.

Que ha besado cada rincón de mi cuerpo para no permitirme olvidar que él es y siempre será el primer hombre que exploró cada poro de mi piel.

Que es y siempre será el único hombre al que he amado.

Sin decir una palabra, Harry se desliza hasta asentarse entre mis piernas una vez más. Nuestros ojos están clavados en los del otro y mis brazos se han enredado alrededor de su cuello para que no se aparte una vez más.

El peso de su miembro descansa sobre mi vientre para ese momento.

—Debo ir a buscar algo de protección —masculla, pero envuelvo mis piernas alrededor de sus caderas para impedir que se marche.

—Está bien —asiento, pero estoy aterrorizada de lo que diré en voz alta—. Tomaré la píldora.

—Maya, no es bueno que tomes esas cosas. —Niega con la cabeza—. Son malas para… —Mis labios se unen a los suyos en un beso urgente y profundo.

Un gruñido retumba en su pecho cuando mi mano se desliza entre nuestros cuerpos y la envuelvo a su alrededor. Harry rompe nuestro beso con brusquedad y posa su frente en la mía. Un jadeo entrecortado se le escapa cuando lo acaricio y aprieta la mandíbula.

—Maya… —dice, con la voz entrecortada, y yo, sin darle tiempo de nada, lo coloco en mi entrada. El sonido gutural que escapa de la boca de Harry es casi tan asombroso como la imagen devastadora que tengo sobre mí.

Luce como un ángel torturado. Luce como una escultura digna de toda mi atención. Su cabello se derrama hacia enfrente como una cortina sobre nosotros y los músculos tensos de sus brazos tiemblan debido a la forma en la que lucha contra sus impulsos.

Sus ojos color esmeralda están fijos en los míos y sus labios, enrojecidos y entreabiertos, me invitan a besarlo. Poco a poco, paso a paso, parece rendirse a mis caricias, ya que sus caderas se deslizan hacia adelante con lentitud; y lo siento abrirse paso a través de mis músculos tensos.

La sensación invasiva me nubla la vista y tomo una inspiración profunda cuando se introduce en mí a paso lento. Un sonido ahogado se me escapa cuando entra por completo y mis piernas tiemblan. Es demasiado grande. Es demasiado abrumador…

—¡Dios! —digo, con voz ahogada y empequeñecida por la sensación extraña dentro de mí; pero él no me da tiempo de procesar nada. No me da tiempo de asimilarlo, porque ya ha comenzado a moverse.

Al principio, todo se siente incómodo; pero, conforme pasa el tiempo, la incomodidad abre paso a algo diferente; fuera de lo común y familiar al mismo tiempo. Algo que solo había sentido entre sus brazos.

Sus envites son suaves pero profundos; lentos, pero maravillosos; y, cuando menos lo espero, me encuentro alzando las caderas para encontrar las suyas en el camino.

El único sonido que es capaz de percibirse aquí dentro es el choque de sus caderas contra las mías y el sonido de nuestras respiraciones agitadas.

El nudo de tensión que había antes en mi vientre vuelve poco a poco y, cuando Harry alza las piernas hasta que mis rodillas se apoyan contra mi pecho un gemido se me escapa.

En ese instante, los labios de Harry atrapan los míos.

Su cuerpo entero carga sobre mí y la profundidad con la que entra en esta posición en mí me hace ahogar varios quejidos.

No duele. No es desagradable. Es abrumador, extraño, invasivo… excitante. Es placer crudo, puro y desesperado. Es contención y liberación al mismo tiempo. Es tormenta y paz. Es la combinación de lo incombinable. El frío y el calor fundiéndose hasta convertirse en algo irreconocible y demoledor.

El nudo en mi abdomen es cada vez más grande y la fricción provocada por los movimientos de Harry solo hace que la sangre me zumbe por todo el cuerpo, como si fuese agua corriendo montaña abajo.

No puedo más. Voy a estallar. Voy a deshacerme aquí y nadie va a poder evitarlo…

—Ha-Harry —Mi voz es un jadeo ahogado, débil, tembloroso y suplicante.

En ese momento, él acelera su ritmo. Mi espalda se eleva del colchón casi por voluntad propia y aferro mis brazos alrededor de sus hombros. Él envuelve un brazo alrededor de mi cintura para cambiar la velocidad y el ángulo de nuestro encuentro.

Gemidos y quejidos suaves e incontenibles brotan de mis labios, así que hundo el rostro en el hueco de su cuello, para absorber el aroma de su piel y amortiguar el sonido desesperado de mi voz.

Un gruñido retumba en la garganta de Harry y sus movimientos se vuelven salvajes.

Frenéticos. Desesperados… Un grito se construye en mi garganta, mi corazón es una bola de fuego que clama por ser alimentada, mis manos son garras clavadas en la piel de Harry y mi cuerpo es suyo.

Suyo completamente para aferrarse con toda la fuerza de sus brazos.

No puedo soportarlo. No puedo más. Mi cuerpo entero se estremece y se convulsiona y, entonces, ocurre…

El estallido es tan intenso que mi cuerpo entero se arquea hacia atrás.

Mis labios se abren en un grito silencioso y el placer abrasador arrasa con absolutamente todo.

Me hace añicos y me destroza por completo.

Harry gruñe casi al momento en el que comienzo a bajar a la tierra una vez más, y siento cómo sale de mí y se derrama sobre mi vientre desnudo. La calidez húmeda cae sobre mi estómago, pero no es desagradable. No cuando aún sufro las secuelas del orgasmo demoledor que acabo de experimentar.

Quiero decir algo, lo que sea, pero no puedo ni siquiera alzar la vista. No puedo hacer otra cosa que no sea mirar a Harry a los ojos y observar cómo su rostro se contorsiona en una mueca de puro placer.

Finalmente, su cuerpo cae sobre el mío y soy capaz de sentir el golpeteo intenso de su pulso justo sobre mi pecho.

Sé que es probable que mañana me arrepienta de esto; pero, por esta noche, solo quiero olvidar.

Solo quiero que Harry me tome y me reclame como suya las veces que sean necesarias.

Solo quiero hacer como si el mundo de cosas que nos pasaron nunca hubiese existido…

Con este pensamiento en mi cabeza, aferro mis dedos al cabello sudoroso de Harry, antes de susurrar:

—Házmelo de nuevo.

Una risa ronca brota de los labios del chico que yace sobre mí, pero no dice nada. Se limita a dejarse caer sobre el colchón en una posición recostada.

—Ven aquí, pequeña —dice, casi sin aliento.

Me toma unos instantes procesar lo que ha dicho, pero, cuando lo hago, no pierdo el tiempo. Me apresuro a colocarme sobre sus caderas a horcajadas.

Un sonido ronco en señal de aprobación brota de sus labios y, acto seguido, vuelve a besarme.