Capítulo 150
En el Aeropuerto Internacional de Lingzhou, tras aterrizar el avión, Lin Yunxi salió por la zona VIP.
Tras recoger su pequeña maleta facturada, Lin Yunxi salió del aeropuerto, pidió un coche con una aplicación y se dirigió directamente al hotel que ya había reservado.
Ya en el coche, Lin Yunxi se acomodó en el asiento trasero y sacó un pequeño espejo de su bolso de diseñador para revisar con cuidado el delicado maquillaje de su rostro.
Al mirarse en el espejo, no pudo evitar elogiarse en voz alta.
—Soy realmente guapa. Esta noche, Lin Zee, ese pervertidillo, seguro que cae rendido a mis pies...
—Ahora que lo pienso, seguro que todavía no sabe que ya estoy en Lingzhou, ¿no?
Al oír a Lin Yunxi, el conductor no pudo evitar echar otro vistazo al espejo retrovisor. Para sus adentros, pensó:
«Joder, esta chica es guapísima».
«Es preciosa de verdad. Si tuviera una mujer así, qué vida me daba...»
«Menuda suerte tiene el tal Lin Zee...»
«¡Ay! Qué pena. Ya tengo más de cuarenta, sigo soltero y aquí estoy, conduciendo un VTC».
«Unos sin pan y otros con dos hogazas...»
Pero quejarse no servía de nada. La vida seguía. Con ese pensamiento, el conductor sacudió la cabeza, apartó aquellas ideas de su mente, se concentró en el navegador y siguió conduciendo por la autopista del aeropuerto.
Al salir de la autopista y entrar en la ciudad, el coche fue reduciendo la velocidad. Mientras esperaban en un semáforo, el conductor no pudo evitar echar otro vistazo a Lin Yunxi por el retrovisor.
Aprovechando que el coche iba más despacio, Lin Yunxi se retocaba el maquillaje en el asiento trasero. Vete a saber qué había que retocar, si ya lo tenía tan perfecto que parecía irreal.
Al ver los labios rojo fuego de Lin Yunxi y aquella mirada que robaba el alma, el conductor volvió a tragar saliva. No pudo resistirse a entablar conversación.
—Oye, guapa, ¿vas a ver a tu noviecito?
Sin dejar de retocarse el maquillaje, Lin Yunxi respondió sin levantar la vista.
—Sí. Mi noviecito está en Lingzhou, así que he venido volando desde Modu para verlo.
El conductor asintió y, mirándola por el retrovisor, la halagó abiertamente.
—Pues tu novio tiene mucha suerte. No solo tiene una novia tan guapa, sino que encima has venido volando hasta aquí solo para verlo...
Lin Yunxi cerró la polvera y miró al conductor por el retrovisor.
—¿A que sí? Yo también lo creo.
—Por desgracia, no soy la única mujer que tiene. He venido porque lo echaba de menos.
Al oír aquello, el conductor se quedó de piedra. ¿Cómo? ¿Ese chaval tenía más de una mujer? Si la que tenía delante ya era tan guapa, ¿acaso las otras iban a ser feas?
Con ese pensamiento, la cara del solterón que llevaba media vida solo se torció aún más de resentimiento. Maldita sea. El puñetero Lin Zee. Tenía más de una mujer así de guapa.
Con eso en mente, soltó:
—Ah, los hombres son así. Comen del plato y miran a la olla.
—Además, los jóvenes de hoy en día vais mucho a vuestro aire. Es lo normal. Pero tiene que ser duro para ti.
—Los hombres jóvenes de hoy en día suelen ser unos sinvergüenzas.
—No como yo. Si tuviera una mujer tan guapa como tú, nunca...
Antes de que pudiera terminar, Lin Yunxi le dio un golpe al respaldo del asiento.
—¡El sinvergüenza eres tú!
—¿Sabes conducir o no? Si no sabes, ¡para el coche!
—¿Qué dices? ¿Quién te ha dado vela en este entierro para juzgar a mi hombre?
—¡Para! ¡Quiero bajarme!
El conductor se quedó atónito. Por su cara, no parecía de las que montan escenas. ¿Cómo había estallado así por una frase desafortunada?
Al ver su reacción, el conductor se apresuró a disculparse.
—Guapa, perdona, perdona. Se me ha ido la lengua.
—Perdona, perdona...
—No debería haber hablado de tu novio...
—Perdona, perdona...
