Mi oscuro Romeo (Dark Prince Road 1) Capítulo cuarenta
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Capítulo cuarenta

Romeo

Caminé con paso firme por el vestíbulo de Costa Industries, llevando una pila de documentos. Era casi medianoche, pero no tenía prisa por volver junto a mi propio agente del caos personal. El edificio estaba vacío, excepto por mi padre, quien, irónicamente, deseaba que estuviera muerto.

Entré de golpe en su oficina.

—Hay que llamar antes de entrar en el espacio de alguien.

Me senté frente a él sin pedir permiso.

—Y no hay que tener relaciones sexuales con la prometida de tu hijo que vive con él.

Senior estrechó la boca en una línea plana e insatisfecha. Nunca dejaría de recordarle que no estaba en posición de darme lecciones sobre conducta. No después de haber entrado en mi penthouse y haber encontrado a mi padre haciéndole sexo oral a mi prometida.

Ella estaba tendida en nuestra mesa del comedor, todavía con los Louboutins que le había regalado para Navidad puestos. En cuanto a Senior, seguía lamiendo su propio semen de ella.

Eché a Morgan desnuda, a pesar de que era mediados de diciembre y hacía más frío que en algunas partes de mi corazón. Disfruté de un whisky desde mi balcón mientras ella hacía el paseo de la vergüenza con nada más que sus tacones antes de que un coche de policía la recogiera.

Después, Senior y yo hicimos un trato. Acordé no contarle a Mónica que él le había sido infiel, otra vez. A cambio, me nombró el director financiero más joven en la historia de Costa Industries.

A los veinticuatro años, manejaba miles de millones en contratos. Hice un buen trabajo, pero el plan maestro siempre había sido destruir todo lo que Senior amaba hasta reducirlo a cenizas.

Él quería herederos. Así que no le daría ninguno.

Él amaba su empresa más que el oxígeno que respiraba. Así que juré destruirla, liquidarla y quemar el dinero de ser necesario, solo para ver el dolor en su rostro antes de que muriera.

Morgan fue mi único intento de normalidad.

Y mi padre destruyó ese esfuerzo.

Senior se reclinó en su silla.

—¿Me tendrás resentimiento para siempre por eso? —Sus manos temblaban. Últimamente, siempre lo hacían.

Bostecé.

—No me rallaste el coche, joder. Te acostaste con mi prometida.

Frunció el ceño como una servilleta arrugada.

—Hace años que no decías groserías. Estás cambiando.

Estaba harto de que me dijeran cuánto había cambiado desde que Galletita había llegado a mi vida.

La realidad era que, incluso en medio de la conversación, mi mente pensaba en Dallas.

¿En qué más podía pensar? Había demostrado poco interés en los asuntos mundiales desde que mi pene había descubierto que los muslos de mi esposa eran su localización favorita.

Lancé los documentos sobre su escritorio.

—Vayamos al grano.

—Licht Holdings salió a bolsa esta mañana.

—Gracias por la noticia de ayer. —Rebusqué entre los papeles, buscando uno en particular—.

No he podido sentarme a hablar con Thomas Reynolds.

—Principalmente porque estaba ocupado disolviendo una fiesta en casa y atendiendo la importante tarea de penetrar la bonita boca de Dallas—.

Pero hablé con él por teléfono anoche. Confirmó que el Departamento de Defensa está inclinado a no renovar el contrato con nosotros.

Mi padre se frotó la mejilla como si mis palabras lo hubieran abofeteado.

—¿Dijo por qué?

—Nuestra tecnología está desactualizada en comparación con la de Licht.

—Encontré lo que estaba buscando, una lista de armas y artillería fabricadas por Licht Holdings por una fracción de nuestro precio minorista, y se la di—.

Además, son más accesibles. Fabrican en el Sur, mientras que tú te quedaste en Nueva Inglaterra, donde el salario mínimo es mucho más alto.

También cerraron algunos tratos lucrativos con empresas de acero y chips.

Senior me devolvió el documento como si fuera un niño negándome a comer algo nuevo.

—No quiero ver esto. Quiero que ofrezcas soluciones.

—Conviérteme en el CEO y lo haré.

—Hazlo. Y luego te convertiré en el CEO.

Senior había tenido un rostro juvenil y atractivo alguna vez. Cuando Licht Holdings entró al juego, yo había fracasado a propósito en detenerlos. En los años sucesivos, Senior comenzó a tener canas, arrugas y ojeras.

La verdad era que él amaba lo suficiente a Costa Industries para ceder y ver cómo yo la rescataba. Era su legado. Lo único que su padre bueno para nada (¿hay un patrón aquí?) le había dejado.

—Escucha. —Levantó los brazos—. No es secreto que ya no estoy hecho para esto. Hace un año que quiero retirarme. La única razón por la que Bruce es una opción es porque no puedo confiar plenamente en que tú no harás algo desquiciado para vengarte de mí.

Había dado en el clavo y había atravesado la pared gruesa. Pero no se lo admitiría nunca.

—Eres demasiado arrogante. Quiero el puesto de CEO porque me lo merezco. Y porque nunca nadie se ocupará de esta empresa tan bien como yo. Al parecer, soy el heredero.

—Al parecer, también eres un idiota vengativo. —Se pasó las manos por el pelo—. He visto lo que le has hecho al pobre Madison Licht por hacerte mucho menos de lo que yo te hice.

—Madison Licht no es pobre, y nunca sabrás todo lo que me ha hecho.

—Aun así, soluciona el problema de Licht y te daré el puesto de CEO. Un último obstáculo que sortear. Lo prometo.

Permanecí en silencio. Tanto que Senior sacudió su pierna bajo el escritorio.

—Lo quiero por escrito.

Asintió.

—Estaré feliz de firmar.

—Mis abogados contactarán con los tuyos. —Cogí mis documentos, feliz de alejarme lo máximo posible de él.

—Deberías darme las gracias, ¿sabes? —Porque por supuesto, ser un desperdicio total de recursos naturales no bastaba, también tenía que negarlo.

—¿Por qué en particular? —Fingí interés—. ¿Por la crianza de mierda o por haber roto mi única relación medio normal?

Aunque debía admitirlo: Morgan también tenía parte de la responsabilidad. Nadie la obligó a abrir las piernas para mi padre.

—Porque Morgan claramente no era la mujer con la que estabas destinado a casarte, tal como te lo advertí. En los pocos meses que hace que conozco a tu esposa, has salido de tu caparazón, has vivido un poco y has usado de nuevo tu boca malhablada.

—Sí, Dallas se merece un Pulitzer por llevarme al sacrilegio.

—La cuestión es que has encontrado a alguien mejor.

—Ella te gusta, ¿no?

—Por supuesto.

—La última vez que eso pasó, actuaste en base a tus sentimientos. —Me puse de pie—. No sucederá por segunda vez, padre. Si te acercas a Dallas, te mataré con mis propias manos. Y haré que sea muy desagradable.

Su sonrisa vaciló.

—¿Por qué piensas que cometeré el mismo error dos veces?

Lo miré, de pie.

—Porque no puedes evitarlo. Desde que nací, has querido todo lo que tengo. ¿Y yo? Yo solo he querido una sola cosa tuya: tu puesto.