Capítulo 24 #3
Me vuelco de manera precipitada hacia la salida y avanzo a zancadas temblorosas y largas. Mis dedos se cierran sobre la perilla de la puerta. Estoy a punto de abandonar la estancia. Estoy a punto de marcharme. Estoy…
El pitido de una máquina se acelera y una más cambia su ritmo un segundo después. De pronto, todas las demás comienzan a chillar de forma escandalosa. Toda la sangre se agolpa en mis pies en ese momento y me giro a toda velocidad para mirar a Harry.
Mi corazón se salta un latido, mis rodillas flaquean y un sonido similar a un sollozo escapa de mis labios en el instante en el que veo cómo Harry trata de incorporarse de la cama y tira del tubo que tiene incrustado en la garganta.
El llanto viene mucho antes de que pueda correr a toda velocidad para alcanzarlo. Hay sangre en los dorsos de sus manos, ya que ha arrancado todas las agujas que se encontraban conectadas a su cuerpo, y una de las máquinas chilla escandalosamente debido a eso.
Trato de detener sus movimientos violentos, pero él no deja de luchar contra el aletargamiento de su cuerpo. Una arcada brota de su garganta cuando saca el tubo de su boca y trata de bajar de la cama. Yo alcanzo a ahuecar su rostro entre mis manos antes de que lo haga.
—¡Harry! ¡Harry, estás bien! ¡Todo está bien! —miento, porque no tengo el corazón para decirle que no es del todo verdad—. Estás en un hospital. Estás a salvo. Todo está bien.
Sus ojos verdes me miran con aire desorientado, pero noto el reconocimiento en ellos cuando encuentran mi cara. Una fina capa de sudor frío cubre su rostro y sus manos se sienten temblorosas cuando imita mi gesto y ahueca mi rostro entre sus manos.
—Debes recostarte, Harry. Vas a hacerte daño.
Él pronuncia algo, pero su voz suena tan ronca y lastimada que no logro entender ni siquiera la mitad de lo que dice.
—Te dispararon —explico al ver su mueca confundida y aterrorizada—. Has estado en el hospital desde hace casi dos semanas. Necesitas recostarte, Harry, por favor. Por favor…
—T-Tyler… —dice, en un gruñido espeso y adolorido.
—No pienses en eso ahora. —Aparto el cabello húmedo lejos de su cara.
—¿Estás b-bien? —jadea y hace una mueca de dolor.
—¡Dios mío, Harry! ¡Estoy bien! ¡Ahora recuéstate, maldición! —La angustia y la preocupación me invaden por completo y él debe notarlo, ya que asiente y accede a dejarse caer poco a poco sobre el colchón.
En el momento en el que su cabeza toca la almohada me precipito fuera de la habitación para pedir un médico. En menos de un minuto, la estancia se llena de varios y se convierte en un caos.
Todo el mundo revisa los aparatos y se cercioran de que Harry esté en óptimas condiciones.
Una enfermera me pide que abandone el lugar para dejar a los médicos trabajar tranquilos cuando se percata de mi presencia y yo, muy a mi pesar, obedezco.
Mis ojos se clavan en la puerta de la habitación cuando salimos y mi cabeza empieza a correr a toda velocidad.
Lo primero que me viene a la mente es Will.
¿Cómo diablos voy a decirle a Harry que murió?
¿Cómo le voy a explicar que Tyler escapó de nuevo y que Nadia, su antigua aventura, fue la asesina de uno de sus mejores amigos?
No sé cómo voy a enfrentarme a él cuando trate de contarme toda la verdad acerca de su trabajo en la policía y cómo es que van a ser las cosas entre nosotros cuando todo sea dicho.
Me siento extraña. Una parte de mí se siente aliviada y dolida al mismo tiempo; y otra está llena de desazón. Quiero marcharme de aquí. Quiero alejarme de Harry. Quiero esconderme debajo de la cama hasta que alguien más se lo haya dicho todo, porque yo no tengo el corazón para hacerlo.
No debería querer largarme de aquí. No debería querer poner distancia entre nosotros.
No cuando estuve tanto tiempo angustiada por su bienestar; pero, entonces…
¿Por qué me siento de este modo? ¿Por qué no quiero mirarlo ahora que despertó?
¿Por qué no puedo dejar de pensar en lo que dijo Paula y olvidarme de una maldita vez de todo lo que una vez nos hizo daño?
No sé cómo voy a mirarlo a los ojos sin imaginarlo con Paula y tampoco sé cómo es que voy a reaccionar si trata de ocultarme algo como eso. No sé si soportaría un engaño más. No sé si…
—¿Maya Bassi? —Uno de los médicos más jóvenes sale del lugar y me dedica una mirada amable. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que salí de ahí—. El paciente desea verla.
Yo asiento, incapaz de confiar en mi voz para hablar, pero no me muevo de donde me encuentro.
Soy consciente del desfile de doctores que abandona la habitación de Harry, pero yo sigo sin moverme.
Sigo sin saber cómo respirar del todo… «¡Deja de ser una jodida cobarde!
», me regaño mentalmente. «¡Debes ir ahí y enfrentarlo! ¡Debes decirle toda la puta verdad!».
Mis labios inhalan una inspiración profunda y doy un paso dubitativo.
«¡Vamos, maldita sea!». Mis pies avanzan otro poco. «¡Muévete de una jodida vez!». Esta vez, cuando me obligo a caminar, no me detengo hasta que abro la puerta. No me detengo hasta que entro en la habitación.