Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 7 #3
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Capítulo 7 #3

La ira y el miedo me atenazan las entrañas y lo corroen todo dentro de mí en cuestión de segundos. No puedo creer que le duela tanto el hecho de perderlo todo. No puedo creer que le preocupe más su maldito negocio que el hecho de que Tyler está aquí para vengarse.

Mi vista se clava en un punto en el suelo y trato, desesperadamente, de tragarme la frustración. De tragarme el enojo y el coraje que siento.

—Para mí sí ha terminado, Harry —me obligo a responder—.

No me interesa formar parte de tu mundo de mierda una vez más.

No quiero volver a tener miedo de salir a la calle solo porque Tyler anda suelto por ahí y…

— alzo mi mirada para encontrar la suya—, si tú no eres capaz de ponerle un alto, voy a hacerlo yo.

Así eso signifique que tenga que entregarte a la policía.

Un silencio sepulcral se apodera del ambiente. Su mirada se oscurece varios tonos, pero no la aparta de mí.

—¿Es una amenaza?

—Es una advertencia —susurro.

—No sabía que ahora sí tenías el valor de delatarme. —La amargura y el veneno en su voz me escuecen el alma por completo.

—Las cosas han cambiado desde que te marchaste —suelto, con el mismo veneno con el que él ha hablado—. Ya no soy la misma chiquilla miedosa de antes.

—Permíteme dudarlo —bufa.

—Vete a la mierda —escupo.

—¿Eso es todo lo que tienes? —dice y, por un instante, creo ver algo en su mirada. Creo ver… ¿dolor?

Una sonrisa se apodera de mis labios, pero me siento miserable.

—Lo único que quiero, Harry, es que salgas de mi vida de una vez por todas.

Estoy harta de toda tu mierda. Estoy cansada de que mi vida sea un desastre gracias a ti.

—Sé que sueno como él. Sé que estoy haciéndole daño, pero no me importa porque quiero lastimarlo.

Quiero herirlo de la misma forma en la que él me hirió a mí—.

Por primera vez en mi vida me sentía en paz conmigo misma.

Por primera vez en mucho tiempo era capaz de decir que tenía todo en orden; tal y como siempre debió de estar…

—niego con la cabeza—. No estoy dispuesta a permitir que lo pongas todo de cabeza de nuevo.

Nunca más, Harry. Y si para mantener mi tranquilidad tengo que entregarte a la policía, voy a hacerlo.

Harry da un paso más cerca de mí. De pronto, soy capaz de percibir la calidez de su cuerpo, y me siento aturdida y abrumada. A pesar de eso no aparto mi vista de la suya.

El aroma a desodorante y loción masculina inunda mis fosas nasales y un estremecimiento recorre mi espina dorsal.

—¿De verdad vas a entregarme? —Suena sereno, y lo odio por eso. Lo odio por no lucir afectado por mi cercanía.

—Sí —suelto, con un hilo de voz.

La tristeza en su mirada y el alivio en sus facciones me sacan de balance de un segundo a otro.

—No espero menos de ti, Maya. —Suena… ¿orgulloso?—. Esperaré ansioso a que lo hagas.

«¿Pero qué diablos?».

—¿Qué?

El sonido de una llamada en la puerta de la entrada hace que nuestra atención se pose en ella, interrumpiéndome a media pregunta.

La confusión se mezcla con una extraña sensación de desesperación y desasosiego que me embarga.

¿Qué demonios está pasando?, ¿por qué, en el infierno, Harry ha dicho todo eso?

«No lo entiendo. ¡Maldita sea! No lo entiendo».

Me toma un par de segundos obligarme a avanzar hacia la puerta de la entrada, pero cuando lo hago no me detengo hasta que abro.

Acto seguido, la figura de Jeremiah aparece en mi campo de visión y no me pasa inadvertido el hecho de que luce frustrado hasta la mierda. Su boca se abre para decir algo, pero, en un instante, se cierra de golpe. Su vista se ha clavado en un punto a mis espaldas y sé que está mirándolo…

—¿Pero qué demonios…? —exclama, con el rostro contorsionado en una mueca furibunda, pero se detiene a mitad de la oración antes de atreverse a volver a hablar—. ¡¿En serio, Maya?! ¡¿El tipo vuelve y lo primero que haces es correr a buscarlo?!

El coraje con el que me mira casi me hace querer rodar los ojos al cielo.

—No es lo que tú piensas.

—Ah, ¿no? —Las cejas de mi amigo se alzan con incredulidad e indignación—. ¡Joder, Maya! ¡El tipo es un imbécil! ¡No puedo creer que…!

—¿Quieres callarte? —Lo interrumpo en un siseo—. Necesito que me escuches antes de que saques tus propias conclusiones.

Jeremiah no dice nada; se limita a observar a Harry con determinación y rencor. Harry, por su parte, no hace otra cosa más que sostener la mirada hostil de mi amigo.

—Tengo un par de cosas que hacer —anuncia, sin apartar la vista de Jeremiah—. ¿Es mucho pedir que te quedes en casa hasta que vuelva a comunicarme contigo?

Me toma unos instantes descubrir que está hablado conmigo, pero, como no tengo ánimos de discutir, me limito a cruzarme de brazos y asentir.

Harry luce satisfecho con mi respuesta y, sin decir una palabra más, se encamina hacia la entrada del apartamento.

Cuando está a punto de salir se detiene en seco y mira por encima de su hombro.

—Por favor, cuídate mucho, Maya —pronuncia y la suavidad de su tono hace que algo en mi interior se agite.

—Lo haré —digo, sin apartar mis ojos de los suyos.

Él asiente con dureza y, tras unos instantes de intenso escrutinio, desaparece por el umbral.