Mi sistema simp Capítulo 149
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Capítulo 149

—¡Ah!

—¡Lin Zee!

—Vale que comas cebollino, ¿pero ajo también?

En el salón, Meng Zihan miró a Lin Zee con asco y lo regañó. Mientras comía las brochetas, Lin Zee había pelado una cabeza entera de ajo y alternaba alegremente bocados de carne con dientes de ajo.

Lin Zee mordió medio diente de ajo y agitó la mano hacia Meng Zihan.

—Tú no lo entiendes. Ya lo dice el refrán: carne sin ajo pierde la mitad de su sabor.

—Oye, oye, ¿quieres probar un poco? ¡Está buenísimo!

Mientras hablaba, le acercó a Meng Zihan el medio diente que le quedaba.

Meng Zihan negó con la cabeza, visiblemente reacia.

—No, no. Cómetelo tú.

Al ver que Meng Zihan rechazaba la oferta, Lin Zee le ofreció el ajo a Yang Xinyue.

—Eh, hermanita Xinyueyue, pruébalo. Fuiste tú quien me enseñó a comerlo así de pequeños.

Yang Xinyue no se negó, pero tampoco aceptó el medio diente que Lin Zee le ofrecía. En su lugar, cogió otro medio diente de la mesita, le dio un mordisco y luego comió una brocheta.

Tenía que reconocerlo: estaba delicioso. Aunque luego dejaba cierto olor en la boca, no podía resistirse a la buena comida.

Al ver a su buena hermana y mejor amiga sucumbir al sabor del ajo, Meng Zihan cogió un diente de ajo con cierta duda y le dio un mordisco. Ya había comido ajo antes, pero le había parecido picante y desagradable, así que nunca lo había vuelto a probar.

Pensó que esta vez el sabor podría ser diferente. Pero en cuanto lo mordió, Meng Zihan se arrepintió. Le quemaba la lengua. Picaba que te cagas.

Meng Zihan empezó a escupir sin parar.

—¡Pica, pica!

Escupió varias veces en el cubo de basura.

Yang Xinyue solo dio un bocado antes de dejarlo. Estaba bueno, pero no podía seguir comiendo.

Lin Zee era otro cantar. Había pelado una cabeza entera de ajo y la había puesto delante de él. Por lo que parecía, tenía intención de comérsela entera.

Meng Zihan no podía entender cómo a alguien podía gustarle comer ajo así. Como condimento, vale. Pero Lin Zee lo estaba usando como acompañamiento. Al verlo, Meng Zihan no pudo evitar poner cara de asco mientras pensaba para sus adentros.

«Está comiendo cebollino y ajo. ¿Cómo le va a oler la boca?»

«No irá a besarme después de comer todo eso, ¿no?»

«No, no. Olería fatal...»

«A Xinyue le gusta el ajo. ¿Por qué no deja que la bese a ella?»

«...»

Mientras Meng Zihan seguía con sus cavilaciones, la nutritiva cena de Lin Zee fue llegando a su fin. El cebollino y las ostras habían sido devorados por completo. Solo quedaba el riñón de cordero. Como a Lin Zee le pareció que olía demasiado fuerte a caza, le dio un mordisco y lo dejó.

Al ver a Lin Zee sentado limpiándose la boca y dándose palmaditas en la barriga, Yang Xinyue actuó como toda una ama de casa. Sonrió, se levantó y se dispuso a recoger las sobras de Lin Zee.

Meng Zihan también se levantó, le dio un manotazo suave a Lin Zee y le dijo:

—¡Ve a lavarte los dientes! ¡Apestas!

Dicho esto, ayudó a Yang Xinyue a recoger.

Lin Zee se quedó sentado con una sonrisa radiante en la cara. Qué vida más maravillosa.

Después de comer, podía quedarse ahí sentado sin recoger los platos ni limpiar, con dos bellezones sirviéndole. Esa sensación... era genial.

Pero si esas dos bellezas le sirvieran vestidas de criada, sería aún mejor. Al pensarlo, Lin Zee recordó de pronto lo que Lin Yunxi había llevado puesto aquella noche en Modu.

Aquello no solo le había dado un festín para la vista, sino que lo había dejado más que satisfecho. Si Yang Xinyue y Meng Zihan estuvieran vestidas así ahora mismo, esa doble felicidad... Una sonrisa bobalicona se dibujó en su cara.

Lin Zee ni siquiera se atrevía a imaginarlo.

Al pensarlo, Lin Zee negó con la cabeza para sí.

«No, no. Si eso pasara de verdad, ¿no se desperdiciarían las ostras y el cebollino que acabo de comer? Ya de por sí apenas hacen efecto. No puedo desperdiciarlos así como así...»

