Mi oscuro príncipe (Dark Prince Road 3) Capítulo ochenta y tres. Briar
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Capítulo ochenta y tres. Briar

Capítulo ochenta y tres Briar

—¿Soy la única que piensa que el pedestal del probador parece un pastel?

Como si fuera una señal, el estómago de Dallas rugió lo bastante fuerte como para activar sensores sísmicos. Se movió en el sofá tapizado de la tienda de vestidos de novia, frotándose la barriga.

Sí. Has oído bien.

Tienda de vestidos de novia.

Naturalmente, esta mañana me desperté con una emboscada. Agnes, Dallas y Farrow me estaban esperando en la puerta para llevarme a una prueba de vestido que yo no había reservado.

Agnes enlazó su brazo con el mío.

—Oliver nos dijo que estabas demasiado estresada para reservar una cita en un salón de vestidos de novia, así que lo hice yo por ti.

Mi primera reacción fue subir corriendo las escaleras y darle un puñetazo directo en la cara a Ollie.

Luego recordé mi voto como devota pacifista.

Mi segunda reacción fue huir a las colinas. Sí, había empezado a sentir cosas por Oliver. Pero el compromiso seguía siendo cien por cien falso.

Muy pronto volvería a Los Ángeles por trabajo. De hecho, había pasado la última semana buscando nuevos apartamentos (y atragantándome con los precios).

Esto nunca podría funcionar, del mismo modo que yo tampoco volvería a relegarme por alguien más.

La boda falsa solo servía como rompehielos. Una forma de provocarnos mientras inventábamos ideas de citas románticas. Un juego interminable de a ver quién parpadeaba primero.

Por supuesto, yo no parpadearía primero.

Mi lado competitivo no lo permitiría.

Puntos extra: no conseguir una invitación enfurecía a mis padres.

El único problema con esta farsa era el entusiasmo genuino de Agnes.

Farrow bebió un sorbo de champán.

—Sí, eres la única que ve un pastel.

—Me encantan los pasteles de boda. —Dallas suspiró, echó la cabeza hacia atrás y miró el techo con estrellas en los ojos—. Las bodas en sí son solo un plus.

—Si te gustan tanto los pasteles, ¿por qué no te encargas del pastel en la boda de Ollie y Briar?

Quería estrangularlas a las dos. Sabían que la boda no iba a celebrarse, pero aun así fingían frente a la pobre y entusiasmada Agnes.

—No me amenaces con algo que me encantaría —dijo Dallas, girándose hacia mí—. Briar, ¿qué te parece un pastel de diez pisos?

—Una garantía de acidez —murmuré. No importaba. No sucedería.

—Perfecto. Entonces queda decidido. Un pastel de doce pisos. —Dallas juntó las manos—. ¿Alguien más tiene hambre ahora mismo?

Farrow se terminó el champán.

—No, pero se me antoja un frappé de pumpkin spice .

—Cuidado, podrías estar embarazada.

—Todavía no he dejado los anticonceptivos.

—Dato curioso —traté de acomodar el escote en V pronunciado del vestido que llevaba, moviéndolo para cubrir más mis pechos—. Un frappé tiene más azúcar que veinte dónuts.

Dallas saltó del sofá, con la mandíbula desencajada.

—¿Me estás diciendo que todo este tiempo veinte dónuts no eran tan malos como pensaba? Siento que acabo de aprender algo monumental.

Fae se dio una palmada en la frente.

—¿Esa es tu conclusión?

Agnes regresó con una caja de plástico llena de alfileres.

—Briar, cariño, el vestido te queda perfecto. —Arregló la cola de seda pura del vestido Mikado que me había probado—. Oliver va a perder la cabeza cuando te vea.

No pude evitar girar mientras me miraba en el espejo.

—Ojalá no se canse de mí antes de la boda.

Nos haría bien a los dos sembrar dudas en la mente de sus padres.

—¿Estás bromeando? —Agnes dejó la caja de alfileres y cruzó los brazos—.

