Mi Sobrino, Más y Más #2
Se escucha una especie de chasquido húmedo. Grito de dolor. La cabeza ancha comienza a entrar. Empieza a vencer mi resistencia. La boca de Ernesto está junto a mi oreja. Me pide "shhhh", trata de tranquilizarme.
Pongo firme mi trasero, porque en cada empujón de mi sobrino lo lleva hacia delante y dificulta aún más la penetración. Hago fuerza hacia atrás. Me empiezo a clavar yo solita.
-Relájate, tía... la cabeza es lo que más cuesta... después viene el placer...
No sé por qué otra vez me sale llamarlo así.
-Ay, mi niño mío... me duele mucho... me matassss....
Ernesto mete su lengua en mi oreja. Sus manos están aferradas al respaldo del sillón para afirmarse mejor. Sigue empujando con los movimientos de su cadera. Retrocede un poco, enseguida vuelve a avanzar. Gana terreno, va abriéndome más y más a cada paso.
-Lo estás haciendo bien mamita... relájate... siente mi carne... siente mi carne dentro tuyo...
Un empujón más fuerte. Siento entrar cada centímetro de su barra de carne dura, abriendo mi esfínter, derrotando su resistencia. Casi puedo sentir los pliegues que retroceden a medida que son vencidos y dejan paso al instrumento victorioso que busca avanzar hasta el fondo de mi ser.
-Aggggghhhhhh cuánto me duele.... agggggghhhhhhhh
Mis gritos ya son de escándalo, deben escucharse en todo el vecindario. Muerdo el sillón, clavo mis uñas en el respaldo, los ojos se me ponen en blanco. Siento la boca seca, me paso la lengua por los labios. Por momentos hasta me falta el aire.
-Ya está casi toda adentro... ¿quieres que la saque?
-Noooooo..... aggggghhhhhh.... sigue.... aunque me muera la quiero toda.... aaaagggghhhhh...
Ernesto me susurra cosas calientes al oído.
-Tía querida, mi amor... qué hermoso culo tienes... desde la primera vez que quiero romperte el culo... y ahora te lo estoy rompiendo... te estás comiendo toda mi verga... ahhh cuánto te amo... estoy rompiendo el mejor culo del mundo...
Llevo una de mis manos hacia atrás para comprobar cuánto falta entrar. Apenas unos centímetros. Compruebo que hay mucha humedad, Ernesto fue dejando caer saliva sobre su tronco a medida que avanzaba.
-Ahhhhh.
Con un grito victorioso, Ernesto me anuncia que entró toda.
Completa, absoluta. Nada de su verga quedó afuera.
Los pelos de la base rozan mis nalgas. Me enculó toda, sin resquicio.
Así tomada como me tiene desde atrás me abraza, sus poderosas piernas están pegadas contra la parte posterior de mis muslos, su pecho sobre mi espalda, sus brazos rodeándome.
Me toma la cara, la gira para que quedemos viéndonos, me besa profundamente en la boca, me pasa la lengua ancha por todo el rostro, me lame, me moja.
-Me la metiste toda mi amor –le digo con lágrimas en los ojos.
-Toda mami... la tienes toda metida en el culo.
Nos quedamos inmóviles. Siento un ardor intenso, el culo me palpita y esas contracciones involuntarias aprietan más y más la verga de mi sobrino. Él empieza un lento vaivén, sólo con sus caderas.
-Ahhhh... hijito...
-Siente la bombeada... la sientes mami...
¿Cómo hacer para no sentirla? Ernesto me bombea pene por el culo y yo ya no siento el dolor imposible del comienzo. Al contrario, estoy disfrutándolo.
-Ahhh... seguí mi amor... seguí así... ahora sí me gusta... ahhhh cuánto placer me das...
Me bombea cada vez más fuerte, más intenso. Siento su verga hasta lo más profundo de los intestinos, se mueve a su antojo por el canal del recto, me abrió como un túnel y por él entra y sale con comodidad.
Los movimientos de Ernesto son cada vez más intensos, más profundos.
La saca por completo y la vuelve a meter de un golpe.
Grito, pero ahora es de placer. Vuelve a sacarla toda, abre mis nalgas con sus manos, escupe en el hueco terriblemente abierto de mi ano y me clava otra vez, con violencia.
Ya no es el chico tierno, es el macho dominador que somete a su hembra, loco de calentura.
Lo dejo hacer. Le entrego mi cuerpo. Es mi dueño, que haga con él lo que quiera.
Estoy vencida, conquistada, al mismo tiempo llena de placer.
Me siento plena, completa. Gozo igual que él con su triunfo, su conquista.
Me encantan sus palabras fuertes, que me diga que me rompe el culo, comparto su orgullo por su verga vencedora que domina todos mis agujeros.
Me encanta sentirme así abierta para él.
Ojalá el hoyo del ano no se me cierre nunca, como recuerdo de este momento único.
Con un grito, Ernesto acaba. Me toma de las caderas, la mete a fondo, increíblemente a fondo, tanto que me corta la respiración, y se queda inmóvil.
Estoy tan dilatada que siento las contracciones de su verga eyaculando, disparando sus chorros, llenando mis intestinos de leche.
Yo también tengo un orgasmo aunque ni siquiera me rocé el clítoris.
Gemimos, aullamos, nuestra piel, nuestra carne, nuestros jugos, son uno solo.
Mi sobrino retira lentamente su tronco de carne de mi hueco.
Estoy agotada, el corazón me salta desbocado en el pecho.
Quedamos abrazados en el sillón, recuperándonos.
Tiemblo de la excitación, mi piel está erizada, un roce en mis pezones me pone al borde de otro orgasmo.
Este chico me está volviendo loca. He cometido incesto. Pero, ¿cómo rechazar tanto placer?
Acaricio su verga ahora en reposo. El glande está rojizo, como irritado después de tanto esfuerzo.
Siento las palpitaciones de mi ano cerrándose poco a poco, y el líquido espeso que fluye desde el interior de mis intestinos y me humedece las nalgas.
La sensación de ser penetrada por detrás me durará varias horas.
-Eres hermosa –me dice, acariciando con suavidad mis tetas estremecidas.
Me digo que ya no tiene sentido luchar contra lo que sentimos.
-Ven, vamos a mi cama –lo invito.
Sí. Quiero que me coja otra vez.