Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 16 #3
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Capítulo 16 #3

—Después de eso mi papá nunca volvió a ser el mismo.

Ninguno de nosotros volvió a ser lo que era…

—digo tras un largo momento de lágrimas silenciosas—.

Comenzó a beber hasta la inconsciencia y perdió su empleo, la casa en la que vivíamos y…

—trago duro—. Y todo eso por lo que había luchado.

Fue entonces cuando nos mudamos a ese edificio.

—Mis párpados se cierran y trato de borrar todas las imágenes tortuosas de mi cabeza—.

Yo sabía que mi papá golpeaba a mi mamá, pero estaba tan enojada con ella por lo que le había hecho a Leonel.

Estaba tan… tan… —Presiono los puños sobre mis rodillas y reprimo un sollozo.

—Maya…

—La escuchaba gritar, Harry. —Lo miro a los ojos por primera vez desde que comencé a hablar—. Cada maldita noche. Y nunca me pasó por la cabeza que quizás él la estaba forzando. Nunca me pasó por la puta cabeza que, tal vez, él estaba haciendo con ella lo que comenzó a hacer conmigo tiempo después…

Harry ha palidecido tanto que temo que pueda llegar a odiarme después de esto. Que temo que pueda pensar que soy un monstruo por no haber hecho algo para ayudar a mi madre.

—Mi mamá se convirtió en un pequeño ratón asustado y se encargó de decirle a su hija de diecisiete años que ella era la causante de que su hermano hubiese muerto —continúo, pese al terror que me da pensar en lo que debe estar pasando por su cabeza—; que era la causante de que su padre la golpeara y la lastimara…

—Una risa carente de humor me abandona—.

Me dijo que yo era la culpable de su enfermedad.

Que había sido una mujer feliz y segura de sí misma antes de embarazarse de mí, y que esperaba que yo pagara con creces todo lo que le hice pasar…

—Limpio las lágrimas con el dorso de mi mano—.

Y una vez que se encargó de convertirme en un manojo de nervios andante, se marchó. Se marchó y me dejó con Leandro…

Un largo silencio se instala entre nosotros.

—Yo estaba tan asustada y derrotada —susurro, al cabo de unos instantes—, que creí que todo lo que él me hacía era algo que tenía merecido.

Que era un castigo del universo tras haber odiado a mi mamá durante tanto tiempo por estar enferma.

Por ser una perra insensible que nunca fue capaz de comprender que su madre era una mujer que no era dueña de sí misma…

Otro silencio se apodera de la estancia.

—Una parte de mí se quedó porque mi papá fue un hombre maravilloso antes de la muerte de Leonel.

Porque cuidó de mi madre aun cuando ella había intentado quitarse la vida.

Porque intentó ver por ella aun cuando asesinó a uno de sus hijos…

—digo, y tomo una inspiración profunda, en un intento desesperado por tranquilizarme—.

Me sentía en deuda con él por todo lo que vivió al lado de mi madre…

Después, me quedé porque le tenía miedo al mundo exterior.

Porque mi mamá se encargó de decirme a diario que yo nunca iba a poder valerme por mí misma, porque era como ella.

Porque estábamos hechas del mismo material…

Se encargó de decirme que yo, eventualmente, iba a ser una cobarde como ella.

—Me encojo de hombros, pero todo dentro de mí duele como el infierno—.

Pienso que, tal vez, si tú no hubieses aparecido en mi vida, yo ahora mismo no estaría aquí.

—Nuestros ojos no se han apartado ni un segundo—.

Soy todo eso que detesté en ella, Harry.

Soy tan patética y cobarde como mi madre; pero, gracias a ti, me he dado cuenta de ello y, desde entonces, estoy tratando de ser diferente.

Todos los días. Quizás aún no dejo de ser una idiota que le teme a todo, pero te juro que estoy intentando dejar de ser todo esto que tanto odio. Te lo juro, Harry…

Nadie dice nada. Nadie se mueve. No sé cómo demonios va a verme Harry después de todo esto.

Jamás había hablado de esto con nadie. Jamás lo había sacado a relucir porque era demasiada mierda para cargar sobre los hombros.

Nadie es capaz de llevar tanto sobre la espalda sin volverse loco; así que lo escondí en un rincón y dejé que se llenara de polvo y telarañas…

Harry se ha puesto de pie. Puedo sentirlo… Ni siquiera sé en qué momento bajé la vista, pero soy capaz de escuchar cómo sus pasos lentos crujen sobre la duela de madera que cubre el piso. De pronto, se detiene y sé que se encuentra de pie frente a mí.

Temo por las palabras que pueda llegar a pronunciar, pero no me muevo ni un centímetro. Ni siquiera me atrevo a alzar la vista para mirarlo.

—Ven aquí, pequeña… —dice, con una voz suave y dulce y, sin darme tiempo de reaccionar, envuelve sus dedos alrededor de mis brazos y tira de mí hacia arriba para envolverme en un abrazo fuerte, firme y protector.

Lágrimas nuevas me abandonan y el extraño peso que ni siquiera sabía que llevaba a cuestas disminuye considerablemente.

—Eres el ser humano más fuerte que he conocido en mi jodida vida, Maya Bassi —susurra con un hilo de voz, y todo se siente correcto durante un segundo.

Todo se siente como si pudiese tener solución; es por eso que decido aferrarme a esa sensación con todas mis fuerzas.

Decido aferrarme a los brazos fuertes que me sostienen, y me permito pensar durante un segundo que este hombre que se empeña en cuidar de mí es aún el mismo que yo conocí. El mismo del que yo me enamoré.