Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

Así pues, ese es el motivo por el cual me encuentro aquí ahora, a la espera del chico terco y testarudo que no soporta estar confinado a una cama de hospital por más de tres días seguidos.

Todo el mundo, incluyéndome, le insistió una y otra vez que debía esperar un poco más, que no iba a haber otro lugar en el que recibiera mejores atenciones que aquí; pero no pudimos convencerlo de quedarse.

Después de discutir mucho con él, Anne decidió tomar una vía alternativa al decir que ella misma cuidaría de él.

Al parecer, se instalará en el apartamento de Harry hasta que se recupere y se asegurará de que cumpla el plazo dictado por el médico antes de volver al hospital a una última revisión para determinar si puede o no dejar el reposo.

Al cabo de media hora de espera, soy capaz de visualizar la figura de una enfermera que empuja una silla de ruedas.

El inconfundible cabello largo de Harry es lo primero que reconozco cuando lo veo y, a medida que se acercan, soy capaz de notar que viste unos pantalones deportivos, una playera blanca y unas Converse blancas.

Anne viene justo detrás de ellos y lleva una bolsa entre los dedos donde, asumo, vienen las pocas pertenencias que Harry consiguió que le trajeran en estos días: libros, películas en DVD y cómics.

A la mitad del pasillo, se encuentran Tom y Paula. Ambos miran en dirección al chico de las cicatrices, así que no puedo verles la cara; pero no hace falta hacerlo para saber que están bastante aliviados por la recuperación de su compañero.

Harry sonríe ligeramente cuando Tom se interpone en su camino y lo obliga a levantarse para darle un abrazo fraternal. Paula también lo envuelve entre sus brazos a manera de saludo y trato de suprimir la horrible quemazón que se instala en mi pecho cuando lo hace.

Ambos policías avanzan junto con la enfermera, Anne y Harry en dirección a donde Emma y yo nos encontramos, y me pongo de pie una vez que están lo suficientemente cerca como para notarnos. Lo primero que hace Anne al mirarme es acercarse a besar mi mejilla y abrazarme.

—Gracias por preocuparte tanto por él —murmura contra mi oreja y acaricia mi mejilla cuando se aparta para mirarme a los ojos. Una sonrisa maternal se dibuja en sus labios y le sonrío de vuelta.

Mi atención se posa en el chico en silla de ruedas que me mira con ansiedad y nerviosismo.

No hemos hablado demasiado después de que despertara.

Tampoco es como si hubiésemos tenido mucho tiempo para hacerlo.

Entre el ir y venir de los médicos, Anne, Luke, Tom y Paula apenas si hemos podido cruzar alguna palabra.

Una sonrisa tensa se dibuja en mis labios cuando nuestros ojos se encuentran y él me devuelve el gesto.

—Creí que no vendrías —dice y suena aliviado.

—¿Cómo no iba a hacerlo? —Trato de sonar casual y fresca cuando hablo, pero no lo consigo del todo—. Tengo que asegurarme de que no cometas otra locura, como ir a trabajar sin utilizar un chaleco antibalas, por ejemplo, y llegues sano y salvo a casa.

Él estira su mano desde la silla y envuelve sus dedos fríos en los míos antes de tirar de mí en su dirección. Mis pasos son lentos y dubitativos, pero él hala con más insistencia y se lo pongo fácil. Me acuclillo delante de él.

—Vas a asegurarte de hacerme llegar sano y salvo, pero ¿quién va a asegurarse de que tú lo hagas también? ¿Quién se asegura de que Tyler no te toque un jodido cabello? —susurra cuando me tiene frente a frente. Su gesto amable de hace unos instantes se ha transformado en uno serio y preocupado.

Me las arreglo para sonreír un poco.

—No necesito que nadie me cuide. —Le guiño un ojo y aprieto su mano en un gesto conciliador—. Alguien me dijo una vez que era la persona más fuerte que había conocido en su vida. Estoy intentando hacer acopio de esa fuerza.

Sus ojos se llenan de una emoción intensa y abrumadora antes de tirar de mí más cerca y envolverme entre sus brazos; de modo que ahora estoy arrodillada delante de él.

—No sabes cuánto me alegra saber que estás bien —susurra, con su voz ronca y arrastrada—. No sabes cuánto me alivia que sepas la verdad. Sé que aún hay cosas que aclarar, pero estoy dispuesto a contártelo todo ahora mismo si tú me lo permites.

—Ya habrá tiempo para eso, Harry —digo, y trato de ignorar el nudo que comienza a formarse en mi estómago.

—No quiero perder más tiempo, Maya. —Su abrazo se intensifica—. Nunca más.

Mis ojos se cierran.

—Es hora de irnos —murmuro, con un hilo de voz, y me aparto para mirarlo al tiempo que esbozo una sonrisa que me sabe dolorosa.

Él traga duro al tiempo que estudia mis facciones.

—¿Vas a quedarte en casa esta noche? —pregunta, pero suena más como una petición.

—Mañana debo ir a trabajar temprano —me escudo débilmente.

—Por favor, Maya —pide—. Quédate. Tengo mucho que contarte. Mi corazón parece saltarse un latido con su gesto suplicante.

—No lo sé, Harry, no creo que sea conveniente. Además…

—Por favor —ruega, y quiero golpearlo por sonar así de angustiado.

Es en ese momento cuando me digo a mí misma que solo será una vez más. Que voy a intentar arreglar mi desastrosa existencia una vez que Harry haya dicho todo lo que tiene que decir, y es entonces que me armo de valor para mirarlo a los ojos.

—De acuerdo —digo, finalmente, y él esboza un gesto aliviado—. Solo esta noche.