Lin Yunxi puso los ojos en blanco ante el conductor, que seguía disculpándose, y no dijo nada más. Esperó en silencio a llegar al destino para bajarse cuanto antes.
Estaba hasta las narices. Como iba a ver a Lin Zee esa noche, Lin Yunxi había estado de un humor estupendo todo el día.
Pero el buen humor que había mantenido todo el día se lo acababa de cargar aquel tipo asqueroso. No solo había llamado sinvergüenza a su hombre, sino que encima había dicho que si ella fuera su mujer...
Asqueroso. Descarado.
Durante el resto del trayecto, Lin Yunxi mantuvo una expresión sombría.
Cada vez que el conductor miraba por el retrovisor, veía a Lin Yunxi fulminándolo con la mirada, lo que le hacía estremecerse.
Solo esperaba llegar pronto al destino. Si aquello seguía así, le iba a hacer un agujero con los ojos.
Solo cuando llegaron a la entrada del hotel pudo el conductor soltar un suspiro de alivio y detener el coche.
Al ver que el coche se detenía, Lin Yunxi le lanzó otra mirada asesina al conductor antes de abrir la puerta y bajarse. Tras recoger su maleta, se acercó a la ventanilla del conductor, se agachó y miró al nervioso hombre.
—Qué asco. Un sapo queriendo comerse a un cisne.
—¿Te crees que me mereces como mujer?
—¡Sigue soñando!
Tras soltarle aquello, se dio la vuelta y entró en el hotel con paso firme.
Allí se quedó el desconcertado y asustado conductor, lamentándose en silencio. ¡Ay! Nunca, jamás debería haber hablado con esa chica. Bajó la visera del parasol, abrió el espejito y se miró la cara.
—¡Ay! Con esta cara que tengo, ¿cómo se me ocurrió intentar ligar?
Mientras hablaba, se dio una bofetada.
—¡Te lo mereces!
Luego se dio otra.
—Con esa cara, no me extraña que estés soltero.
—Se acabó. Se acabó. Ya no conduzco más. ¡Me voy a casa!
...
En una amplia suite del Hotel Hanmei, Lin Yunxi ordenaba su pequeña maleta.
No tenía muchas cosas. La mayoría era ropa. El maquillaje y demás lo había metido todo en el bolso que llevaba encima.
Tras ordenar sus pocas pertenencias, Lin Yunxi se dejó caer en la cama con una sonrisa. Al sentir el suave colchón, el mal rato con el conductor se esfumó al instante.
En cuanto a la ropa de la maleta, aparte de las mudas de diario, el resto eran sin duda conjuntos que le gustaban a Lin Zee.
Cosas como disfraces navideños, disfraces de sirvienta, prendas con encaje, camisones finos, uniformes de oficina...
Y todo tipo de medias negras, medias blancas, con encaje, con adornos, con letras, con pedrería y cosas por el estilo.
Aparte de eso, no había mucho más. Tras quitarse los tacones de tira, Lin Yunxi se puso el pijama que había traído, levantó una esquina del edredón y se metió dentro.
Tumbada cómodamente en la cama, se desperezó. Luego Lin Yunxi se incorporó, cogió unas medias y se las puso.
Eran negras, con letras, y quedaban de lo más llamativas.
Lin Zee no tenía ni idea de que Lin Yunxi había llegado de Modu a Lingzhou. Y menos aún de que lo había preparado todo.
En realidad, Lin Yunxi tenía dos motivos para venir a Lingzhou.
Primero, quería ver a Lin Zee. Lo echaba de menos.
Segundo, quería a Lin Zee...
Con esto en mente, Lin Yunxi dobló ligeramente una pierna y apoyó la rodilla sobre la otra. Luego cogió el móvil y se hizo una foto.
Sus piernas ya eran preciosas de por sí, y con las medias negras con letras realzándolas, resultaban aún más irresistibles.
Con la pose que había elegido, la foto adquirió un encanto especial.
Al ver la foto en el móvil, Lin Yunxi sonrió y asintió satisfecha.
Como era de esperar, su figura era su mejor baza. Cuando Lin Zee viera esto, ¿no se derretiría como un cachorrito?
Con ese pensamiento, Lin Yunxi buscó enseguida la cuenta de JadeChat de Lin Zee y le envió la foto.
También envió un mensaje de ubicación: «Hotel Hanmei de Lingzhou».
Lin Yunxi: «Cariño, te echo tanto de menos...»
...