Capítulo setenta y nueve. Oliver
Capítulo setenta y nueve Oliver
Su fachada duró dos segundos.
Cuando llegamos al final del pasillo, Briar se tambaleó a mi lado.
La levanté en brazos y la llevé hasta el coche.
La acomodé en su asiento arropándola con mi chaqueta y le abroché el cinturón de seguridad por encima.
Sus dientes empezaron a castañear mientras avanzaba por la entrada y atravesaba las cuatro hectáreas de césped.
Subí la calefacción, a pesar del sudor que empezaba a formarse en mis sienes.
Briar encogió las piernas contra el pecho y rodeó sus rodillas con los brazos, todavía envuelta en mi chaqueta.
—Ni siquiera sé si quiero encontrarlo.
—Está bien, Mimitos. Solo lo dije para hacerlos enfadar. Haz lo que tú quieras.
Y hazlo conmigo, por favor.
Tres veces al día.
—No me puedo creer que hayan aparecido ahí. —Apoyó la cabeza sobre las rodillas y la inclinó para mirarme—. Se pusieron en contacto con tus padres y les hicieron creer que aún sabían de mí. Obviamente querían usarte para recuperar la amistad de tus padres.
—Dudo mucho que puedan reavivar algo que ya fue apagado con agua helada.
—Pasé la mano izquierda al volante y le di la derecha cuando ella la buscó—.
Primero, nunca fueron amigos. Mi padre odió a Jason desde el principio, pero fingieron llevarse bien porque yo estaba obsesionado contigo.
Y segundo, mis padres quedaron bastante decepcionados por las graves acusaciones contra Jason.
Creo que solo lo invitaron esta noche para complacerte.
Su dedo índice empezó a trazar patrones invisibles en el interior de mi palma, mientras soltaba un gemido.
—Misión fallida.
—Mi madre nunca se va a perdonar esto.
—No es culpa suya. Mañana la llamaré y le diré que aprecio todo lo que hizo por mí.
—Puedes hacerlo, pero aun así no se lo va a perdonar.
—¿Igual que tú nunca te perdonarás por lo de Sebastian?
Entrelazó nuestros dedos y los dejó reposar sobre la consola central.
Resistí el impulso de cerrar los ojos y hundirme en esa sensación de los dos conectados.
Negué con la cabeza.
—Es diferente.
—No debería serlo —susurró.
—Sabes que vive en el ala sur, ¿verdad? —solté de pronto.
Me prometí a mí mismo que no les diría que ya lo sabía, pero tampoco quería que Briar pensara que le ocultaba cosas.
—Lo sé. Y te adoro por eso. Eres un buen hermano mayor, Ollie.
Apreté el volante.
—Ojalá Seb pensara lo mismo.
—Sí lo piensa. —Apretó mi mano—. Solo que todavía no lo sabe.