Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 8 #3
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Capítulo 8 #3

De pronto, noto cómo una de sus manos se alza en mi dirección y se detiene justo antes de tocar el lado derecho de mi rostro. Una tormenta de emociones se apodera de sus facciones y el anhelo con el que me inspecciona hace que un escalofrío me recorra la espalda.

Entonces, traga duro y coloca, con mucho cuidado, un mechón de cabello detrás de una de mis orejas. Su mandíbula se aprieta con fuerza y mis ojos se cierran ante la abrumadora sensación provocada por la calidez de su gesto.

—Harry…

—Siempre ha sido por ti, Maya —susurra—. Lo sabes, ¿cierto?

—No entiendo… —suelto, en un balbuceo incoherente.

—Ya no puedo más —me interrumpe, y casi puedo sentir cómo me quiebro en pedazos cuando escucho la tortura en su voz—.

Por favor, entrégame, Maya. Ve a la policía y entrégame…

—Sus dedos ansiosos y desesperados toman los míos, los cuales estaban sobre sus hombros, y se lleva la palma de mi mano a los labios para depositar un beso tímido y angustiado en ella.

Los muros a mi alrededor se tambalean en ese instante—.

Haznos un maldito favor a todos y entrégame de una maldita vez. Por favor…

El nudo en mi garganta está tan apretado que no puedo hablar. No puedo pronunciar palabra alguna. Solo puedo quedarme aquí, mirándolo fijamente.

Mis ojos están ahogados en lágrimas sin derramar y la angustia se arraiga en mi sistema ante la idea de entregarlo.

—Acaba con todo esto —murmura contra la piel de mi muñeca y trato de apartarme de su toque sin conseguirlo.

De pronto, siento cómo tira de mí hacia adelante, en dirección a su cuerpo.

Todos sus movimientos son rápidos y precisos, así que, en un abrir y cerrar de ojos me encuentro con su rostro a pocos centímetros del mío.

Sus manos se han colocado sobre mis brazos para mantenerme en mi lugar, y el aroma a loción para afeitar, perfume y alcohol me golpea de lleno.

—Acaba con el monstruo en el que estoy convirtiéndome —susurra, y su aliento caliente golpea mi mejilla. Me siento aturdida y abrumada por su cercanía; sin embargo, no me muevo ni un milímetro.

No respondo. No me muevo. Puedo jurar que ni siquiera respiro…

—Acaba conmigo, Maya. —La súplica en su mirada hace que el nudo en mi garganta se intensifique—. Hazme pagar por todo el maldito daño que te hice.

—Déjame ir —ruego, con un hilo de voz, pero no hago nada por apartarme.

—Eso trato de hacer… —suelta en un susurro entrecortado. La frustración y el coraje se mezclan en el tono de su voz—. Juro por Dios que eso es lo que trato de hacer.

Tira de mí más cerca y soy capaz de sentir el calor de su aliento sobre mis labios.

—Ella no es como tú —susurra, luego de un largo momento de silencio, y siento como si hubiesen dejado caer un balde de agua helada sobre mi cabeza—. Ninguna es como tú, Maya. Me has arruinado para siempre.

—¿Ella?

Él no dice nada. Se limita a mirarme a los ojos como si fuese el símbolo de la salvación hecho persona. Como si fuese la única cosa en el mundo que pudiese asegurarle algo de paz. Yo, sin embargo, no puedo dejar de reproducir lo que acaba de decirme:

«Ella no es como tú. Ella no es como tú. Ella no es como tú».

—Suéltame —siseo, sintiéndome herida y contrariada, pero él no me deja ir

Su mano corre hasta la parte trasera de mi cabeza y enreda los dedos en las hebras castañas de mi cabello, para luego tirar de mí un poco más cerca…

—Harry, suéltame ahora mismo.

De pronto, sus labios rozan los míos con lentitud.

El contacto es tan ligero que apenas soy capaz de percibirlo y termina mucho antes de que pueda, siquiera, reaccionar.

Sin embargo, soy capaz de notar cómo pasea su lengua sobre su boca, como si tratara de saborearme con aquel pequeño y delicado toque.

Como si tratase de asegurarse de que realmente ocurrió…

—Ahora sí estoy listo para ir al infierno —susurra y me deja ir.

Todo mi cuerpo es una masa temblorosa de emociones contenidas y frustraciones a punto de ser liberadas, y no sé si quiero golpearlo por lo que acaba de hacer o echarme a llorar porque no llegó más allá.

«¡¿Qué demonios te sucede, Maya?!», me reprime mi subconsciente, pero lo empujo lo más lejos posible. Ahora mismo, lo que menos necesito es que mi consciencia me regañe por algo que ni siquiera estoy segura de que haya pasado.

Harry se ha recargado contra la pared con los ojos cerrados y la expresión adolorida.

Mi corazón ruge con fuerza contra mis costillas y un mar de emociones me azota una y otra vez mientras trato de aferrarme a la estabilidad que he luchado por conseguir a lo largo de estos meses.

No puedo derrumbarme ahora. No luego de tanto…

Una inspiración profunda es inhalada por mis labios y hago acopio de toda mi fuerza de voluntad para envolver mis dedos alrededor de su muñeca para tirar de él y colocar su brazo sobre mis hombros.

Por hoy, solo por hoy, voy a dejar pasar lo ocurrido. Voy a hacer como que no ocurrió.

—Ven aquí —murmuro, entre dientes, mientras afianzo mi agarre. Un gemido de dolor brota de su garganta cuando trato de incorporarme con su cuerpo a cuestas. Él trata de sostener su peso, pero apenas es capaz de ayudarme a ponerse de pie—. Debemos curar esas heridas.

Entonces, avanzo con él hacia el enrejado del edificio.