Mi suegra (Historias prohibidas) Mi suegra es muy servicial #3
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Mi suegra es muy servicial #3

—Come, zorra —le gritaba—, así, sigue, te vamos a follar tu hija y yo, te vas a desahogar de tantos años.

—Así, mamita, qué coño tienes.

Solté a mi suegra, que ya estaba más dócil, pues la calentura le hacía olvidarse de todo. Mi cuñada se tumbó en el suelo y acerqué a mi zorra a su coño. La obligué a comérselo mientras la enculaba de forma bestial. Con cada embestida, casi penetraba a mi cuñada. La tumbé encima de ella.

Se rozaban los pechos: unos algo caídos y otros bastante prietos. La enculé, derramando todo mi semen sobre su espalda. Me retiré y mi cuñadita seguía lamiéndoles los pezones, que estaban muy duros. La puse boca arriba en el suelo y la acaricié durante un buen rato.

La levanté y, cogiendo mi flácida verga, hizo que me la lamiera otra vez mientras mi suegra me comía la polla.

En ese momento apareció mi cuñada, que llevaba unas correas en las que había un consolador bastante grande.

Guiñándome el ojo, volvió a meterle los dedos en el coño.

Mi suegra empezó a gemir y mi cuñada le metió el consolador en el coño.

La estuvo follando como si fuera un tío. Esa visión hizo que me corriera en la boca de mi suegra enseguida. Mi suegra consiguió un orgasmo que la hizo estremecerse de placer. Cuando acabó, fue mi suegra la que se colocó el consolador y corrió a mi cuñada.

Acabamos rendidos. Se acercaba la hora de la cena, así que recogimos todo y volvimos a ser una familia normal. Aunque, desde ese día, nos tiramos a mi suegra los dos juntos o por separado.

Para terminar con mis relaciones con mi suegra, os voy a contar cómo la engañamos para que practicara sexo con un perro y cómo la exhibimos con unos amigos.

En complicidad con mi cuñada, quedamos en que por la mañana iría a por el perro que tenemos en el campo con la excusa de que había que llevarlo al veterinario para ponerle las vacunas. Planeamos follarnos a mi suegra, o más bien que el perro se la follara.

Aparecí por la mañana con el perro. Mi suegra me preguntó dónde iba. Le dije que pensaba que me lo iban a vacunar, pero el veterinario había tenido que salir y no me lo vacunaría hasta la tarde; mientras tanto, lo dejaría en el balcón.

Salí a la calle muy excitado, pensando en cómo se tiraría el perro a mi suegra. Estaba muy excitado.

Regresé a la hora de comer; aún no había llegado la familia, así que me dediqué a molestar a mi suegra.

—Déjame, que están a punto de llegar. Cuando se vayan, follamos, ¿vale?

—De acuerdo, puta, cuando se vayan vas a gozar como nunca.

—Acuérdate de que Sandra también estará.

—Ya lo sé, por eso no paro de pensar en cómo me la voy a follar.

Era verdad, llevaba todo el día excitado imaginando cómo se la iba a follar mi perro.

Mi perro es un pastor alemán bastante grande.

Tanto mi cuñada como yo habíamos leído y visto fotos sobre zoofilia, pero nunca lo habíamos practicado con nadie ni visto tan de cerca, solo en vídeos para informarnos sobre cómo podríamos hacerlo.

Terminamos de comer, algo que se nos hizo eterno a mi cuñada y a mí. Se fueron todos. Mi suegra había recogido la cocina mientras se iban, para estar totalmente «dispuesta» para nuestros juegos. Empecé a sobarla, algo que la volvía loca. Cuando acabé, comenzó a desnudarse.

Entonces apareció mi cuñada vestida de ama, con su fusta, consoladores, etc.

Eso hacía que mi suegra se humedeciera. Hacía dos semanas que no la utilizábamos como juguete y ya estaba bastante excitada.

La desnudé a empujones y pellizcos, la insultaba, le metía los dedos en el coño y el culo.

En un momento la tuve completamente desnuda, con sus grandes tetas colgando.

La agaché y le hice que me chupara la polla.

Mi cuñada la tocaba y le metía juguetitos en el coño.

La puse en un reposapiés bajito para que el perro pudiera acceder a su coño y culo.

Con cinta americana, le sujeté los brazos a las patas del taburete y también le abrí bien los muslos.

No podía moverse, pero eso la ponía más cachonda. Estaba en una posición muy excitante: las tetas le colgaban y se le veía perfectamente el coño, lista para ser usada por todas partes. Mi cuñada le acercó el coño a la boca y la zorra empezó a lamérselo. Yo le decía:

—Así, perra, cómeselo bien a la puta de tu hija.

Me dirigí a la cocina y volví con un bote de miel. Se lo pringue todo: el coño, el culo y los pezones. La muy zorra estaba chorreando. La sensación fría de la miel también le gustaba.

Cuando terminamos, mi suegra me confesó que le había gustado mucho y que tendríamos que repetir, esta vez sin atar.

Así fue como descubrimos que también nos gustaba el sexo. Con mi suegra he practicado todo lo que he deseado: cedérsela a algún compañero, follarla, meterle dos vergas por el mismo agujero, etc.

En fin, bastantes cosas. Hoy en día casi no lo hacemos, pues mis hijas ya son mayores y correríamos más peligro de que nos descubrieran. Eso siempre ha sido un secreto entre los tres, ya que, por suerte, nunca nos descubrieron.