Capítulo 37
El viernes por la noche, Lin Zee, Ruoxi y Zhao Qinghan estaban viendo una película en el cine privado de la villa.
Justo cuando Lin Zee se sentó, el sistema habló en su mente.
[Sistema: Misión de emergencia activada. Se ha detectado que la diosa objetivo «Jiang Yuwan» tiene tendencias suicidas. Usuario, por favor detenla a tiempo.]
[Recompensa de la misión: Ninguna.]
[Penalización por fallo de la misión: Ninguna.]
—Ni siquiera he completado la última misión, ¿y ahora hay otra? Espera... ¡Jiang Yuwan!
Al escuchar la voz del sistema en su mente, Lin Zee se quedó paralizado un momento y luego se levantó de inmediato.
—¿Qué pasa, hermanito? —preguntó Zhao Qinghan.
La película acababa de empezar, y observó confundida cómo su primo menor se levantaba de repente. Ruoxi también alzó la cabeza y miró a Lin Zee.
Mientras salía, Lin Zee dijo:
—Seguid viendo vosotras. Voy a salir un momento...
—Oye, oye, ¿qué pasa? Oye...
Lin Zee ignoró la última pregunta de su prima y salió de la villa con expresión seria.
...
Lin Zee condujo el Kurenai R90 a toda velocidad por las calles de Modu. Mientras conducía, sacó el móvil, buscó el contacto de Jiang Yuwan en JadeChat y la llamó.
El teléfono sonó. Nadie contestó.
Lin Zee frunció el ceño y volvió a llamar. El tono siguió sonando hasta que la llamada se cortó automáticamente.
—¡Contesta el teléfono, maldita sea! —Lin Zee estaba tan ansioso que ya maldecía.
Con expresión ansiosa, clavó la mirada en la carretera mientras buscaba desesperadamente una solución.
—¿Qué hago? ¿Y si no contesta? ¡Claro! ¡Tengo el maldito sistema!
—¡Sistema!
[Usuario, por favor habla.]
—Jiang Yuwan. ¿Dónde está Jiang Yuwan ahora mismo? ¡Rápido!
[Localizando objetivo... «Jiang Yuwan»...]
...
—Maldita sea, ¿ya terminaste? ¡Rápido! —Lin Zee estaba tan ansioso que gritó.
[Información del objetivo]
[Nombre: Jiang Yuwan]
[Edad: 23]
[Apariencia: 89]
[Pureza: 100%]
[Progreso de conquista: 55%]
[Ubicación: Complejo Residencial Qianshui Bay, Unidad 1, Habitación 302.]
—Qianshui Bay... —Tras oír la respuesta del sistema, Lin Zee sacó rápidamente el móvil y abrió la aplicación de navegación.
...
En la habitación 302, Jiang Yuwan estaba sentada en el sofá. Sobre la mesa de centro descansaba el certificado de defunción de su madre.
Cuando Jiang Yuwan se enteró de que su hermano había muerto tras el fracaso de la cirugía, se quedó en blanco. Sentía que el destino le estaba jugando una mala pasada.
Se negaba a creer que su madre y su hermano la hubieran abandonado el mismo día. Con obstinación, llevó a su madre al hospital para que la examinaran, pero lo único que recibió fue un frío certificado de defunción.
Jiang Yuwan permanecía inmóvil en el sofá. El teléfono sobre la mesa de centro sonó: una llamada del «Sr. Lin».
Al oír el teléfono, se quedó donde estaba, inmóvil. Le echó un vistazo y apartó la mirada.
La llamada se cortó automáticamente y, un segundo después, volvió a sonar. Esta vez cogió el teléfono y miró la pantalla.
—¿Otra vez el Sr. Lin?
Jiang Yuwan observó la información de la llamada entrante, pero no contestó. Se limitó a minimizar la pantalla y abrir en silencio el álbum de fotos.
Miró las fotos del móvil. En ellas, Jiang Zihao sonreía de oreja a oreja. En el álbum llamado «Familia», fue pasando una imagen tras otra.
La última foto de Jiang Yuwan con su familia era de la Nochevieja del año anterior.
Solo se la habían hecho porque ella quería publicar algo en Life Feed durante el Año Nuevo.
Había sujetado el móvil ella misma para hacerse un selfi.
Jiang Zihao estaba a su lado, cogiendo cerdo estofado de la mesa, mientras su madre les servía comida en los cuencos.
Contempló la imagen, esbozó una leve sonrisa y siguió pasando fotos.
Solo se detuvo al llegar a la última captura de pantalla: el comprobante de pago del tratamiento de su hermano. Deslizó el dedo por la pantalla, buscando más fotos. Pero por mucho que deslizara, solo aparecía esa misma imagen.
Jiang Yuwan apagó el móvil y lo dejó sobre la mesa de centro. Tenía los ojos enrojecidos, pero ya no le quedaban lágrimas.
En ese momento sonaron unos golpes urgentes en la puerta. Jiang Yuwan alzó la cabeza con gesto ausente y miró hacia la entrada.
