Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

Estoy completa y absolutamente jodido.

Mi ceño se frunce un poco. No entiendo de qué demonios habla.

—¿Estás bien?

—¡No! ¡No estoy bien! ¡Estoy que me lleva el diablo! —Su tono desesperado me hace sonreír un poco a pesar de todo. Jeremiah es de esa clase de personas que deberían de existir por montones. Tiene la bendita capacidad de relajarme cuando más desesperada me siento.

—¿Qué pasa?

—¿Tienes tiempo para hablar?, de verdad, si no lo saco de mi sistema voy a sufrir un aneurisma.

—¿Qué es un aneurisma?

—¡No tengo una puta idea, pero suena jodido! —exclama y una pequeña risotada se me escapa sin que pueda evitarlo.

—¿Vienes?, también tengo cosas que contarte.

—Estaré allá en quince minutos —dice y, sin darme tiempo de decir más, finaliza la llamada.

—¿Jeremiah? —Kim pregunta y yo asiento en su dirección—. ¿Piensas decírselo?

—Sí —asiento—. Es mejor que lo sepa para que se ande con cuidado. No sabemos si Tyler supo quién fue el que llamó a la policía cuando todo pasó. No sabemos si supo de la presencia de Jeremiah esa noche.

Kim asiente en acuerdo.

—Tienes razón. Lo mejor es que se ande con cuidado.

—Necesito hacer un par de llamadas. —La voz de Harry nos interrumpe cuando estoy a punto de responder, y la atención tanto de mi amiga como la mía se posan en él.

Sin darnos tiempo de replicar o reaccionar, se pone de pie y se lleva una mano al bolsillo trasero de sus vaqueros para tomar su teléfono celular. Rápidamente, se encamina hacia el exterior del apartamento y nos deja a Kim y a mí a solas en la pequeña sala de nuestro departamento.

Nos quedamos en silencio unos instantes, tratando de digerir lo que está pasando, pero a estas alturas del partido, dudo mucho que cualquiera de las dos sea del todo consciente de la magnitud de esta situación.

—Necesitas llamar a la policía —Kim dice, al tiempo que me mira con angustia. El pánico en su voz no se hace esperar—. El tipo que intentó asesinarte hace un año está en la ciudad. Es peligroso. No puedes arriesgarte a que venga detrás de ti.

—Ir a la policía es entregar a Harry —digo, en un susurro, para evitar que Harry me escuche, a pesar de que sé que no puede hacerlo. Lo cierto es que no he podido dejar de pensar en eso desde que la posibilidad de llamar a la policía llegó a mi cabeza—. No voy a entregarlo.

El gesto furibundo que se apodera del gesto hace que me encoja sobre mí misma.

—¿Entonces planeas quedarte de brazos cruzados solo para protegerlo?

— escupe—. Maya, no tengo nada en contra de Harry, pero me parece bastante estúpido que arriesgues tu seguridad solo porque quieres cuidarle las espaldas.

No es justo. No cuando él se marchó a base de mentiras.

No cuando nos hizo creer a todos que sus intenciones eran buenas.

Sé que tiene razón. Sé que no debería tentarme el corazón por Harry porque no se lo merece, pero la sola idea de delatarlo y entregarlo a la policía me enferma. A pesar de todo, no soy capaz de hacerle esa clase de daño.

—Si lo delato, ¿en qué me convierto? —respondo, con un hilo de voz—. No puedo hacerle algo así. Por más mal que me haya hecho, no puedo hacerle algo así.

Los ojos de Kim se cierran con fuerza y sé que está tratando de mantener la ira y el coraje a raya.

—Lo único que quiero es que estés a salvo, Maya —dice—. Harry no puede garantizar que así será.

—Y la policía tampoco —refuto—. Harry tiene razón. La policía no va a mandar a alguien a cuidarme las veinticuatro horas del día, y yo no puedo pasar mi vida entera encerrada en este apartamento solo para evitar que Tyler me lastime.

—¿Entonces vas a dejar que Harry lo mate?, porque lo hará, Maya. Harry va a matar a ese tipo si se acerca a ti y lo sabes.

La angustia es tan intensa ahora que no puedo soportarla; y escucharla decir en voz alta el más grande de mis temores no ayuda en lo absoluto.

—Le pediré que no cometa una locura —digo, pero sé que va a ser imposible convencerlo de algo así—. Le pediré que haga lo correcto y lo lleve a la policía.

