Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 25 #2
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Capítulo 25 #2

Siento cómo sus dedos aferran el material de mi suéter dentro de sus puños. Un sonido estrangulado brota de sus labios y recargo mi mejilla en su cabello para consolarlo todavía más.

—Shhh… —digo, en voz tan baja que apenas puedo escucharme a mí misma—. Está bien, Harry. Todo está bien.

—No lo está.

—Sí lo está. Estás aquí, sano y salvo.

—Will está muerto.

El dolor que se filtra en sus palabras me quema el pecho, pero me obligo a mantener el control de mí misma.

—Quien lo mató está pagando por ello. —Mi voz suena ahogada y ronca.

—Eso no lo traerá de vuelta. —Su voz se tiñe de algo oscuro y desesperado, pero trato de ignorar la sensación preocupante que eso me trae.

—Lo sé… —admito, con un hilo de voz.

—Soy un inútil. —Se aparta de mí con brusquedad al tiempo que se cubre el rostro con las palmas—. ¡Soy un jodido inútil de puta mierda!

—No digas eso, por favor —suplico, con la voz entrecortada.

—¡Maldita sea! ¡Soy un estúpido!

—Harry, no te hagas esto a ti mismo.

—¡No puedo hacer una sola cosa bien! ¡Está muerto por mi condenada culpa!

—No es así, Harry. —Trato de alcanzarlo, pero él se aparta.

—¡Soy una basura! ¡Soy…! —Su voz se quiebra, impidiéndole terminar y el sollozo que se mezcla en su voz cala en lo más profundo de mi pecho.

—Harry, por favor… —Me arrodillo sobre la cama para abrazarlo, pero me empuja las manos con más fuerza que antes.

El rechazo me hiere, pero lanzo el sentimiento doloroso a un rincón oscuro y ahueco su rostro entre mis manos a la fuerza.

—Mírame —exijo, en tono autoritario.

—Suéltame —Harry espeta.

—Mírame, Harry.

—¡No!

—¡Maldita sea, Stevens! ¡Mírame, demonios! —Mi voz se eleva tanto que él clava sus ojos en mí y me observa con incredulidad.

—¿Me llamaste Stevens?

—Escúchame bien, Harry —ignoro su pregunta y me enfoco en mirarlo con toda la determinación que puedo—.

Debes dejar de culparte por cosas que no están bajo tu control.

Tú no pusiste una pistola en la mano de Nadia para que le disparara a Will.

No la obligaste a hacer nada. La muerte de Will no es tu maldita culpa, ¿me oyes? , nada de esto es tu culpa.

Su rostro, enrojecido por el llanto previo, está fijo en mí. Toda su atención se ha posado en mis movimientos.

—¿Nadia? ¿Fue Nadia? —suelta, en un susurro incrédulo, y yo asiento.

—Pero no se trata de que busques vengarte de ella, porque ella ya está siendo procesada —digo, con determinación—.

Se trata de que hagas que todo esto valga la pena.

—Silencio—. Captura a Tyler —pido—. Sé que puedes hacerlo, Harry.

Ese hijo de puta no puede salirse con la suya.

No es mejor que tú. Nunca va a serlo y eso lo sabes.

El chico frente a mí luce aturdido, dolido y desorientado al mismo tiempo, pero se traga el nudo que sé que tiene en la garganta antes de asentir con brusquedad.

—Voy a hacérselo pagar, Maya —promete, con la voz enronquecida, luego de que lo dejo ir—. Ese imbécil va a pagar por todo lo que ha hecho de una maldita vez por todas.

—¿Y cómo te sientes? —Emma pregunta, tras un largo silencio.

—No lo sé. —Sacudo la cabeza en una negativa—. He pasado todos estos días tratando de empujar mis emociones a una caja; pero está tan llena ahora que no sé ni siquiera qué diablos es lo que siento.

—No puedes creer en las palabras de esa mujer —dice y posa la vista en el pasillo del hospital en el que nos encontramos—.

Sé que es imposible no imaginar lo peor.

Quiero decir, convivieron durante un año entero y es obvio que ella está completamente sobre él, pero no puedes dejarte cegar por los celos. No cuando él no ha confirmado nada.

—Es que no se supone que deba sentirme celosa —sonrío, con frustración—.

Si estuvo con ella o no en realidad no debería importarme, porque no estaba conmigo.

—Miro hacia el techo del edificio para que no sea capaz de ver la vergüenza en mis facciones—.

El problema es que él me dijo que no había estado con nadie más.

Si me ha mentido respecto a eso también va a doler.

Demasiado… —Mis párpados se cierran—. La sola idea de pensar que no tuvo el valor de decirme la verdad desde el principio es más desagradable, incluso, que saber que estuvo con otra chica.

—Temes a la mentira —Emma murmura—. Temes descubrir que no solo te mintió para mantenerte alejada de su nuevo trabajo, sino que además también lo hizo respecto a otras cosas.

—Puedo lidiar con todo el asunto de trabajar para la policía.

Puedo hacerlo, lo juro; pero ¿qué necesidad tenía de mentir respecto a otras chicas?

¿Qué tiene que ocultar? ¿Para qué hacerlo?

