Mi sistema simp Capítulo 14
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Capítulo 14

—¿Sabes conducir?

Mientras el coche circulaba por la carretera, Lin Zee le preguntó a Ruoxi sin volver la cabeza.

—¿Ah...?

—¿Tienes carné de conducir?

Al ver que Ruoxi no lo había oído bien, Lin Zee giró la cabeza para mirarla. Pero nada más hacerlo, vio que Ruoxi tenía el móvil en alto y estaba sacando una foto. No era un selfi. Estaba fotografiando la mano de Lin Zee apoyada en su pierna.

Lin Zee retiró la mano de inmediato.

—¿Qué haces?

—Jeje... Nada. Capturando momentos. ¿Qué decías? ¿Qué me preguntaste?

Lin Zee volvió a poner la mano en el volante.

—¿Tienes carné?

—Sí... ¿por qué?

—Por nada...

Lin Zee negó con la cabeza y siguió conduciendo.

Tras detenerse con suavidad, abrió la puerta y bajó del coche. Frente a ellos, en la entrada, se veía el logotipo de Hoshino Grand.

Para entonces, Ruoxi también había bajado y se había colocado detrás de Lin Zee.

—¿Vas a comprar un coche?

Lin Zee asintió y entró a grandes zancadas. Ruoxi, como una esposa que deja las decisiones importantes en manos de su marido, lo siguió trotando.

—Hola, señor. ¿Viene a ver coches?

La asesora comercial había visto llegar el Kurenai desde lejos. Aunque su trabajo también consistía en vender coches de lujo, los deportivos llamaban la atención por naturaleza. Cualquiera se habría quedado mirando.

—Mm.

Una vez dentro del concesionario, Lin Zee asintió a la asesora comercial que tenía al lado y luego se volvió hacia Ruoxi, que lo seguía. Le tendió la mano y la tomó de la suya.

Cuando Lin Zee le tomó la mano de repente, Ruoxi se estremeció instintivamente, pero enseguida se relajó y dejó que él la cogiera encantada.

Con la mano de Ruoxi en la suya, se detuvo frente a un Hoshino Grand GT9 en blanco y negro. Al ver que Lin Zee se paraba allí, la asesora comercial se apresuró a hablar.

—Señor, tiene usted un gusto excelente. Este es un Hoshino Grand GT9.

Desde el frontal hasta la zaga, las líneas de la carrocería son continuas y fluidas, con una estética dinámica y elegante.

Combina la distinción de un gran GT con el carácter deportivo de un supercoche.

Además, monta un motor V12 biturbo de 5,2 litros y acelera de cero a cien en solo cuatro segundos...

—Vale, me quedo con este. Pago al contado. ¿Tienen unidades en stock?

Lin Zee hizo un gesto con la mano para interrumpir a la asesora.

La asesora era muy profesional, pero Lin Zee llevaba menos de diez minutos en el concesionario y ya quería comprar al contado un coche de lujo de cuatro millones de yuanes. No pudo evitar abrir los ojos como platos.

—Sí, señor. Por favor, sígame...

Lin Zee había ido allí expresamente por ese coche.

El precio era de cuatro millones. Tras comprar la Habilidad de Conducción de Vehículos de Primer Nivel, en su tarjeta bancaria le quedaban poco más de cuatro millones.

Después de regalarle el coche a Ruoxi y obtener un reembolso multiplicado por cien...

¡Solo de pensarlo se le hacía la boca agua!

Se volvió hacia Ruoxi.

—Recuerdo haberte dicho que trajeras el DNI. ¿Lo has traído?

Ruoxi le soltó la mano y agachó la cabeza para rebuscar en el bolso.

—Aquí está.

Aquella vocecita dulce le derritió el corazón a Lin Zee. Cogió el DNI de Ruoxi, le echó un vistazo y, efectivamente, su cumpleaños caía el sábado de la semana siguiente.

Tras devolverle el DNI, le acarició la cabeza con suavidad.

—Vamos a firmar el contrato de compra.

—¿Eh?