—¡Jiang Yuwan! ¡Sé que estás en casa! ¡Abre la puerta! ¡Jiang Yuwan! —Lin Zee estaba al otro lado, aporreando la puerta y gritando.
Jiang Yuwan reconoció aquella voz. Se levantó despacio y caminó hacia la puerta.
Al abrir la puerta, se encontró con el rostro ansioso de Lin Zee.
Al ver a Lin Zee, Jiang Yuwan se quedó paralizada.
—S-Sr. Lin, ¿qué hace aquí?
—¿Por qué no contestaste cuando te llamé?
Ante la repentina pregunta de Lin Zee, Jiang Yuwan tartamudeó:
—Yo... no lo oí...
Lin Zee no dijo nada. Desde el momento en que vio a Jiang Yuwan, la angustia que sentía se alivió un poco.
Tras entrar en la habitación, Lin Zee se volvió hacia Jiang Yuwan.
—¿Por qué estabas pensando en hacer una tontería?
—¿Qué? —Jiang Yuwan lo miró confundida.
—Te he preguntado que por qué estabas pensando en hacer una tontería.
—Yo... yo no estaba... no iba a hacer ninguna tontería... —En ese momento, Jiang Yuwan parecía una niña a la que hubieran pillado en falta. Desvió la mirada.
Con la advertencia del sistema en mente y los ojos evasivos de Jiang Yuwan ante él, Lin Zee guardó silencio. Solo frunció ligeramente el ceño. Recorrió a Jiang Yuwan con la mirada, a punto de hablar, cuando reparó en una hoja de papel sobre la mesa de centro.
Confundido, se agachó y recogió el papel de la mesa. —¿Certificado de defunción? ¿Qué es esto?
—De mi madre...
Al oír aquello, Lin Zee asintió, como si comprendiera. —Lo siento... —dijo en voz baja—. Hace un momento yo...
—No pasa nada, Sr. Lin... ¡Ah! Es verdad, Sr. Lin...
Mientras hablaba, Jiang Yuwan cogió el bolso que colgaba de la pared y empezó a rebuscar dentro.
—Aquí está el dinero que me prestó. Queda algo más de un millón... Todo está en esta tarjeta. La contraseña es...
Lin Zee hizo un gesto con la mano para interrumpirla. —¿Tu hermano no sigue necesitando tratamiento? No tengo prisa por ese dinero.
Al oír aquello, Jiang Yuwan agachó la cabeza, abatida. —Ya no hará falta...
—¿Qué?
Jiang Yuwan había hablado tan bajo que Lin Zee no la oyó bien.
Cuando Jiang Yuwan alzó la vista hacia Lin Zee, las lágrimas ya le resbalaban por las mejillas. —El dinero ya no hace falta... —dijo con voz entrecortada—. La operación de mi hermano fracasó. Ya no tengo hermano...
Los sollozos de Jiang Yuwan fueron en aumento hasta que rompió a llorar desconsoladamente.
Lin Zee permaneció de pie frente a ella, observándola en silencio. Verla con el rostro bañado en lágrimas le encogía el corazón.
Tras oír aquello, Lin Zee bajó la mirada hacia el certificado de defunción que sostenía. Sentía una opresión creciente en el pecho.
El llanto de ella se intensificó. Lin Zee se inclinó, dejó el papel sobre la mesita y, tomándola suavemente del brazo, la guio hasta el sofá para que se sentara.
Lin Zee sacó un pañuelo y se lo ofreció. —Toma, sécate las lágrimas.
Ella no aceptó el pañuelo. En lugar de eso, hundió la cabeza entre las rodillas, abrazándoselas, y siguió llorando. Quizá porque había alguien a su lado, Jiang Yuwan ya no pudo contener sus emociones. Su llanto fue a más y el cuerpo empezó a temblarle sin control.
Lin Zee la observó sentada a su lado y alargó la mano, dispuesto a acariciarle la cabeza para consolarla. Pero lo pensó mejor y la retiró. Con todo lo que le había pasado, no sabía cómo reconfortarla.
De pronto, Jiang Yuwan alzó la cabeza y lo miró. —S-Sr. Lin... ¿puedo... puedo devolverle el dinero más adelante...?
En ese momento, tenía el rostro cubierto de lágrimas y mocos. Ya no parecía en absoluto la belleza deslumbrante de siempre.
Lin Zee asintió. Sabía que, en una situación así, decirle que no hacía falta que se lo devolviera habría sido inapropiado.
Al verlo asentir, Jiang Yuwan volvió a hablar. —No... no se preocupe... cuando... cuando termine de organizar los funerales de mi madre y... de mi hermano... trabajaré mucho para ganar dinero y devolvérselo...
—Mm, de acuerdo.
Lin Zee cogió el pañuelo que había dejado sobre la mesita y le secó las lágrimas del rostro. —No se te ocurra hacer ninguna tontería —le dijo mientras lo hacía—. No te agobies por el dinero. No tengo prisa.
Sorbiéndose los mocos, Jiang Yuwan asintió con fuerza. Cogió el pañuelo de la mano de Lin Zee, se secó la cara y volvió a abrazarse las rodillas.
...