Mi peor trato (Herederos del Hielo 2)
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Prólogo
Luke Grayson
Odio a Juliette Carter.
Es insoportable. Irritante. Arrogante.
Y está buenísima de cojones.
El tipo de mujer que te dan ganas de discutir... y de arrancarle la ropa en medio de la bronca.
Maldito sea el día en que me ofrecí —poseído claramente por algún espíritu maligno— para ser su novio falso.
Peor: insistí.
Gilipollas de remate. Lo sé.
Fue el peor trato que he hecho desde que entré en la universidad.
Pero, en mi defensa... no estaba en mi estado normal.
Estaba poseído.
Poseído por el calentón, hasta el punto de que mi polla estaba convencida de que tenía dueña.
No la tiene.
¿Y lo más irónico?
Se suponía que era solo actuación.
Beso falso.
Sonrisita ensayada para el público.
Lo que pasa es que el polvo era de verdad.
Ese cuerpo fue esculpido para convertir mi vida en un infierno.
Y por eso exactamente empiezo a plantearme la teoría del demonio.
Porque no es normal que un tío perfectamente funcional piense en un único coño las veinticuatro horas del día.
Eso es cosa del más allá. Sí, señor.
Juliette Carter debe de tener un muñequito de vudú con mi nombre y un peso atado a los huevos.
No puede ser de otra manera.
Esa desgraciada es una bruja.
Una bruja que se cuela en mis sueños todas las noches.
Una bruja que me hace sonreír como un idiota cuando oigo su risa.
Una bruja que me acaricia el pelo como nadie lo ha hecho en la vida.
Una bruja que me deja completamente fuera de control.
Una bruja que quiero en mi cama.
Una bruja que ha cortado conmigo.
Mierda.
Sabía que iba a pasar.
Sabía que, en algún momento, nuestra farsa se iba a acabar.
Estaba todo pactado.
Cada detalle.
Cada roce.
Cada mentira.
Interpretamos nuestro papel a la perfección hasta que se cerró el puto telón.
¿El problema?
No quiero que se acabe el espectáculo.
Quiero más.
Más de ella.
Más de su caos.
Más de esta sensación jodida de que todo con ella es demasiado intenso.
Porque en algún momento —entre un beso fingido y una noche nada falsa— me enamoré.
Y ahora estoy aquí, intentando convencerme de que odio a Juliette Carter...
Cuando, en realidad... la quiero.
Y, con diferencia, ese fue el peor trato de mi vida.