Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

—Yo ya no lo conozco. —Mis propias palabras escuecen y arden—.

Hace mucho tiempo que dejó de ser alguien familiar para mí.

Es una persona completamente diferente a la que recuerdo.

El chico que yo conocí era incapaz de ocultarme algo, siempre fue honesto y me habló con la verdad.

Le molestaba que yo le ocultara cosas porque él se había abierto a mí en todos los aspectos.

El chico de ahora no es, ni de cerca, como aquel que se ganó mi confianza hace más de un año.

Los ojos de Will sostienen mi mirada.

—Cuando lo conocí te dije que era un buen tipo, ¿recuerdas?

—Me mira con aprehensión. El silencio que sigue a sus palabras me hace saber que espera una respuesta de mi parte, así que asiento con un movimiento de cabeza para que continúe—: Lo sigo diciendo, Maya: Harry es un buen tipo.

—Una sonrisa triste se dibuja en sus labios—. Mejor de lo que yo seré alguna vez.

Un suspiro entrecortado brota de mi garganta y miro hacia el techo de la habitación en un intento desesperado por mantener las emociones encontradas a raya.

—Es un buen tipo —bufo. No pretendo sonar irónica o sarcástica, pero lo hago—. Un buen tipo que trafica drogas en los barrios bajos de San Francisco.

Will no dice nada. Eso es lo que más me duele. No sé qué esperaba. Quizás solo necesitaba que negara el hecho de que Harry es un delincuente. Quizás solo necesitaba una mentira piadosa para así creer un poquito más en su inocencia.

El zumbido del aparato que hay sobre la mesa nos saca a ambos de nuestras cavilaciones y estiro el brazo para alcanzarlo. La pantalla de mi teléfono brilla con el nombre de Jeremiah y un ícono de mensaje aparece en el centro.

«Amber no contesta».

Mi ceño se frunce. Durante unos momentos, no logro comprender de qué diablos habla, pero poco a poco la resolución me abre el panorama: acordamos llamar «Amber» a Harry, solo porque todavía no sabemos si monitorean mi teléfono o no. No me pasa desapercibido el hecho de que

«Amber» es el nombre de la exnovia de Jeremiah.

«Sigue intentando».

Luego de escribir el mensaje lo envío y coloco el aparato de vuelta sobre la mesa.

—¿Todo bien? —Will pregunta.

—No —digo, y una nota de preocupación se filtra en mi voz—. Harry no contesta su teléfono.

—¿Por qué no intentas llamarle tú?

—No puedo. —Alzo la vista—. Estamos bastante seguros de que Tyler mandó a alguien para seguirme. Es probable que esté vigilando mis llamadas también.

—Lo intentaré yo, entonces —dice al tiempo que saca su teléfono del bolsillo trasero de los vaqueros, para luego teclear un par de veces antes de pegarlo a su oreja.

Un nudo se me instala en el estómago y trago duro. Mi pecho se estruja gracias al nerviosismo, pero trato de empujarlo lejos de mi sistema. Al cabo de unos segundos en la misma postura, Will cuelga y me regala una negativa.

—No responde.

La tensión de mi cuerpo aumenta considerablemente.

—Tenemos que localizarlo —digo, ansiosa—. Debo llamar a la policía una hora antes del tiempo acordado. De otro modo, no tendrán oportunidad de improvisar un operativo a tiempo.

El ceño de Will se frunce efecto de la confusión.

—¿Cómo sabes esas cosas?

—Jeremiah —sonrío, con nerviosismo—. Está obsesionado con todo lo que tiene que ver con el trabajo sucio de su carrera.

Will también esboza una sonrisa.

—Iré a buscar a Harry a su departamento —dice y rebusca en los bolsillos de los vaqueros.

—Voy contigo —me apresuro a decir, y él me mira con severidad.

—Tú te quedas aquí y te alistas para ir a trabajar.

—Pero…

—Pero nada —me interrumpe—. Si Tyler ha mandado a alguien a seguirte, lo mejor que podemos hacer es mantenerte lo más lejos posible de Harry.

No podemos permitir que piensen que lo has buscado para advertirle sobre lo que pasará esta noche.

—Se pone de pie—. Dile a tu amigo que no deje de insistir.

Llamaré al teléfono de Kim para poder mantenerte al tanto sin levantar sospechas.

La frustración se cuela en mis huesos y tengo que morder el interior de mi mejilla para no protestar.