… Me hace pensar que miente porque realmente siente o sintió algo por ella, ¿sabes?

; que tenía la necesidad de ocultarlo porque no estaba seguro de lo que sentía por ella. De lo que aún siente.

—Pero es que ya has asumido que él siente algo por ella y eso tampoco lo sabes —Emma me reprime y yo sacudo la cabeza en una negativa.

—No lo hago —me defiendo—. Es solo que no sé qué pensar.

No sé qué sentir… Lo único que sé es que quiero que toda esta mierda termine.

Quiero que él esté bien y nada más. —Mis ojos se posan en ella—.

No quiero ser una hipócrita de mierda y decir que ahora que sé toda la verdad voy a aceptarlo de vuelta.

Lo traté como la mierda, Emma. Dije cosas de las que no me siento orgullosa, y no quiero que él piense que ahora que sé la verdad voy a correr a sus brazos.

Lo nuestro está dañado. Roto. Deshecho de muchas formas.

—El dolor se cuela en el tono de mi voz—.

Pero te juro por lo más sagrado que tengo que deseo que él esté bien.

Hoy y siempre. El resto de sus días. Merece ser feliz.

Merece paz y tranquilidad, y sé que a mi lado no podrá tenerla.

—No digas eso…

—Es la verdad —sonrío, pero duele. Todo mi cuerpo duele—.

No soy una persona estable emocionalmente.

Mi vida ha estado llena de caos sobre caos, y no soy capaz de confiar ni en mi propia sombra.

—Hago una pausa—. No soy capaz de ser el ancla que él necesita —continúo tras unos instantes de silencio—.

Me ha tomado mucho tiempo darme cuenta de eso; pero, ahora que lo sé, lo único que quiero es que encuentre a la persona indicada.

Y, por mucho que me cueste admitirlo, yo no soy la persona indicada en estos momentos.

—Si no lo eres, ¿qué haces aquí entonces? —dice, en un susurro. Yo me encojo de hombros.

—Me importa. —Mi voz se quiebra un poco, pero, por primera vez en mucho tiempo, no quiero llorar—.

Me importa demasiado. Su bienestar, su salud…

él. —Esbozo una sonrisa suave—. Mi vida está atada a la suya.

Quizás soy yo quien se aferra a él porque fue la primera persona, en mucho tiempo, que fue amable conmigo.

El primero en tenderme la mano cuando más lo necesité.

Quizás soy una idiota masoquista que trata de aferrarse a algo que fue remotamente bueno para ella; no lo sé…

Lo único que sé es que me preocupo por él. Todo el jodido tiempo.

—Entiendo… —murmura y reflexiona unos segundos antes de preguntar—: ¿Qué es lo que va a pasar entre ustedes después de hoy?

Me encojo de hombros.

—No lo sé. Supongo que nada. Hace mucho tiempo que dejó de existir un «nosotros» entre él y yo.

Emma posa su vista en el suelo.

—¿Entonces quieres llevarlo a casa y desaparecer de su vida? —inquiere.

—Quiero llevarlo a casa y tratar de averiguar qué hacer con la mía — sonrío, a pesar de que no tengo muchas ganas de hacerlo, y ella toma una inspiración profunda.

—Eres un desastre, Maya Bassi.

—Lo sé. —Mi sonrisa se aligera un poco y ella envuelve un brazo alrededor de mis hombros.

—Hagamos esto, entonces —dice y toma las llaves del coche de Jeremiah del bolsillo trasero de los vaqueros—. Llevemos a tu chico y a su madre a casa, deshagamos el nudo emocional que llevas dentro.

Una pequeña risa brota de mis labios y niego una vez más.

—Aún no puedo creer que Jeremiah te haya prestado su auto —digo, porque necesito que hablemos de otra cosa, y la observo juguetear con el llavero de mi mejor amigo.

—Me hizo prometer que lo cuidaría como a mi vida. —Rueda los ojos al cielo—. También me pidió que te dijera que lamentaba muchísimo no poder estar aquí hoy. Tenía que estudiar muchísimo para ese examen —suspira—. El pobre anda hecho un nudo de nerviosismo.

Mi sonrisa se ensancha.

—Dile que no se preocupe y salúdalo mucho de mi parte cuando lo veas.

—Claro. —Sonríe y se estira en la silla antes de mirar hacia el pasillo por donde se supone que saldrá Harry—. ¿Crees que vayan a tardar mucho tiempo en darle el alta?

—No lo sé —suspiro—. Tengo entendido que hay mucho papeleo por llenar antes de que se marche, así que…

Ella hace una mueca cansada, pero no dice nada más. Se limita a acompañarme en silencio mientras esperamos a que Harry aparezca por el pasillo del edificio.

No se supone que deba ser dado de alta todavía, pero va a salirse con la suya de cualquier modo.

Hace apenas cuatro días que despertó de su estado de inconsciencia.

Los médicos aún estaban renuentes a dejarlo ir a casa debido a que aún necesita guardar reposo, pero consiguió que el comandante hiciera uso de sus influencias para salir antes de tiempo.

A pesar de eso, lo condicionó a mantener reposo en casa durante, al menos, dos semanas enteras.