15. Nadine
Nadine
—Ayúdame a escoger algo de aquí —le dije a Lauren mientras le pasaba otro grupo de ropa de mi clóset adonde estaba sentada en mi cama.
Eran las seis de la mañana y Lauren intentaba ayudarme a verme lo mejor posible, o eso creía yo. La realidad era que mi amiga estaba más enfocada en analizar mi colección de antigüedades alrededor del cuarto para ver qué cosas nuevas podía encontrar.
Normalmente nos levantábamos a las ocho para arreglarnos e ir a clase, pero hoy me desperté a las cinco para arreglarme y verme lo más linda posible. El problema era que Jacob no me había dado muchos detalles sobre adónde me llevaría, así que no tenía idea de qué ponerme.
—¿Qué es esto? —dijo Lauren, tomando la cajita en mi mesita de noche.
Era el regalo que Alex me había dado el día en que salimos a hablar.
Comencé a recordar lo especiales que habían sido esos momentos antes de que rompieramos.
Los regalos de Alex eran los que más esperaba abrir.
Siempre me daba cosas que, de alguna manera, me recordaban a mí, mostrando lo bien que me conocía.
En nuestro primer año juntos como pareja, me dio una agenda porque siempre estaba anotando todo lo que tenía que hacer en la escuela. Al año siguiente, me había dado un casco porque me había caído de la bicicleta y quería que tuviera algo divertido para recordar.
Me había dado mi primera cámara profesional, su labial favorito, que siempre le hacía decir «wow» cada vez que lo usaba, y un pequeño avión de juguetes por nuestro primer viaje juntos.
Alex era un maestro haciéndome sentir especial con los recuerdos, pero esta vez ni siquiera me importaba su último regalo.
—Ah, es el regalo de cumpleaños de Alex.
—respondí finalmente mientras buscaba ropa para distraer mi mente de los pensamientos sobre mi ex.
No quería dejar de estar enojada con él todavía, especialmente porque había sido un idiota en las últimas cuarenta y ocho horas—.
¿Podemos enfocarnos en lo que importa ahora mismo?
Lauren me miró, cansada. Ya le había pedido su opinión mil veces y todavía no había desayunado.
—Sé que quieres verte linda, pero mírate; ya eres perfecta. Ponte esta blusa blanca. —Me entregó un top.
Aunque lo había hecho solo para que me callara, me gustó su elección. Tomé la blusa de su mano y busqué una falda de mezclilla nueva que había comprado la semana pasada y, finalmente, un par de tenis blancos.
Me miré en el espejo para ver el look final. No era demasiado elegante, pero tampoco demasiado casual, así que podría encajar en casi cualquier escenario que Jacob hubiera planeado.
—Necesito que me acompañes a la estación de policía hoy para no tener que dejar mi carro en el campus. —Me volví y vi a Lauren abriendo la caja de Alex.
Una nota que no había visto antes se cayó de la caja.
—Siempre serás mi pequeña bailarina —leyó Lauren.
«¿Ves?», murmuré para mí misma. Alex siempre buscaba los mejores regalos para hacerme sentir que me conocía bien.
—¿Eras bailarina cuando eras más pequeña? —preguntó Lauren, acercando la cadena a su rostro para verla mejor.
—Sí, fue un buen período de mi vida antes de que decidiera dejarlo —dije sin darle detalles. Ya íbamos muy tarde y lo último que quería era ponerme sentimental ahora mismo—. ¿Puedes dejar de perder el tiempo y arreglarte también? Vamos tarde.
—Bueeeeeno, pero me debes un café grande antes de clase. Siento que me voy a desmayar antes del mediodía. —Lauren dejó el regalo de Alex en mi cama y casi corrió a su cuarto a arreglarse.
Mientras tanto, empaqué las cosas que había recibido de FableMaster esa semana, incluidas algunas notas y su regalo de cumpleaños. También revisé mi teléfono para ver todos sus mensajes y no perderme nada en mi reporte, incluido el de esa mañana.
Lo releí: «Que tengas una semana maravillosa, mi chica. FableMaster.»
Qué curioso.
El mensaje de este lunes era menos intenso que los otros que había recibido.
Aunque FableMaster enviaba mensajes cortos al azar durante la semana, a veces sobre mi último video o simplemente para recordarme que estaba ahí, sus notas de los lunes siempre eran largas.
Era como si quisiera arruinarme toda la semana con sus poemas, deseándome una semana increíble mientras me decía cuánto me amaba.