Siempre has sido la única para él. Vi lo deprimido que estuvo después de vuestra ruptura.

Nunca se recuperó del todo. No hasta que volviste.

No lo había visto tan feliz desde… —Se detuvo, frunciendo el ceño para pensarlo—. La verdad, nunca.

Esto era una tortura.

Odiaba mentir.

—Le devolviste tanta luz a sus ojos —continuó, mirándome como si yo hubiera pintado el cielo con la luna y las estrellas—. Por primera no estoy preocupada por él ni por su futuro. Todo gracias a ti.

Me giré hacia ella y le agarré los hombros. Las lágrimas que se acumulaban en sus ojos me perforaron la conciencia. Esta broma elaborada terminaría haciéndole daño. Pero decirle la verdad también.

Nunca debimos dejar que esto llegara tan lejos.

Corrección: Oliver nunca debió anunciarlo en el New York Times .

Me mordí el labio, a punto de decirle que la boda con Oliver no ocurriría.

—Agnes, yo…

Dallas saltó del sofá e intervino entre nosotras.

—Agnes, he oído que coleccionas monedas antiguas. Por favor, cuéntame sobre ellas.

Agnes dio un brinco, sorprendida por la interrupción repentina.

—Bueno…, ¿qué quieres saber?

—Todo. Absolutamente todo.

Dallas la alejó de mí y la ayudó a sentarse en el sofá. Luego giró la cabeza hacia mí y articuló con los labios:

« No te atrevas a romperle el corazón a esta mujer».

Pero ¿qué opciones tenía?

Podía romperle el corazón hoy o después de que consiguiera un visado especial, tomara tres aviones distintos, aterrizara en Nauru y lograra que algún lugareño generoso la llevara al lugar de la boda, solo para descubrir que yo había abandonado a su precioso hijo en el altar.

Horrible más horrible siempre daba horrible, sin importar cómo hicieras la cuenta.

Dallas acomodó a Agnes en el sofá y la bombardeó con preguntas sobre monedas valiosas.

Farrow caminó hacia mí, observándome con sus ojos fríos.

—Odias el vestido.

Me encogí de hombros.

—Es que… me parece un poco absurdo, considerando que no habrá boda.

—No lo sabes.

—Considerando que tengo que consentir la boda, sí lo sé. —Me bajé del pedestal, caminé hacia la pequeña cocina y me serví un vaso de agua—. Quiero a Oliver. Creo que él también me quiere. Haber tenido amnesia ha sido sorprendentemente curativo, dadas las circunstancias.

Fae arqueó una ceja.

—Pero…

—Pero nunca podremos cambiar el hecho de que una vez me entregué por completo a un hombre, y nunca volveré a hacerlo. Tengo una vida en Los Ángeles. Una carrera, amigos y sueños que todavía no he logrado. No puedo quedarme aquí. No cuando me gusto más con mis principios claros.

—Sabes, yo era igual. —Una sonrisa triste apareció en su rostro—. Tuve el peor inicio de vida imaginable. Si hace cinco años me hubieras dicho que me soltaría y confiaría en un hombre, habría dado por hecho que ibas borracha. Pero, Dios, la recompensa vale tanto la pena.

—Zach nunca te ha fallado —señalé.

—No, nunca. Pero piensa en esto: si tú no eres la misma persona que eras hace quince años, ¿por qué Oliver sí lo sería?

Esa pregunta te va a perseguir cuando regreses a Los Ángeles y te des cuenta de que ya no brilla como antes.

Lo único que haces evitando esta conversación es hacerte daño a ti misma.

Dale a Oliver la oportunidad de hacer lo correcto. Quién sabe, tal vez te sorprenda.

No puede.

Pero Farrow no sabía lo de Sebastian.

Oliver nunca lo dejaría atrás, y yo nunca querría que lo hiciera. Yo también amaba a Seb. Así que Oliver y yo evitábamos el tema por completo, sabiendo los dos cuál sería el único resultado posible.

—Sí. —Esbocé la sonrisa más débil del mundo—. Tal vez.