Mi primer vuelo 3
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Por fin se fueron las putas pesadas. Dos minutos más y me hubiera pegado un tiro. Es que no las soportaba, ni a ellas ni su voz histriónica.

Ni lo zorras que eran.

Apuré el Rusty Nail y levanté la mano para pedir otro.

Ahora sí, me apetecía tomármelo tranquilamente, sin tener que escuchar a esas dos moscardonas pelearse por Fran.

¡Qué alivio!, creo que hasta se me bajaron las pulsaciones de la mala hostia que me estaban poniendo, cuando justo noté una mano en la espalda.

―Me voy, no subas muy tarde, eh... que mañana tienes que llevarnos a todos de vuelta ―escuché que me decía una voz femenina.

Tuve que girarme para ver quién era y allí estaba. La nueva. Parecía una chica agradable, esas cosas se notan en la cara, pero lo que enseguida me llamó la atención fue su pelo tan largo y esas piernas kilométricas.

―¿Quieres tomar algo? ―fue lo primero que se me ocurrió por mera educación.

No es que me apeteciera mucho que se quedara, a decir verdad prefería estar solo, aunque aquella azafata no era como las otras, tenía una cara amable y atractiva y sin haber cruzado dos palabras con ella, deduje que podía ser una compañía interesante; sinceramente pensé que declinaría mi oferta y se subiría la habitación, pero para mi sorpresa tomó asiento a mi lado.

―Eh, sí, claro... ―aceptó.

Fue un momento delicado, porque ni tan siquiera recordaba su nombre después de haber hecho tres vuelos con ella.

―Perdona, ya sé que es muy grosero, pero, ¿te llamabas...?

―Andrea ―contestó ruborizándose por mi incómodo olvido, aunque quiso restarle importancia―. Tú ya sé que te llamas Ismael, ja, ja, ja...

―¿Qué tomas?

―Pues no sé, en la cena he bebido un poco de vino, ahora champán, no me apetece mezclar más cosas o...

―Un Cosmopolitan... ―le pedí al camarero sin volver a consultarla―. Prueba esto, seguro que te gusta...

―¿Qué lleva?

―Vodka, es afrutado, zumo de... tú hazme caso y pruébalo...

―Ah, vale, perfecto ―y justo le sonó el móvil―. Disculpa un momento...

Se levantó de la silla y se apartó cinco metros para hablar por teléfono. Era su novio seguro. Lo había visto tantas veces que era lo más típico, y aproveché para pegarle otro buen repaso a aquella morena, que por su aspecto físico debía rondar los 25 años y el metro ochenta.

Observé sus movimientos de manos armoniosos, y su melena, que casi le llegaba hasta el final de la espalda y que no dejaba de acariciarse con los dedos.

Sus piernas eran larguísimas y además, era bien guapa, con una cara muy natural, en la que apenas llevaba maquillaje.

Se le transparentaba el sujetador negro debajo de la camiseta de tirantes blanca y era evidente que tenía muy poco pecho, pero en ella se veía muy bien y armonioso con el resto de su cuerpo y cuando se dio la vuelta, me quedé mirando el trasero que se adivinaba bajo esa falda ibicenca de color verde militar.

Se le pegaba al cuerpo como una segunda piel y se podía vislumbrar perfectamente el contorno de sus caderas.

La tal Andrea estaba muy buena.

Apenas pude escuchar lo que hablaba, aunque sí entendí algo así como,“hemos bajado a tomar algo, nada, una copita y enseguida subo a dormir, me han pedido champán para celebrar que era mi primer día, ya mañana te cuento”.

Me pareció curioso que en ningún momento le comentara a su pareja que estaba sola conmigo, aunque tampoco pudo explayarse, pues la conversación apenas duró tres minutos.

―Ya estoy de vuelta, disculpa ―y apagó el móvil y lo metió en el bolso―. Así ya no nos interrumpirán más...