Había mensajes que nunca terminaba de leer.
Odiaba pensar en el acosador que había detrás de ellos.
Pero este último era corto y simple, como si ni siquiera fuera él. Aparentemente, mi querido stalker no había tenido un buen fin de semana.
Esperaba que Jacob me diera la lista de personas que habían estado en la pizzería pronto para tener una mejor idea de quién era esta persona.
Cuando Lauren estuvo lista, fuimos a la policía para mi reporte del lunes.
Sorprendentemente, llegamos a la estación de policía a tiempo. Saludamos a todos y seguimos el mismo procedimiento de siempre: la entrevista que nunca llegaba a ningún lado.
Esta vez, Lauren estaba a mi lado.
Casi siempre iba sola a los reportes del lunes, pero las chicas venían de vez en cuando a apoyarme, especialmente cuando lo que el acosador había hecho durante la semana me afectaba más de lo habitual.
—¿Intentó contactarla en persona? —preguntó el oficial Jackson. Siempre empezaba con esa pregunta por si había que seguir otro procedimiento, pero siempre era lo mismo.
—No, pero me envió este mensaje en mi fiesta de cumpleaños el sábado. Sentí como si hubiese estado allí esa noche. —Le mostré al oficial el mensaje y empezó a analizarlo.
—Podemos contactar al gerente para revisar las cámaras y la lista de personas que estuvieron allí. También la oficial Humphrey nos contó lo que pasó el lunes por la tarde. ¿Por qué cree que estaba en la pizzería?
Increíblemente, el policía era más cooperativo de lo habitual, algo poco común en los últimos meses, probablemente porque FableMaster estaba haciendo cosas fuera de lo ordinario y no quería que algo me pasara por su negligencia.
—Porque estuve con Alex en el carro todo el tiempo y no había manera de que alguien nos hubiera visto después de que salimos de ese lugar.
El oficial Jackson escribió todo lo que dije en sus notas y luego dijo:
—Entiendo. Páseme los regalos.
Le entregué la caja que había recibido el sábado. Cuando el oficial la abrió, Lauren abrió los ojos como si fueran a explotar.
—No puede ser. ¿Entonces la única persona que no sabía que eras bailarina era yo? —Se quejó.
La miré, confundida.
—Solo unas pocas personas lo saben. No pensé que fuera importante para ti.
Me levanté de la silla para ver mejor lo que había en la caja. Era una muñeca bailarina. El oficial la sacó para examinarla más de cerca y ver si había algo más aparte del juguete. Dentro encontró una nota.
—¿Puede leerla? —Le pregunté al oficial, todavía sorprendida por el peculiar regalo.
Leyó: «Has madurado y crecido mucho cada año, pero cada vez has logrado mejorar. Estoy orgulloso de ti. Este regalo es un pequeño recordatorio de tu infancia. Espero que te guste. Feliz cumpleaños. FableMaster.»
—No hay manera de que supiera que era bailarina —dije.
—¿No ha hablado de eso en ninguno de sus videos, señorita Miller?
—El oficial intentó hacerme considerar todas las posibles formas en que el acosador podría haber obtenido esa información.
Pero solo pensé en dos maneras de que FableMaster podría haber sabido que era bailarina: había seguido a Alex cuando compró el regalo, o era alguien de mi ciudad.
—Que yo recuerde, no. Al menos no en el último año.
Tengo alrededor de ochocientos videos. Se lo conté a Francesca recientemente.
Estaba en altavoz y ella estaba en un lugar público.
—Intenté recordar otra vez en la que hubiera hablado de eso, pero no pude.
Tenía que haber sido alguien que ya me conociera, alguien que hubiera seguido a Alex o que hubiera escuchado a Francesca.
Así que la lista de sospechosos de FableMaster se redujo.
—Alex también me dio algo similar. El acosador pudo haberlo seguido antes de verme el lunes. Le preguntaré a mi ex dónde compró este regalo para que también puedan revisar las cámaras de ese lugar —dije.
—Este es un buen punto de partida para la investigación de esta semana. Verificaremos si alguien de su ciudad estuvo en los lugares que frecuentó esta semana o si hay alguna coincidencia entre las personas que estuvieron cerca de la pizzería y la joyería —respondió el oficial.
Le dediqué al oficial la sonrisa más grande que pude. Probablemente nunca me había visto sonreír así en los últimos dos años. Pero esta vez era diferente. Había obtenido una respuesta positiva de su parte. Sentía que nos acercábamos cada vez más a FableMaster. Por fin sería libre.
