Capítulo 36
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Cada vez falta menos para el comienzo de la temporada y, al igual que toda la nobleza inglesa, estoy ansiosa por ver a los marqueses de Stafford y descubrir si los rumores sobre su inminente divorcio son ciertos.
Aunque, teniendo en cuenta que lord Stafford continúa frecuentando a su antigua amante y pasa más tiempo fuera de casa que junto a su esposa, me temo que pronto podríamos dejar de llamar marquesa de Stafford a nuestra querida lady Liviana.
Tanto esfuerzo para convertirse en marquesa y conseguir a uno de los caballeros más venerados de Londres, al final, resultaron inútiles.
Revista de sociedad de Lady Kennt.
Liviana todavía no sabía qué pensar. Había transcurrido una hora desde que descubrió el jardín y, aun así, no conseguía apartarlo de su mente ni olvidar que Marcus había hecho todo aquello pensando en ella.
Él no se había limitado a ordenar que embellecieran el patio, cosa que podría haber hecho, sino que había preguntado qué quería, cuáles eran sus flores favoritas e incluso había mandado colocar la mesa y las sillas que ella había deseado y a las que él se había negado rotundamente.
«Está enamorado de ti».
Las palabras de Jayne continuaban rondándole la cabeza.
Liviana sintió un vuelco en el corazón y rápidamente intentó ignorarlo.
¿Cuántas veces había deseado que Marcus la amara?
Durante mucho tiempo habría dado cualquier cosa por recibir una mínima muestra de afecto de su parte.
Se habría conformado con que la mirara con cariño, que mostrara algún interés por conocerla o simplemente que le permitiera acercarse a él sin hacerla sentir como una intrusa en su propia casa.
Y ahora que quizá estaba empezando a sentir algo por ella, ya no podía creerlo.
En su cabeza solo estaba el pensamiento de que tal vez Marcus intentaba conseguir una convivencia más agradable.
Después de todo, había dejado claro que no quería el divorcio.
Si pretendía conservarla como esposa, era lógico que quisiera hacer más llevadero el matrimonio.
Eso podía explicar el jardín, los regalos e incluso parte de su repentino interés por ella.
Pero ¿cómo podía creer que Marcus estaba enamorándose de ella mientras tenía a Emma como amante?
Y eso era lo que verdaderamente la hacía dudar de sus supuestos sentimientos.
Estaba segura de que, cuando se amaba, no había ojos para nadie más.
Ella misma podía ponerse como ejemplo: había estado enamorada de Marcus desde hacía muchos años y, por mucho que hubiera intentado olvidarlo, ni siquiera la distancia de un año y medio había podido borrar sus sentimientos.
Tampoco había conseguido mirar a otros hombres con otros ojos.
Por eso no comprendía cómo Marcus podía besarla como lo hacía, pedirle una oportunidad para formar una familia y, al mismo tiempo, buscar a Emma.
No. Eso no podía ser amor.
Jayne regresó a su lugar después de que el ama de llaves se retirara.
—Para la cena tendremos sopa de espárragos, trucha con mantequilla y hierbas, pollo asado acompañado de patatas y, para terminar, tarta de manzana y crema —dijo Jayne con una media sonrisa.
Le había pedido que decidiera el menú de la cena de ese día; ella ni siquiera podía concentrarse en la comida.
—Suena delicioso —musitó con pocos ánimos.
—Deberías pedirle a tu esposo que compre un pianoforte —comentó Jayne, dejando caer los hombros con aburrimiento.
Liviana levantó las cejas y negó con la cabeza.
—No le pediré nada, Jayne —respondió con suavidad.
Jayne resopló por lo bajo y se recostó contra el respaldo de su silla.
—Tal vez hoy mire las estrellas. ¿Puedes prestarme tu telescopio? —preguntó con una sonrisa, y Liviana asintió.
—Tienes que agradecerme haberlo traído.
—No sabes cuánto te lo agradezco —dijo Jayne, llevándose una mano dramáticamente al pecho.
Liviana negó con la cabeza y sonrió un poco.
En ese momento entró Bombón, su gato negro, y caminó hasta ella para rozarle los pies. Liviana lo miró alzando una ceja.
—¿Quieres comida, eh? —musitó con los ojos entrecerrados—. Últimamente solo me buscas para eso.
Liviana se levantó de su lugar para ir a la cocina y ordenar que prepararan la comida de sus gatos, pero se detuvo cuando Collins entró al salón e hizo una leve reverencia.
—Milady, el duque de Windsor ha llegado y solicita verlas —anunció el mayordomo.
Liviana se señaló a sí misma y frunció el ceño.
—¿A mí también? ¿No solo a Jayne?
—Efectivamente, milady.
—Entonces, hazlo pasar —ordenó, y el hombre asintió despacio. Antes de retirarse, Liviana lo detuvo—. Y, por favor, ordena que les sirvan la comida a Bombón y Nube.
—Enseguida, milady.
Collins abandonó la estancia, dejándolas solas una vez más.
—¿Por qué tu hermano quiere verme también? —preguntó, volviendo a su lugar. Jayne se encogió de hombros y luego ladeó la cabeza, mirándola con el ceño fruncido.
—La verdad... la última vez que estuvo aquí con Leo, fue bastante insistente en verte —contó Jayne, ahora con una mezcla de curiosidad y escepticismo.