―¿Y qué tal tu primer día, Andrea?

―Muy, muy bien, estoy encantada, además he tenido la suerte de que me toque con Sandra, me ha puesto las cosas muy fáciles...

―Sí, es buena chica, he volado con ella unas cuantas veces...

―Ya me lo había dicho.

―Eres muy joven, ¿puedo preguntarte la edad?

―Sí, claro, veintiocho...

―Ah, pues aparentas algunos menos...

―Muchas gracias, ¿y cuántos aparento?

―No sé, veintidós o así, como mucho...

―Ja, ja, ja, sí, claro, nunca me habían quitado tantos años, pero gracias, gracias, ja, ja, ja...

―¿Y cómo es que te dio por trabajar de azafata?

―Ejem...

―Auxiliar de vuelo...

―Ejem, ejem...

―Tripulante de cabina... ―afirmé con desgana, porque aunque le hayan cambiado el nombre mil veces, para mí seguían siendo azafatas de toda la puta vida.

―Eso sí... pues una amiga me lo recomendó y tal, domino el inglés y el francés, hice un par de cursos y lo vi una buena oportunidad laboral, siempre me había gustado... aunque nunca imaginé que terminaría trabajando en esto...

―Entonces, ¿te doy la enhorabuena o no?... es un trabajo muy sacrificado, nos pasamos la mayor parte del tiempo fuera de casa.

―Yo creo que sí...

―Pues enhorabuena...

―Gracias, ¿y tú, llevas muchos años?

―Ufffff, bastantes, más de 30, y este es el último, en unos meses me jubilo, la verdad es que ya se me hace muy pesado esto de viajar, pasar noches fuera de casa, preparar la maleta... de joven me gustaba, y he disfrutado mucho, pero...

―Me imagino.

―Recuerdo cuando era como Fran, me veo muy reflejado en él, porque yo hacía lo mismo...

―Ah, ¿sí?

―Sí, lo he pasado muy bien, demasiado bien..., pero también se ha llevado por delante otras cosas...

―¿Por ejemplo?

―Tiempo, sobre todo el tiempo que no he podido estar con mi familia, mis hijas...

eso ya no lo puedo recuperar, y estar tanto fuera de casa ha sido un desgaste muy importante en mis matrimonios, tampoco quiero decir que las separaciones hayan sido por eso, no he sido ningún santo, eh...

Fran hace bien, está soltero y no tiene ningún compromiso, pero yo cuando entré en la compañía ya estaba casado y... , te imaginarás el resto...

―Me hago una idea, sí...

―¿Y tú tienes pareja?

―Sí, tengo novio...

―¿Lleváis mucho tiempo?

―Sí, desde hace ocho años y llevamos viviendo juntos un par de años... ―dijo cruzando las piernas, y entre la falda asomó un bonito muslo que miré inconscientemente antes de que ella se tapara.

Había sido un gesto involuntario, estaba claro que para nada quería provocarme, pero me encantó ver su pierna, aunque solo fueran un par de segundos y ella me pilló de pleno mirando hacia abajo, lo que hizo que se ruborizara y diera un trago a su cóctel.

―La verdad es que nos va muy bien, pensé que la convivencia sería más difícil, pero de momento no tengo queja... ―siguió hablando, pasándose el pelo por detrás de la oreja y volviendo a beber de la pajita.

Me pareció curioso que me diera explicaciones sobre su relación sin que se las hubiera pedido, como para demostrarme que ella no era como las otras azafatas y además, quisiera decirme que ni se me ocurriera intentar nada, porque la relación con su chico era perfecta; así que asentí en silencio y enseguida cambié de tema; durante la siguiente media hora tuvimos una conversación fluida y muy entretenida hablando de sus posibles destinos, de algunos los que países que yo había visitado y lo que más me gustaba de cada uno de ellos.