La policía iba a investigar todo lo que había pasado esa semana, pero yo también tenía mi propio investigador privado. Si no podía atrapar al acosador a través de ellos, lo atraparía a través de Jacob.
Las clases pasaron sin inconvenientes, pero parecían más lentas de lo habitual. Cada vez que miraba el reloj, sentía como si marcara una hora más que la última vez que lo había visto. Estaba ansiosa por ver adónde me llevaría Jacob y, sobre todo, por ver lo que había conseguido de las cámaras.
No había tenido una cita de verdad en varios meses, así que estaba emocionada.
Durante la clase, le escribí a Alex para preguntarle dónde había comprado mi regalo de cumpleaños, pero le mentí sobre la razón. Le dije que quería unos aretes para combinarlo, para evitar involucrarlo en la investigación. No quería lidiar con sus teorías mientras seguía enojada con él.
—Y eso es todo por hoy. Recuerden que la tarea es para el miércoles. Que tengan un buen día.
El profesor concluyó la clase.
Por fin era hora de irse. Le escribí a Jacob para decirle que las clases habían terminado y luego fui a despedirme de mis amigas.
—Necesitamos todos los detalles —me dijo Lauren mientras me arreglaba el cabello.
—Y escríbenos si algo pasa. Estaremos aquí —agregó Rosie.
Recibí un mensaje de Jacob diciéndome que me esperaba «en nuestra banca del pequeño parque».
Sonreí. Me encantaba lo atento que era con cada detalle. Algunos hombres te dicen lo que creen que quieres escuchar, y otros te dicen exactamente lo que necesitas, y Jacob estaba en la segunda categoría. Era observador y considerado sin ser insistente, algo que valoraba mucho dada mi situación.
—Está bien, chicas, es hora de irme.
Empecé a caminar hacia el parque donde Jacob y yo nos habíamos encontrado el martes pasado, cuando me topé con Alex.
—Hey, recibí tu mensaje sobre la cadena. Me alegra que te haya gustado. Quizás en vez de darte el nombre del lugar, podríamos ir juntos y te compro yo los aretes. Tengo el resto del día libre. Podemos ir y luego comer algo después.
«Y aquí están los hombres de la primera categoría.»
Odiaba lo atento que estaba ahora. En el último semestre, apenas podíamos escribirnos porque estaba ocupado con las tareas y el baloncesto, pero de repente tenía todo el tiempo del mundo para dedicarme.
«Claro que va a hacer tiempo cuando siente que me está perdiendo.»
—Gracias, pero ya tengo planes. Te avisaré cuando esté disponible. —Seguí caminando. No quería hacerle esperar a Jacob ni un minuto más.
Pero Alex empezó a caminar conmigo.
—¿Qué planes? Quizás pueda ayudarte con ellos si son para tus videos, y luego podemos pasar el rato —dijo—. Sabes que soy un buen camarógrafo.
—No, no es nada de mis redes sociales. No quiero ser grosera, pero hoy simplemente no es posible. Hablamos después.
Antes de que pudiera decir algo más, los dos vimos a Jacob levantarse de la banca a lo lejos.
Dejamos de caminar.
—Ya veo. El chico rubio de nuevo —dijo Alex, decepcionado—. Diviértete, pero no confíes demasiado en él. No sé de dónde salió, pero no me cae nada bien.
En otro momento, habría escuchado a Alex.
Siempre había sido mi protector, mi ángel de la guarda.
Al principio, no hacía nada que él no aprobara.
Para mí, siempre tenía la razón. Pero ahora que ya no estábamos juntos, sentía que todo lo que había hecho era una manipulación.
Y ahora mismo lo estaba intentando de nuevo para que yo no pudiera seguir adelante.
—Gracias, Alex, pero sé lo que estoy haciendo. Me están esperando, así que esta conversación está terminada. —Empecé a caminar de nuevo y esta vez él no me siguió.
—¿Lista para irnos? —Dijo Jacob cuando estuvimos frente a frente.
En el momento en que me acerqué a él, mi día se sintió más ligero.
Todo lo demás parecía más pequeño de alguna manera.
Había tenido ese efecto en mí desde la primera vez que lo vi en la cafetería.
Se sentía como si lo conociera de toda la vida y, al mismo tiempo, como si todavía quedaran mil cosas por descubrir sobre él.
—Más que lista —respondí.