«No, eso no está bien. ¿Cómo va a ser desperdicio? Claramente sería dejar que cumplieran su función...»

Justo cuando Lin Zee estaba tan feliz con sus fantasías, de pronto sintió un dolor en el pecho.

Como dice el refrán: la cebolla quema los ojos, el ajo quema el corazón y el chile quema por los dos lados.

Después de comerse casi una cabeza entera de ajo, Lin Zee sintió de pronto un ardor en el pecho. Se llevó la mano al pecho y se frotó con fuerza.

Su expresión se torció.

—Mierda...

Lin Zee aspiró con brusquedad.

—Qué mal me sienta esto. No vuelvo a comer tanto ajo en la vida...

Yang Xinyue, que ya había terminado de recoger la mesita, arqueó las cejas al verlo. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué se estaba agarrando el pecho?

Si quería aprovecharse de ellas, al menos podría inventarse una excusa mejor.

En ese momento, Meng Zihan se acercó también. Al verlo, no pudo evitar soltar una risita.

—¿Qué te pasa, Lin Zee?

—¿Te duele el pecho otra vez? ¿Quieres que te dé un masajito?

Mientras lo decía, Meng Zihan hizo el gesto de pellizcar con la mano.

Aunque le ardía el pecho, no era tan fuerte y Lin Zee podía aguantarlo. Al ver que las dos lo malinterpretaban, se apresuró a apartar la mano.

—No, no. Solo me picaba ahí. Me estaba rascando, solo rascando...

Meng Zihan sonrió y se sentó junto a Lin Zee.

—¿En serio?

—Entonces... ¿quieres que la hermanita Xinyueyue y yo te rasquemos?

Lin Zee negó con la cabeza a toda prisa, temiendo que lo pellizcaran otra vez. Esa sensación... era rara, pero dolía un montón.

—¡No, no! Ya no me pica...

Justo después de hablar, Lin Zee soltó un sonoro eructo en dirección a Meng Zihan.

El olor a alcohol mezclado con barbacoa, cebollino y ajo le dio de lleno en la cara.

Aquel olor era insoportable. Ante la vaharada repentina, Meng Zihan no pudo esquivarla. Bastó con que inhalara un poco para que se le descompusiera el rostro. Casi le dieron arcadas.

Se levantó y le dio una palmada en el hombro a Lin Zee.

—¡Lin Zee! ¡Apestas!

—¡Ve a lavarte los dientes ahora mismo!

Luego se volvió hacia Yang Xinyue.

—Xinyue, tú también... comiste ajo. Anda, ve a lavarte los dientes.

Yang Xinyue sonrió y negó con la cabeza, resignada. Con esta chica no había manera. Miró a Lin Zee.

—Venga, lávate los dientes ya. Si no, puede que Xiaoyan no te deje besarla después.

Lin Zee se rascó la cabeza, avergonzado, y le dedicó a Meng Zihan una sonrisa de disculpa. Luego siguió a Yang Xinyue y ambos entraron al baño.

Meng Zihan los siguió con la mirada, resentida, mientras se alejaban. Estaba sentada en el sofá con los brazos cruzados y las piernas recogidas. Una zapatilla le colgaba del pie, balanceándose.

—En serio, ¿tenían que comer ajo? ¡Qué peste!

En el baño, Yang Xinyue sacó un cepillo de dientes nuevo del armarito y se lo dio a Lin Zee.

—Toma. Lávate. Date prisa, que cuando acabes me tengo que duchar.

Dicho esto, ignoró la reacción de Lin Zee, se enjuagó la boca, se puso pasta en el cepillo y empezó a lavarse los dientes.

Lin Zee suspiró, resignado. ¿De verdad olía tan mal? ¿Era necesario lavarse los dientes? Pero como su mujercita lo había exigido con tanta insistencia, no le quedaba más remedio que obedecer y ponerse a ello.

Cuando terminó, Yang Xinyue lo echó del baño. Quería ducharse primero; si no, el olor a barbacoa que llevaba encima sería insoportable.

Lin Zee se quedó sin palabras. Eso no lo decía cuando estaba disfrutando tanto de la comida...

Al salir del baño, Lin Zee se dirigió al sofá del salón. Vio a Meng Zihan con la cabeza agachada, mirando el móvil con mala cara.

Al verla así, Lin Zee se sentó a su lado y le echó el aliento.

—¿Qué tal, Zihan?

—Ya no huele, ¿verdad?

Meng Zihan no contestó. Apagó la pantalla del móvil y se quedó mirando su reflejo en el cristal oscuro, con el ceño fruncido.

Lin Zee le dio un toquecito en el hombro.

—¿Zihan?

