Capítulo 19 #2
Nos hemos detenido. Estamos parados junto a su auto y lo único en lo que puedo pensar ahora mismo es que ha dicho que la ama.
—Le dije que estaba cansado de su falta de confianza en mí.
Que no planeaba hacer nada que ella no quisiera.
Que yo solo quería… —Noto cómo sus mejillas se tiñen un poco más, y frota sus palmas contra su cara antes de continuar—: Ella comenzó a excusarse y yo estallé.
Le dije que si no quería algo real conmigo lo mejor era que todo terminara.
—¿Y ella qué dijo? —Un extraño dolor se instala en mi pecho, solo porque sé cuán enamorados están el uno del otro. No puedo creer que no puedan dejar de complicarse la existencia y amarse como se merecen hacerlo.
—Que no podía darme lo que yo quería. Que ella nunca iba a tener una relación conmigo, porque no puede darme una relación ordinaria.
—Su voz se quiebra ligeramente—. Me dijo que era un tonto soñador si creía que era posible que ella aceptara la posibilidad de estar con alguien.
Me gritó que era VIH positivo y que no debía olvidarlo.
Que lo mejor era que saliera de su vida para siempre…
—No me atrevo a apostar, pero creo que está a punto de echarse a llorar.
Un silencio largo se instala entre nosotros y dice—: Me rindo, Maya.
Ya no puedo más con esto. Estoy enamorado de ella hasta el culo, pero ya no puedo seguir de esta manera.
La mirada de Jeremiah está clavada en el suelo y noto cómo su cuerpo se estremece. Su espalda está encorvada hacia adelante en un gesto inseguro, sus manos están dentro de los bolsillos de los vaqueros y luce como si pudiese quebrarse en cualquier momento.
No sé qué decir para aliviar el horrible estado de ánimo en el que se ha hundido, y me odio por haber sacado el tema a relucir. Me odio por no ser capaz de mantener la boca cerrada cuando debo hacerlo.
Nunca he sido buena a la hora de consolar a otros. A decir verdad, se me da terrible; pero, en ese momento, hago mi mayor esfuerzo y lo abrazo. Al principio luce desorientado; sin embargo, parece relajarse con el paso de los segundos, ya que envuelve sus brazos alrededor de mi cintura.
—Esto es una mierda… —Su voz ronca murmura contra mi oreja y aprieto mi agarre en él.
—Estoy segura de que Emma está igual de enamorada que tú —susurro y me aparto para mirarlo a los ojos—. Solo dale un poco de tiempo para asimilarlo todo, ¿de acuerdo? —Él asiente, pero no luce convencido—. Ella va a buscarte. Yo lo sé. Solo dale tiempo.
Jeremiah suelta una risa amarga, pero no dice nada. No es necesario que lo haga. Su expresión lo dice todo: no cree que Emma vaya a buscarlo.
—Como sea —masculla, pero aún luce afectado.
Se frota el rostro con ambas manos y toma un par de inspiraciones profundas antes de abrir las puertas de su coche.
Acto seguido, se encamina hacia el lado del copiloto y abre la puerta para que trepe en él.
Luego le da la vuelta al auto por la parte de delante y sube. El motor ruge a la vida después de eso.
Una canción desconocida llena el vehículo, pero no tengo ánimos de escuchar nada, así que estiro la mano hasta llegar al aparato y lo apago.
Jeremiah sale del estacionamiento a paso lento y pausado. Ninguno de los dos habla mientras conduce sin un rumbo específico.
—¿A dónde iremos? ¿De qué querías hablarme? —Jeremiah pregunta, al cabo de unos minutos.
El golpe de realidad es más fuerte de lo que espero. Se siente como si pudiese vomitar en cualquier instante. Ni siquiera sé por dónde debo empezar.
—Ha pasado algo muy grave —digo, finalmente.
Jeremiah maniobra para dejar atrás a un anciano que conduce muy por debajo de la velocidad permitida.
—Te escucho —dice, y se lo cuento todo.
La forma en la que Tyler me abordó, la manera en la que arrebató a Hayley de mis brazos, mi desesperado llamado a Harry… Omito los detalles de mi estancia en el apartamento del chico en cuestión; pero le hablo sobre la llamada telefónica que tuve con Tyler y sus peticiones agobiantes.
Para cuando termino de hablar, Jeremiah ha aparcado en un parque a pocos kilómetros de la universidad. Sus ojos incrédulos y escandalizados me miran y se siente como si llorar fuese la cosa más fácil para hacer ahora mismo.
—¡Maldición! —exclama, con asombro genuino—, ¿te pierdo la pista unos días y te ocurre todo esto? ¡Joder!, ¡ni siquiera sé qué decirte!
En cualquier otro momento su chiste me habría hecho reír, pero ahora me encuentro tan preocupada que no me causa nada de gracia. Él parece notarlo por el gesto de impaciencia que esbozo, ya que se aclara la garganta y adopta una actitud seria y analítica.
—Estoy seguro de que la propuesta de Tyler es una trampa —dice, tras unos minutos de silencio absoluto—. No creo que vaya a entregarte a Hayley si entregas a Harry. El tipo es un completo lunático que solo piensa en sí mismo.
Sus palabras son solo la confirmación de eso que ya había pensado antes. Tyler no es un tipo de fiar y eso lo tengo bastante claro. Aun así, necesitaba que alguien lo dijera en voz alta. Necesitaba que alguien más lo reafirmara.
—No sé qué hacer, Jeremiah. —La angustia se filtra en el tono de mi voz—. Estoy tan desesperada…
—Debes tranquilizarte. —Mi amigo me reprende—.
Necesitamos pensar en cómo diablos vamos a proceder a la propuesta de ese hijo de puta.
Si le dices que no, probablemente va a enfurecerse y dañará a Hayley.
Por otro lado, si dices que sí, es probable que se encargue de refundir a Harry en la cárcel durante un montón de años y, además, va a quedarse con la niña para seguir chantajeándolo aun cuando esté encerrado. Eso puedo asegurártelo.
Mis manos se presionan contra los ojos y una nueva oleada de pánico me asalta. El antiguo dolor de cabeza vuelve a mí y me siento aturdida, abrumada y entumecida.
«¿Qué demonios voy a hacer?».
—Voy a volverme loca, Jeremiah, te juro que estoy a nada de perder la cabeza. Estoy… —Me detengo en seco. El nudo en mi garganta quema con fuerza y las lágrimas que amenazan con abandonarme me impiden ver con claridad—. No sé cómo voy a salir de todo esto.