—¿Cómo que eh? ¡Vamos!

Antes de que Ruoxi pudiera reaccionar, Lin Zee la cogió del brazo y siguió a la asesora comercial.

Sentado en un sofá de la zona de descanso con las piernas cruzadas, Lin Zee dio un sorbo al té que había en la mesita y dijo con suavidad:

—El dinero ya está pagado. Ahora firmarás el contrato de compra y luego te llevarán a hacer el registro.

Ruoxi seguía aturdida.

—N-no... No puedo aceptarlo... Es demasiado caro.

Lin Zee arqueó una ceja y esbozó una leve sonrisa.

—No tienes elección. Ya he pagado. ¿Crees que puedes decir sin más que no lo quieres?

—Es que... es que no puedo aceptarlo...

Ruoxi se puso a juguetear con los dedos y agachó la cabeza.

Al oír la vacilación de Ruoxi, Lin Zee descruzó las piernas y se incorporó. Le levantó la barbilla con un dedo y dijo con dulzura:

—¿No dijiste que te gusto? Pues a mí también me gusta mucho Ruoxi. Y como me gusta Ruoxi, quiero regalarle este coche. Si lo rechazas ahora, ¿significa que no piensas aceptar mis sentimientos?

Ruoxi lo miró a los ojos desde tan cerca. Cuando él terminó de hablar, negó rápidamente con las manos.

—No es eso... No es eso... Me gustas... Es solo que es demasiado caro...

—Si te gusta, acéptalo. Además, ¿de verdad es caro? Es una cantidad insignificante.

Mientras hablaba, Lin Zee ejerció un poco más de presión con el dedo bajo la barbilla de Ruoxi, hasta que sus labios se encontraron.

Justo cuando sus labios se rozaron, la asesora comercial entró con el contrato de compra.

—Lo siento, señor... No he llamado... Disculpe...

No quería ofender a un cliente tan importante. Cuando aquel joven había pasado la tarjeta, ni siquiera había pestañeado ante los cuatro millones, lo que demostraba lo adinerado que era.

Que la pillaran besándose hizo que Ruoxi se pusiera roja como un tomate. Lin Zee le soltó la barbilla y también sonrió con incomodidad.

—No pasa nada... Ruoxi, firma el contrato de compra.

Pero Ruoxi seguía dudando.

—Es que es demasiado caro...

—¿Ya has olvidado lo que acabo de decirte?

—Vale...

Dicho esto, Ruoxi estampó su nombre en el contrato de compra.

【Sistema: El usuario ha gastado cuatro millones de yuanes en la diosa objetivo «Ruoxi», ¡activando un reembolso multiplicado por cien!】

Le sonó el móvil con una notificación, al tiempo que la voz del sistema resonaba en su mente. Mientras Ruoxi seguía ocupada con el contrato de compra, Lin Zee sacó el teléfono a toda prisa y echó un vistazo.

—Cuatro... cuatrocientos... cuatrocientos millones...

Al ver la notificación del depósito bancario, Lin Zee tragó saliva. Tras serenarse, guardó el móvil. El corazón le latía desbocado.

Poco después, Ruoxi terminó de firmar todos los documentos de compra del coche y se volvió hacia Lin Zee.

—Ya está todo firmado, Lin Zee... ¿Por qué te has gastado tanto dinero en mí de repente...?

El día anterior, Ruoxi había pensado que cuando Lin Zee le pidió que trajera el documento de identidad era porque quería ir a... ¡Jamás se habría imaginado que le estaba comprando un Hoshino Grand GT9 de cuatro millones de yuanes!

En ese momento, Lin Zee pensaba en los cuatrocientos millones que tenía en su cuenta bancaria. Hizo un gesto despreocupado con la mano.

—¿Qué son cuatro millones? ¡Por la mujer que me gusta, hasta cuarenta millones me parecerían poco!

Aquellas palabras le llegaron al corazón a Ruoxi, que lo miró con ojos rebosantes de ternura.

¡Pero aquellas fanfarronadas dejaron atónita a la asesora de ventas que tenía al lado!

...