Meng Zihan levantó la cabeza, respiró hondo y miró a Lin Zee. Mientras escuchaba el agua correr en el baño, preguntó:

—¿Dónde está Xinyue? ¿Se está duchando?

Lin Zee asintió.

—Sí. Zihan, ¿qué pasa?

Meng Zihan dejó el móvil boca abajo en el sofá y miró a Lin Zee, que estaba desconcertado, con gesto sombrío y el ceño ligeramente fruncido.

—Lin Zee, ¿tienes novia?

La pregunta dejó atónito a Lin Zee. Se estremeció de pies a cabeza. Al ver la expresión de Meng Zihan y la seriedad de su pregunta, comprendió que la chica probablemente había descubierto algo.

De lo contrario, no habría puesto esa cara ni le habría preguntado con tanta seriedad si tenía novia.

En ese momento, Lin Zee sopesó cómo manejar la repentina pregunta de Meng Zihan. A Lin Yunxi no hacía falta mencionarla. Era su amante secreta. Aparte de sus tres compañeros de piso, que conocían su relación, nadie más sabía nada. Ni siquiera sabían que existía.

Pero Ruoxi era diferente. Aunque nunca le había dicho que estaban saliendo oficialmente, su relación actual iba mucho más allá de eso. Ya vivían juntos.

Debido a la fama de Ruoxi, esto era conocido en toda la Universidad de Modu. Todo el mundo sabía que la belleza del campus, la diosa Ruoxi, tenía un novio guapo y rico.

Bastaba con preguntar un poco por la Universidad de Modu para enterarse de su relación con Ruoxi.

Con esto en mente, Lin Zee abrió el panel visual del sistema, translúcido y de un azul claro, y buscó la información bloqueada de Meng Zihan.

[Nombre: Meng Zihan]

[Edad: 22]

[Apariencia: 94]

[Pureza: 100%]

[Progreso de Contraataque: 95%]

Al ver en el panel del sistema que el progreso de contraataque de Meng Zihan ya había alcanzado el noventa y cinco por ciento, Lin Zee tragó saliva. Frunció el ceño, apretó los dientes y, como si hubiera tomado una decisión, asintió mirando a Meng Zihan.

Lin Zee lo admitió, aunque no del todo.

—Mm. Es de nuestra universidad. Se llama Ruoxi. Solo que...

—¿Solo que qué? —preguntó Meng Zihan con calma. Por su expresión, no parecía enojada.

Lin Zee no podía pensar en otra cosa ahora. El progreso de contraataque de Ruoxi ya había alcanzado el cien por ciento. Según el sistema, eso significaba que ella nunca lo traicionaría en esta vida.

En otras palabras, durante el resto de su vida, Ruoxi nunca se enamoraría de ningún otro hombre; él era el único para ella. Con ese pensamiento, Lin Zee trazó un plan de inmediato.

«¡Lo siento, Ruoxi!»

Tras disculparse mentalmente con Ruoxi, miró a Meng Zihan y dijo:

—Solo que la relación entre nosotros es como la que tenemos tú y yo.

Meng Zihan estaba a punto de hablar cuando Lin Zee cambió de rumbo y continuó:

—Pero ya que las cosas han llegado a este punto, y ya que hemos dejado de fingir, no pienso renunciar a Ruoxi por ti.

—Del mismo modo, no voy a renunciar a ti por ella...

La razón por la que Lin Zee se atrevió a decir eso era su absoluta confianza en el sistema. Menuda broma, con un cien por ciento de progreso de contraataque. Ruoxi jamás elegiría dejarlo solo porque apareciera Meng Zihan.

Además, esa tal Ruoxi le obedecía en todo. Seguía al pie de la letra cualquier cosa que él dijera. Lo trataba como su pilar, su otra mitad indispensable.

Las palabras de Lin Zee dejaron a Meng Zihan atónita. ¿Qué significaba aquello?

Lo había admitido, pero al mismo tiempo parecía que no del todo. Y no solo eso: daba la impresión de que acababa de reafirmar aún más su postura respecto a ella.

Pero Meng Zihan no era tonta. Enseguida reaccionó, ladeó la cabecita y miró a Lin Zee confundida.

—Entonces, lo que quieres decir es...

—¿Que nos quieres a las dos, a mí y a esa Ruoxi?

Lin Zee asintió con calma.

—Sí. Exactamente.

—Como ya dije, no voy a dejarla por ti.

—Pero puedes quedarte tranquila. Tampoco voy a dejarte a ti por ella.

—Además, Ruoxi respetará mi decisión y no pondrá pegas.

—Si crees que no puedes aceptarlo, haz como si nunca nos hubiéramos conocido.

Dicho esto, Lin Zee se puso en pie, como si fuera a darse media vuelta y marcharse.

...