Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Creí que Will era mi amigo. Creí que me había mantenido lejos de las delegaciones por mi bien y no por el de Harry. Ahora sé que solo estaba cubriéndolo para que yo no averiguara la verdad.

—Yo le pedí que no te lo dijera. —Harry se apresura a explicar. De pronto, luce angustiado—. No es su culpa. Él…

—Vete de aquí. —Mi voz es un susurro tembloroso y débil.

—Maya, por favor, necesito hablar contigo sobre…

—¡He dicho que te vayas! —Mi voz se alza lo suficiente para hacer llorar a Hayley. No quiero asustarla, pero me es imposible estar tranquila en este momento. Todo mi cuerpo tiembla debido a la ira que me embarga. Todo en mi interior es una revolución de ideas y sentimientos.

—Escúchame, por favor, Maya. Es importante que te diga que…

—¡No quiero escucharte! —Mi voz se eleva un poco más—.

¡Basta! ¡Olvídate de mí! ¡Déjame en paz de una maldita vez!

¡Ya has dicho todo lo que tenías que decir, ahora vete!

—El reducido espacio en el que nos encontramos me asfixia y lo único que puedo hacer es empujarlo hacia la entrada con mi mano libre.

Hayley llora, Harry no deja de hablar y yo no dejo de pedirle que se vaya… El pequeño espacio es un caos y lo único que quiero es que toda esta horrible pesadilla termine.

Estoy harta de esto. Harta de las mentiras, los engaños, las verdades a medias… Odio que Harry Stevens siga en mi vida. Odio haber creído que Will era mi amigo. Odio la insoportable idea de haber sido traicionada de este modo.

Harry está fuera del apartamento y yo estoy a punto de cerrar la puerta frente a sus narices.

—¡Tyler está en la ciudad, Maya! ¡Maldita sea! ¡Tienes que escucharme!

Mi mano se congela en el instante en el que sus palabras llegan a mis oídos y mi corazón se salta un latido.

El terror me atenaza el estómago con tanta fuerza que apenas puedo respirar; mis manos tiemblan y cientos de recuerdos acerca de las horribles cosas que ese hombre me hizo llegan a mí y me golpean como si fuesen un tractor demoledor.

«No, no, no, no, no…».

—¿Qué?

—Según mi fuente, ha venido a ajustar cuentas conmigo y, en lo que a mí me concierne, tú eres una de esas cuentas que tanto desea saldar. —La preocupación y la desesperación en su mirada me hacen sentir más allá de lo aterrorizada—. Viene por mí, Maya. Por nosotros…

No puedo respirar. Mi pulso late con tanta fuerza que puedo sentirlo golpeando en mis sienes y detrás de mis orejas. El mundo a mi alrededor ha perdido enfoque y, de pronto, sé que debo dejar a Hayley en algún lugar porque no puedo dejar de temblar sin control.

—¡Maya! —La voz llega a mis oídos en la lejanía y alguien aparta a la bebé de mis brazos—. ¡Oh, jodido infierno! ¡Respira!

Trato de inhalar con fuerza, pero el malestar no se va. La opresión dentro de mi pecho es intensa y dolorosa. Esto ya me ha ocurrido antes. Ya me he sentido de esta manera en el pasado, y sé, por sobre de todas las cosas, que estoy teniendo un ataque de pánico.

Sé que necesito replegarme a mí misma y respirar profundo, justo como dijo el psiquiatra que hiciera, pero todo duele y zumba de manera incontrolable.

Hay voces y ruidos inconexos a mi alrededor. No sé cómo es que llegué al suelo. Tampoco sé en qué momento pegué mis rodillas a mi pecho y hundí la cabeza en el hueco entre mis piernas. Mis manos están sobre la nuca y fuerzo a los pulmones a jalar aire con brusquedad.

Alguien está frente a mí. Susurra cosas en un tono dulce y tranquilizador, y trata de llegar a mí. Trata de envolverme entre sus brazos, pero me aparto.

Me aparto porque sé que es él. Me aparto porque debo demostrarme a mí misma que no lo necesito. Que nunca lo he necesitado.

—¡Esto no está bien! —dice una voz familiar, y creo que se trata de Kim—. ¡Hay que llamar a una ambulancia!

—¡No! —jadeo, y me obligo a inhalar con más profundidad—. ¡N-No!

—Maya. —Es Harry quien habla. Suena aterrorizado—. Por favor…

—¡Estoy bien! —suelto, en un resuello, pero mi pecho duele como nunca—. ¡Estoy bien! Estoy. Bien.

No sé cuánto tiempo pasa antes de que el aire empiece a llenar mis pulmones con lentitud, pero se siente como la gloria. El alivio en mi sistema es tan grande que me abruma.

Aún tiemblo. Aún me duele el pecho y la cabeza, pero puedo respirar. Le he ganado otra batalla al miedo y al pánico. Le he ganado otra batalla a mis demonios.

Mi vista se alza poco a poco y me topo de frente con el rostro de Harry.

Está tan cerca de mí que soy capaz de percibir el olor a crema para afeitar, desodorante y loción para hombre que emana su cuerpo.

Está tan cerca que soy capaz de ver el caleidoscopio de tonalidades verdes que hay en su mirada.

Las burdas cicatrices en el lado izquierdo de su cara lucen más escandalosas a esta distancia, y su mandíbula apretada solo consigue acentuarlas un poco más.

—Estoy bien —repito, mirándolo a los ojos, solo porque quiero que le quede claro que no lo necesito.

Él traga duro y noto cómo la angustia se arraiga en su expresión.

—Me voy a encargar de que así siga siendo. No voy a dejar que ese bastardo se acerque a ti, Maya. Lo prometo.