Mi Oscuro Deseo (Dark Prince Road 2) Capítulo setenta y cuatroZach
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Capítulo setenta y cuatroZach

Capítulo setenta y cuatro

Zach

El sonido de una orquesta de más de cincuenta músicos me despertó de mi decimosexta hora consecutiva de sueño. No podía ni deprimirme en paz. Me tapé la cabeza con la almohada. Un saxofón atravesó las plumas de la almohada, y lo siguió el instrumento más inútil en la Tierra: el triángulo.

—Maldita sea.

Salté de la cama y bajé las escaleras, sin molestarme en ponerme una camisa.

—Oh, cariño, estás despierto. —Mi madre se iluminó al verme, sentada en uno de los taburetes de una de las islas de cocina—. Ayúdame a elegir la pieza musical para la boda.

Había decenas de músicos agolpados en la cocina espaciosa. Bajaron los instrumentos enormes y asintieron con la cabeza al verme.

Los ignoré a todos y miré a mamá.

—¿Qué? ¿Desde cuándo mi casa es tu segundo hogar?

—¿Es una queja de que vengo demasiado a menudo?

—Parece más bien un grito de socorro. —Celeste Ayi entró en la habitación con pasos lentos y un cóctel mimosa en la mano—. Oh, Zachy, vendremos todos los días, ya que nos lo pides tan amorosamente.

—No habrá boda, mamá. Ya te lo dije. —Me quedé mirando a la orquesta hasta que los músicos empezaron a guardar los instrumentos—. Fui a los Hamptons, como querías, y mandé el compromiso al demonio.

—No seas ridículo. —Mamá agitó una mano en el aire—. Si Eileen confirmó la fecha conmigo en persona ayer mismo.

Qué conveniente, teniendo en cuenta que Eileen no había contestado ni uno de los miles de mensajes de texto, correos electrónicos o audios que le había mandado.

Era obvio que quería que esa farsa de compromiso siguiera adelante.

Nunca hubiese imaginado que sus habilidades para esquivar un tema rivalizaran con las de White Goodman.

Eso sí que era «una cuestión de pelotas» y, de hecho, era lo único interesante en ella.

—Ya que estás aquí, me encantaría tu opinión sobre el pastel. —Mamá sacó del bolso un catálogo pesado de quinientas páginas y lo dejó caer en la encimera con un golpe seco—. Yo pienso en una de limón de varios pisos de color marfil, y que llegue hasta el techo. No demasiado dulce, por supuesto.

—Te encargaré una para tu cumpleaños. —Esperé hasta que todos los músicos se fueran, cabizbajos, antes de volver a mirar a mi madre—. Porque no me voy a casar.

El último mensaje de Tom se reía de mí desde el bolsillo de mis pantalones. No se lo había contestado.

Tom: ¿Vas a querer que la siga o no? Porque no eres lo suficientemente atractivo para que yo quiera aguantar tus contradicciones.

Respiré con fuerza por la nariz. Me había prometido a mí mismo respetar la privacidad de Farrow y no perseguirla.

«Pórtate bien, Sun. Son solo treinta días. No es tanto. Cuando te des cuenta, Farrow estará de vuelta donde pertenece».

El problema era que ser bueno no parecía algo bueno, sino todo lo contrario.

Celeste Ayi hojeó el catálogo y frunció el ceño.

—¿Estás segura de que queremos que la boda sea en primavera? No creo que mi pelo soporte el calor. —Chasqueó los dedos—. Ah, tal vez podría contratar a un peluquero personal que esté conmigo durante toda la recepción. Sería una inversión fenomenal.

—Xiao Ting, tenemos la prueba de los vestidos en una semana. —Mamá chistó con fuerza al ver que su hermana se bebía su copa de golpe—. Necesitamos mantener un peso estable. Al menos hasta después de la boda.

Suspiré y volví a la cama.

No importaba lo que yo dijera. Mamá no me escuchaba.

Tenía que encontrar a Eileen.