Liviana ladeó la cabeza, confundida ante eso. Le parecía demasiado extraño que el duque se interesara tanto en su presencia. Ni siquiera lo conocía tan bien como a Beaufort, con quien sí había compartido más tiempo y conversaciones.
La puerta volvió a abrirse, dejando ver al duque de Windsor, quien se acercó a ellas con una sonrisa.
Ambas se pusieron de pie enseguida, y Jayne fue quien se adelantó para abrazar a su hermano.
Liviana permaneció donde estaba hasta que Windsor se separó de su hermana y reparó en ella.
Se sintió algo nerviosa al notar la intensidad con que el duque la observaba.
—Lord Windsor —saludó con cortesía, procurando no mostrar su nerviosismo.
—Milady —dijo el hombre con voz ronca, acercándose para besarle el dorso de la mano.
Liviana tragó saliva y retiró la mano con discreción al notar que el duque la retenía entre las suyas más tiempo del debido.
—Logan —lo llamó Jayne para atraer su atención. Su expresión revelaba una creciente curiosidad ahora que empezaba a percatarse del interés de su hermano por su amiga—. ¿Cuál es el motivo de tu visita esta vez?
—Bueno —carraspeó él—, quería saber cómo estaba mi hermana pequeña. Después de todo, estás alojada en una casa que no es la tuya, sin ánimo de ofender.
Liviana enseguida negó sin mostrar molestia alguna por sus palabras.
—Sentémonos —indicó Liviana, volviendo a sentarse en su lugar. El duque lo hizo en un sillón demasiado cerca de ella.
—Y también porque nuestra madre me ha pedido que viniera personalmente a pedirte que asistas al baile que darán dentro de tres días como apertura de la temporada.
Jayne soltó un resoplido.
—Claro que pienso ir, pero no hablaré con ellos —sentenció ella con el ceño fruncido.
El duque se llevó una mano al puente de la nariz.
—Jayne —comenzó con suavidad—. Por favor, ellos quieren reconciliarse contigo o, al menos, intentarlo.
—¿Y por qué no vienen personalmente a decirme que quieren que asista a su baile o que regrese con ellos? —preguntó la rubia, mirando fijamente a su hermano.
Cualquiera podría negar que eran hermanos. Tenían muy poco en común y, por eso, Liviana ansiaba conocer al duque y confirmar su teoría de que Jayne era más parecida a su padre que a su madre.
—Sabes lo orgullosos que son, y el escándalo que provocaste años atrás los dejó en una posición bastante delicada ante la sociedad —explicó el duque, y Jayne volvió a bufar, ahora con el rostro más rojo, como si estuviera aguantando las ganas de llorar.
—Todo siempre gira en torno a su reputación, ¿verdad? —espetó ella con la voz temblorosa—. ¿Acaso se pusieron a pensar en lo que aquel escándalo provocó en mí? En el daño que el rechazo de Christian le causó a mi corazón, a mi vida y a... —se calló, levantándose y dándoles la espalda.
Liviana miró a su amiga con los ojos abiertos. Nunca la había visto tan vulnerable ni pronunciar un nombre con tanto odio. Miró al duque, que tenía una expresión indescifrable, una mezcla de culpa y resignación, como si él hubiera tenido algo que ver con toda esa situación.
—Jayne —la llamó con más suavidad, a la vez que se levantaba y se acercaba a su hermana—. Lo siento, no quería hacerte recordar el pasado. Solo quiero que nuestra familia vuelva a ser lo que fue una vez.
Jayne se giró para quedar frente a él, con los ojos rojos, pero sin una lágrima derramada.
—¿Crees que sea posible? ¿Volver a ser esa familia? —preguntó con la voz quebrada.
El duque la abrazó y depositó un beso sobre su coronilla con ternura.
—Tengo la esperanza de que sí —musitó él.
Liviana tragó el nudo que se le formó en la garganta al ver la escena. Sonrió con tristeza y limpió una lágrima que se le había escapado. Quizá Jayne no lo sabía, pero tenía la fortuna que ella deseaba: una familia que la quisiera.
Pasados algunos minutos, los hermanos volvieron a tomar asiento, ahora más relajados. El duque fijó nuevamente la atención en ella e, inevitablemente, Liviana volvió a sentirse nerviosa. Había una intensidad en la forma en que la observaba que no le parecía apropiada.
—¿Y usted? ¿Piensa asistir al baile de mis padres? —preguntó con una voz más ronca, casi seductora.
Liviana parpadeó antes de asentir lentamente.
—¿Por qué preguntas, Logan? —preguntó Jayne, pero él no dejó de mirarla con esa intensidad.
—Solo curiosidad —respondió él simplemente antes de levantarse. Las dos también hicieron lo mismo—. Me retiro —informó con seriedad—. Las veré pronto.
—Te acompaño, hermano —dijo Jayne, acercándose a él.
—Milady, estoy deseando que llegue el baile —musitó antes de volver a besarle el dorso de la mano.
Liviana solo le sonrió con educación y asintió, sin comprender por qué deseaba verla en el baile. Los vio salir del salón y soltó el aire contenido mientras llevaba una mano a su estómago.
—Eso fue... extraño —musitó para sí misma antes de sacudir la cabeza y mirar por el ventanal cómo el carruaje del duque se alejaba de la propiedad.
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