Cuando nos quisimos dar cuenta ya nos habíamos terminado el cóctel y me apeteció seguir charlando con Andrea.

―Te invito a otro ―le dije mostrándole mi vaso vacío―, hacía tiempo que no tenía una conversación tan animada y ya había olvidado lo que me gusta la compañía de una chica joven y simpática...

―No debería, es un poco tarde.

―Yo me voy a tomar otro, te prometo que es el último, que mañana os tengo que llevar a todos de regreso sanos y salvos...

―Está biennnnn ―afirmó dubitativa―, aunque ahora invito yo...

―De eso nada, si estás conmigo pago yo... ―y levanté el brazo para que se acercara el camarero―. Lo mismo...

―Muchas gracias ―le dijo Andrea al chico, esbozando una tímida sonrisa por mi descortesía.

Esperé a que el camarero nos sirviera y después levanté la copa para brindar con ella.

―Chin, chin, por que te vaya fenomenal en tu nuevo trabajo... ―y bebimos a la vez mirándonos a los ojos.

―Gracias, Ismael, es una pena que no vayamos a ser compañeros mucho tiempo... ¡me has caído muy bien!

―Sí, aunque es una suerte que nos hayamos conocido, ¿no?

―Eso sí...

―¿Te cuento un secreto? ―susurré acercándome a ella y poniéndome interesante.

―Sí, claro, no hay cosa que más me guste que un buen secreto...

―Le has llamado mucho la atención a Fran, me comentó durante el vuelo que le parecías muy atractiva.

―Ah, ¿sí? ―dijo ruborizándose.

―Tampoco le hice mucho caso, porque estaba concentrado, aunque ahora veo que no le faltaba razón... seguro que le hubiera encantado que fueras con ellos a tomar esa copa...

―Ya va muy bien acompañado y a mí no me interesa tener nada con... bueno, ya me entiendes, con ninguno de vosotros...

―Sí, claro, tienes novio...

Y ella afirmó con una sonrisa sin decir nada.

―¿Es celoso tu novio?

―No... ¿por...?

―No sé, ¿qué pensaría si te viera a... ―miré el reloj haciendo una pausa―, … casi a la una de la mañana de copas con un viejo piloto en tu primer día?

―Ja, ja, ja, pues supongo que nada..,. no tendría por qué molestarse, es solo eso, una copa ―y mostró el vaso poniendo cara de indiferencia.

―Hoy eras la primera opción de Fran, pero como no has querido ir con ellos, eh... ya me entiendes... supongo que terminará con Sandra, porque con la otra ya ha estado un par de veces ―le comenté y ella se sobresaltó al escuchar esas palabras.

Levantó la mirada y me miró extrañada, como si no le hubiera gustado mi comentario. Quizás había sido demasiado directo e intenté matizar mis palabras.

―Llevan tonteando desde hace tiempo y con Leticia ya ha estado, así que hoy le toca a tu amiga...

―Claro para eso estamos las “azafatas”... un par de veces con una y luego otra... ―me soltó bastante enfadada.

―No quería decirlo así... perdona si te ha molestado...

―Entonces, Fran, ¿ya ha estado con Leticia? ―preguntó indignada negando con la cabeza y bebiendo más deprisa, como si de repente tuviera prisa por terminar el cóctel―, creo que eso no lo sabía Sandra...

―Sí, ya te he dicho que dos o tres veces... aunque hoy eras tú la elegida, pero también me dijo que tenía muchas ganas de follar con Sandra...

―Casi que prefería no haberlo sabido, no sé, parece que dais por hecho que podéis acostaros con nosotras cuando os dé la gana...

―Eres nueva y ya lo irás viendo; pero la verdad es que sí, esta feo que yo lo diga, y es que la mayoría de veces podemos elegir, que no lo digo por ti, eh... estoy hablando en general... además, es un hecho que reunimos varias circunstancias que a vosotras os parecen muy atractivas...