—Te prometo, Maya, que voy a hacer lo que esté en mis manos para encontrarlo —dice Will cuando se percata de la desesperación que me invade—; pero, a cambio, quiero que me prometas que vas a mantener a salvo a mi bebé.

El peso que siento sobre los hombros aumenta otro poco y la angustia gana terreno en mi pecho. La culpa se intensifica y lo único que quiero hacer ahora es cerrar los ojos y llorar.

—Lamento mucho todo esto, Will —digo, con la voz entrecortada—.

Lamento muchísimo que Hayley esté en medio de todo esto.

No sabes cuánto detesto que Kim se haya vuelto loca por esa razón.

De verdad, no tienes idea de lo horrible que me siento al saber que ustedes están involucrados.

No les corresponde y… —No puedo continuar.

Mi mente se llena de imágenes dolorosas. Todas ellas son acerca de Hayley: sus pequeños dedos regordetes, sus pies de bebé, su piel clara, su cabello castaño, sus ojos expresivos e inocentes, sus largas pestañas, su sonrisa de encías…

El nudo de emociones estalla en mi estómago y se transforma en un agujero que me atraviesa de lado a lado. El aliento se me atasca en la garganta y el maremoto de dolor regresa a mí.

—No tienes la culpa de nada, Maya —Will sonríe, pero el gesto ni siquiera llega a sus ojos. La angustia y la tensión son notables en su cuerpo ahora y, por un segundo, soy capaz de ver el estado real y descompuesto que tienen sus nervios.

Durante unos instantes su mueca tranquila se contorsiona en una cargada de dolor y preocupación. Luce como si hubiese envejecido veinte años en dos segundos. Como si la crudeza del mundo se hubiese encargado de llevarse cualquier vestigio de esperanza en él.

—Vamos a arreglar todo esto —dice, a pesar de todo—. Ya lo verás.

—Prometo que cuidaré de ella, Will —digo, con urgencia, porque es lo único que se me ocurre ahora mismo. Es lo único que se siente correcto.

Su expresión dolida y asustada se aligera un poco y casi puedo ver cómo las esquinas de su boca se curvan hacia arriba en una sonrisa suave.

—Eso es todo lo que quería escuchar, Maya —asiente y, luego, sale del apartamento.

Miro el teléfono por milésima vez en lo que va de día y maldigo para mis adentros.

No he tenido noticias de Will. Tampoco he sabido nada de Jeremiah.

Eso está haciendo estragos en mi estado nervioso.

No puedo concentrarme. No puedo hacer otra jodida cosa que no sea mirar el móvil cada cinco minutos.

El tiempo parece avanzar a una velocidad tortuosa, lenta, dolorosa y angustiante. Ni siquiera sé cómo demonios es que no he corrido fuera del consultorio médico donde trabajo para ir a buscarlos.

He estado a punto de llamar a Harry más veces de las que puedo recordar. He estado a punto de largarme a buscarlo a su departamento más veces de las que me gustaría admitir…

Se supone que dentro de diez minutos más debo llamar a la policía, pero ahora no sé si debo hacerlo.

Estoy a punto de perder la cordura por completo, porque he comenzado a dudar respecto al plan.

Esto fue una mala idea. Una horrible y desastrosa idea.

No debí acceder a hacerlo. Debí haberle dicho a Tyler que declinaba su oferta y después rezar porque las cosas resultaran lo mejor posible.

«Si te hubieras negado, Tyler habría mandado pegarle un tiro en la frente a Hayley», susurra la insidiosa voz en mi cabeza. «Se habría vengado de ti por negarte a ayudarlo y habría encontrado la manera de chantajear a Harry de otra manera».

—No puedo más… —digo, en voz baja.

En ese momento, me levanto de la silla giratoria de un movimiento brusco y tomo el teléfono. Avanzo a toda velocidad hasta el baño antes de encerrarme en él y pego la frente a la puerta de madera.

La ansiedad es demoledora. Mis manos tiemblan tanto que no puedo contenerlas ni un poco; la frialdad en mi pecho es cada vez más intensa y me pregunto, por milésima vez en el día, qué demonios estoy haciendo.

Jeremiah me dijo que, pasara lo que pasara, yo debía llamar a la policía. Que él se encargaría de avisar a Harry acerca de lo que haremos y que, si no se comunicaba conmigo a tiempo debía seguir con el plan al pie de la letra de todos modos.