Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

La tinta en su cuerpo abarca más espacio que antes y los músculos que se tensan debajo de su piel lucen más firmes de lo que recuerdo, pero su tez sigue siendo tan clara como el papel.

Las cicatrices de su abdomen —esas que muestran el lugar en el que fue apuñalado por la misma persona que le hizo las marcas de la cara— apenas son visibles con la tenue iluminación proyectada por la lámpara de noche. Esa que se encuentra sobre el buró junto a su cama.

Mis ojos barren la extensión de su pecho desnudo una vez más antes de clavarse en los suyos. Hay duda y expectación en ellos.

—¿Estás segura de esto? —pregunta, con la voz enronquecida.

Yo asiento porque sé que mi voz sonará débil y asustada, y no quiero que piense que no deseo que esto pase. Es por eso que, sin decir nada más, se inclina hacia adelante y me besa de nuevo.

Su cabello cae como una cortina sobre nosotros y sus brazos sostienen el peso de su cuerpo para no aplastarme. Yo, sin embargo, tiro de él, de modo que él cede y se recuesta sobre mí.

Los besos son cada vez más urgentes y desesperados.

Saquean, reclaman y se llevan todo aquello que durante tanto tiempo nos negamos, y nos reducen a esto…

A fuego demoledor, abrasador y destructivo.

A un huracán que ha acabado con todo a su paso y que aún tiene fuerzas para continuar.

A un monstruo de sentimientos encontrados, anhelos reprimidos y destinos separados por la crueldad de las circunstancias.

Harry toma todo lo que es suyo de mi boca, porque no hay nadie que se lo impida y porque quiero que lo haga.

Quiero que se lo lleve absolutamente todo; que me deje hecha un cascarón vacío, sin nada más que paredes huecas y carentes de emociones.

Quiero que se lleve el rencor que sentí por él, el resentimiento, el veneno que se cocía a fuego lento en mi interior debido a su partida.

Quiero que se lleve todo ese dolor que sentí con su ausencia, porque no quiero aborrecerlo más. Estoy cansada de hacerlo…

Sus manos me recorren de pies a cabeza por encima de la ropa y me ponen a temblar.

Sus dedos frotan mis pechos por encima del material de la prenda que llevo puesta, y mi espalda se arquea solo porque quiero sentirlo más cerca.

Quiero que se deshaga de todos los obstáculos que nos impiden sentirnos y me toque como solo él sabe hacerlo.

Que me haga el amor como antes y que podamos fingir que el tiempo no ha pasado.

Que aún soy la chica que compartía un apartamento con él.

Esa que nunca supo cómo amarlo como se merecía pero que moría por estar a su lado.

Sus labios están en todos lados: en mi boca, en mi cuello, en mis clavículas, en la piel que ha quedado descubierta en mi hombro, en mis orejas, en mi mandíbula…

Sus dientes raspan y se deslizan al compás de nuestros besos desesperados y no soy capaz de pensar.

No puedo razonar. No soy nada más que un montón de sensaciones y terminaciones nerviosas.

Un sonido ahogado brota de mi garganta cuando sus dedos viajan peligrosamente cerca del borde de mis vaqueros y él abandona los besos urgentes para reír a regañadientes contra mi piel.

La confusión se arraiga en mi sistema y lo miro como si fuese el ser más extraño del planeta. Él ahoga una carcajada.

—¿Qué? —digo en un resuello.

—Mi madre está al final del pasillo —dice, en medio de un sonido ahogado, y es mi turno de reír con vergüenza. Me cubro el rostro con las manos y reprimo un bufido apenado antes de intentar apartarme.

Él gruñe en reticencia y hunde la cara en el hueco de mi cuello para lamer la piel sensibilizada. No ha dejado de reír a pesar de lo que me hace.

—¡Harry! —susurro y lo empujo para apartarlo, pero él desliza sus manos por debajo del material de mi blusa para acariciar la piel caliente de mis costados—. ¡Dijiste que te dolía el cuerpo entero!

—Ya no. —Su voz es un susurro ronco y hosco, y río aún más.

—Vas a lastimarte —me quejo.

Él, sin escucharme, se aparta de mí para alzar el material que me cubre hasta casi arrancarlo por encima de mi cabeza.

—Voy a lastimarme y una mierda. —Trata de sonar irritado, pero solo consigue arrancarme una sonrisa más grande.

Estoy a punto de quejarme del modo descuidado en el que se mueve cuando sus labios roban un beso feroz de los míos. Sus dedos largos trazan caricias suaves en la piel de mi abdomen y se deslizan hacia arriba, hasta ahuecar uno de mis pechos.

El tamaño de su mano es inmenso en comparación al pequeño montículo que hay debajo de ella y me siento avergonzada por eso.

Su boca abandona la mía al tiempo que su mano libre se desliza debajo de mi cuerpo y deshace el broche de mi sujetador de un movimiento rápido. Mi corazón se salta un latido cuando lo retira y me quedo sin aliento cuando, sin perder un segundo, se apodera de ellos con las manos.

Un sonido estrangulado me asalta y me muerdo la lengua para ahogarlo.