―Ah, ¿sí?, dime alguna...

―Un trabajo con un alto standing social, un estatus superior al vuestro, con lo que eso conlleva, el uniforme también os encanta, nos tenéis en muy alta estima, aunque sinceramente... viéndome a mí, ya te estarás dando cuenta de que no es para tanto...

―¿Y por eso ya caemos rendidas a vuestros pies?

―Si yo te contara...

―¿Tú has estado con muchas?, bueno... es evidente que sí...

Me hizo gracia que quisiera saber eso, pero no le contesté y respondí con otra pregunta.

―Si no tuvieras pareja, ¿hubieras ido con tus compañeras a tomar esa copa con Fran?

―Sinceramente, te digo que no, no me gusta mucho salir y prefiero esto, tomar una copa en un sitio tranquilo y una buena conversación, además, es mi primer día y quiero descansar para estar mañana presentable, quizás debería marcharme ya ―y apuró su cóctel hasta el final―.

Pensé que esto tenía menos alcohol, pero pega, eh...

―se tambaleó al intentar ponerse de pie.

―Ey, ey, cuidado ―y me incorporé, sujetándola con fuerza contra mi cuerpo.

Andrea se ruborizó, y enseguida retrocedió, sentándose otra vez en la silla.

―Te has levantado demasiado deprisa, ¿estás bien?

―Sí, sí, no te preocupes, me encuentro perfectamente, de verdad...

―Ya no bebas más, que luego no quiero que pienses que he intentado emborracharte...

―Creo que una mujer puede decidir lo que bebe o no, no te preocupes, que no voy a pensar eso...

―Ey, vale, perdona, oye, ¿no serás una de esas feministas radicales? ―pregunté abriendo los brazos.

―¿Feminista radical?, si fuera una feminista radical ya habría subido a la habitación y te hubiera dejado plantado hace un buen rato, porque no has parado de soltar tópicos machistas uno tras otro, que si azafata, que si caemos rendidas a vuestros pies, que si qué pensaría mi novio si me viera contigo...

no sé si eres buen tío o no, pero está claro que no has evolucionado de acuerdo a los tiempos que corren ―me recriminó aquella niñata―.

Y tranquilo, que aunque hayas sido un poco soez, tampoco me voy a asustar porque utilices palabras como follar con alguien que acabas de conocer...

Vaya, vaya, así que Andrea se había enfadado y acababa de ponerme en mi sitio en tan solo un minuto. Me miró altiva y desafiante, esperando mi respuesta. Yo afirmé con la cabeza y levanté el brazo para que se acercara el camarero.

―Chico, pon otros dos de lo mismo...

―Dijiste antes que era el último... ―me recordó ella―, me tengo que ir...

―Lo sé, pero esto se acaba de poner interesante, me gustan las mujeres con carácter, aunque sinceramente, creo que tú no eres de esas... ¿te gusta mandar o que te manden?

―¡¡¿Perdona?!!

―Pues eso, ¿cuál de las dos opciones prefieres?... ―insistí cogiendo su nuevo Cosmopolitan y poniéndoselo en la mano.

Andrea aceptó mi invitación y esta vez retiró la pajita, lanzándola al suelo, le pegó un buen trago, apoyando los labios en el cristal y mirándome directamente a los ojos mientras meditaba su respuesta.

Y en ese momento lo vi. Andrea era la siguiente en mi lista.

―Me gusta mandar... a la mierda a gilipollas machistas...

―¿Como yo...?

―Yo no lo he dicho... eso lo has dicho tú...

―Está bien, como veo que no me contestas te voy a responder yo, tú eres de las que se creen que nos imponen a los “tíos” por ser muy alta, eres de las que quieren llevar el control, vas de feminista, de mujer empoderada y todas esas mierdas, aunque en el fondo te encanta que te digan lo que tienes que hacer y bueno...

lo siento por ti, pero tu novio no es de esos...