—No va a escucharte.

—Me lo debe —suelto y la miro a los ojos—. Me lo debe por haberse ido sin ser honesto desde el principio.

Kim está a punto de replicar cuando la puerta principal se abre una vez más.

El semblante de Harry ha cambiado por completo ahora. Luce descompuesto e iracundo. Todo su cuerpo irradia tensión y sus puños están tan apretados que sus nudillos se han puesto blancos. La confusión se apodera de mí en ese momento.

—Tenemos problemas —dice, con los dientes apretados. Su voz suena casi como un gruñido.

—¿Qué clase de problemas?

—Otra maldita banda —Harry escupe y se frota el rostro con una de las manos.

Entonces, estalla…

El aparato entre sus dedos es lanzado con tanta fuerza que se estrella contra la pared que se encuentra a pocos metros de distancia de nosotras. El teléfono celular impacta con violencia y los trozos del plástico destrozado caen al piso alfombrado.

El sonido hace que Kim ahogue un grito y que yo me encoja en mi lugar por mero instinto.

—¡Harry! —medio grito.

—¡¿Era necesario hacer eso?! —mi amiga chilla y lo mira con horror. Hayley, quien se encontraba dormida en el portabebés junto a uno de los sillones, comienza a llorar una vez más.

Estoy paralizada por la impresión. Completamente inmovilizada y aturdida ante lo que está ocurriendo.

—¡Maldita sea! —Harry ignora a Kim y tira de su cabello en un arranque de frustración y coraje.

El terror me invade el cuerpo cuando avanza hacia mí a paso decidido y feroz. De pronto, sus manos arrebatan el vaso que sostengo entre mis dedos y lo estrellan contra la puerta.

Los fragmentos diminutos del cristal brincan hacia todos lados y un pequeño grito de asombro escapa de mis labios.

—¡Harry, detente! —chillo, con horror.

Kim tampoco pierde ni un segundo, ya que se levanta a toda velocidad y acuna a su pequeña entre los brazos antes de apartarse del camino de Harry.

—Vete de aquí —le suplico y ella accede sin decir una palabra.

Estoy sola con él. Ni siquiera sé en qué momento me puse de pie. No sé cómo demonios voy a tranquilizarlo, no cuando la ira cruda y violenta en sus facciones es capaz de helar mis venas por completo.

De pronto, sus manos se aferran al borde de la mesa de centro que compramos hace poco.

—¡Harry, no! —Apenas alcanzo a pronunciar, cuando la madera es estrellada contra la pared donde se encuentra la ventana de la sala.

Un chillido cargado de terror brota de mis labios al instante—.

¡Basta! —grito, pero él no parece haber tenido suficiente aún, ya que busca con desesperación algo más para arrojar al aire—. ¡Es suficiente, Harry!

Dudo, pero doy un paso en su dirección y luego otro hasta que, sin más, me encuentro delante de él.

—Quítate —escupe, iracundo.

—¡No!

—¡Muévete de mi maldito camino! —grita.

—¡No! ¡No voy a dejarte destrozar mi maldito departamento! —grito de vuelta—. ¡Esto no soluciona absolutamente nada, Harry!

Sus ojos son una tormenta de tonalidades verdes y ambarinas que se revuelven en el torrente furioso de su expresión. Su ceño está fruncido con enojo y frustración y toda su anatomía luce tensa y en guardia.

Por un doloroso instante, me siento intimidada por su imponente presencia frente a mí, pero me obligo a sostenerle la mirada, mientras él trata de acompasar su respiración irregular.

—No tienes idea del maldito problema que supone esto —sisea, con la voz enronquecida; y el pánico en su voz hace que una presión extraña me atenace el corazón.

—¿Y destruyendo cosas vas a solucionar algo? —Mi voz suena temblorosa pero determinada.

Una risa amarga y carente de humor brota de su garganta.

—Tyler vino con otra banda, Maya. Otra jodida banda que hace lo mismo que los míos y yo.

¿Sabes lo que eso significa? —Su voz suena cada vez más pastosa y ronca—.

Significa que está dispuesto a pelear conmigo.

Significa que me ha declarado la guerra.

Que trata de adueñarse de todo eso por lo que he luchado y que no va a descansar hasta vengarse.

No va a parar hasta que todos los míos estén muertos.

¿Recuerdas que una vez te dije que esto estaba lejos de terminar? , bueno, pues a esto me refería.