La respiración agitada que emana de su boca me pone la piel de gallina, y aferro mis dedos a su cabello cuando su piel y la mía entran en contacto.

Sus brazos se envuelven alrededor de mi cintura y un estremecimiento me recorre solo porque el contacto de su piel contra la mía es abrumador.

Acto seguido, nos hace girar, de modo que queda posicionado justo debajo de mí. Una mueca adolorida es captada por el rabillo de mi ojo y la alarma se enciende en mi sistema con tanta rapidez que me aparto como si un resorte hubiese tirado de mí.

—¿Estás bien? —Mi voz es un susurro aterrorizado.

—Tranquila —dice al tiempo que saca mi sujetador por debajo de su cuerpo—, se me ha enterrado la varilla de esta cosa en la espalda.

Una mezcla de alivio y diversión se arremolina en mi sistema y tengo que reprimir la carcajada que amenaza con abandonarme.

Yo apoyo la frente sobre su pecho desnudo luego de eso.

Sus manos trazan patrones dulces en la piel de mi espalda y noto cómo su cuerpo entero se mueve al compás de una risa silenciosa.

—Esto es un jodido desastre —murmura, pero suena encantado.

—Debería irme y dejarte descansar… —respondo, en voz baja.

—Deberías venir aquí y besarme.

Alzo la cara y me encuentro con un ángulo nada agraciado en su rostro.

—Parece que tienes dos barbillas desde aquí —bromeo y ahora no lo contiene. Ríe a carcajadas sin que pueda evitarlo.

Yo me estiro para besarlo. Él apenas puede cerrar la boca para recibir mi contacto, ya que no puede dejar de reír como si hubiese hecho la mejor broma de la historia. Mi pecho se calienta gracias a eso.

—Tenía mucho tiempo sin reír así —dice, una vez superado el momento, y me dedica una mirada juguetona antes de deslizar sus manos por mi espalda hasta ahuecar mi trasero por encima de mis pantalones.

Un sonido similar al de un chillido brota de mis labios y él aprieta un poco más cuando lucho por liberarme de su contacto.

Me dejo caer al costado de la cama, pero no me deja ir.

Aprovecha el momento y vuelve a besarme.

Sus labios son cada vez más exigentes y ávidos; sus manos son cada vez más inquietas y mi corazón late con más fuerza que antes.

Una estela de besos es dibujada desde mi boca hasta mis clavículas y, de pronto, me encuentro de nuevo debajo de su peso mientras él explora a besos zonas peligrosas.

Mi aliento se atasca en la garganta cuando sus labios se cierran alrededor de uno de mis pechos y mi cuerpo se arquea hacia él casi por voluntad propia.

Sus manos deshacen el botón de mis vaqueros y siento cómo tira del material al tiempo que pasa su atención hacia el otro pecho.

Una oleada estremecedora de placer estalla en mi cuerpo y ahogo un sonido cuando su lengua se desliza por mi piel sensible.

Tengo que morderme el labio inferior cuando sus pulgares se enganchan sobre el material de mis bragas. Sus besos descienden y mi ropa interior lo hace también. Viaja por mis muslos hasta llegar a las rodillas para después llegar a los tobillos y, finalmente, acabar en el suelo.

Entonces, sin darme tiempo de procesar nada, me besa ahí…

Mi cuerpo entero se tensa en el instante en el que su lengua hace contacto con mi punto más sensible.

Un gemido suave brota de mi garganta y siento cómo mis caderas se alzan.

Los dedos de Harry se clavan en la piel de mis muslos y me sostiene en el lugar mientras mi cuerpo convulsiona debido al intenso placer que se detona en todas y cada una de mis terminaciones nerviosas.

Todo el humor previo se ha esfumado. No hay más risas, ni bromas torpes, ni sonrisas idiotas. Solo está él y el estallido del universo a mi alrededor.

Mis dedos se aferran a su cabello y no sé si quiero apartarlo o acercarlo, lo único que sé es que no puedo pensar en nada que no sea en la forma en la que me siento en este momento.

Quiero gritar. Quiero dejar escapar la presión que se ha acumulado dentro de mi pecho, porque caigo en picada y ya no hay nada que me detenga.

Siento que mi mundo empieza y termina en la forma en la que me toca. En la forma en la que me besa…

La presión se desliza poco a poco y forma una bola en mi vientre.

Una oleada de placer desesperado y ansioso de libertad me recorre el cuerpo y no puedo contener un sonido ahogado que se escapa de mis labios.

En ese instante me cubro la boca con una mano y echo la cabeza hacia atrás porque es insoportable; porque mi cuerpo entero exige una liberación y con cada segundo que pasa me siento más y más pesada.

Mis muslos tiemblan, mi corazón ruge contra mis costillas, mis caderas traicioneras se mueven al ritmo que marcan las caricias de Harry y, de pronto, me siento calurosa y ansiosa. Hacía tanto tiempo que no me sentía de este modo…

Un sonido frustrado es arrancado de mi garganta cuando Harry abandona su tarea y se incorpora para deshacer el botón de sus vaqueros. Mi vista, nublada y empañada, observa cómo se deshace de sus pantalones y la ropa interior, para quedar cuan glorioso es frente a mis ojos.