Capítulo setenta y unoZach
Capítulo setenta y uno
Zach
No había señal más clara de haber tocado fondo que ponerse a llorar por una chica a menos de ocho horas de su partida.
Bien. No había habido lágrimas de por medio, pero apenas si me las había ingeniado para arrastrarme fuera de la cama a tiempo para quejarme de que Natalie llegara a trabajar un minuto antes de la hora.
—Pero si siempre me pide que llegue temprano. —Hizo un puchero y dio unos pasitos en el lugar—. La última vez que llegué puntual, me quitó la paga extra.
Arqueé una ceja y abrí la cuenta de correo electrónico.
—¿Por qué llevas zapatos dentro de casa?
—Porque siempre deja que llevemos zapatos en el ala de negocios.
Empecé a escribir una primera versión de un mensaje, solicitando la presencia de Eileen para una reunión en el Grand Regent, durante la cual tenía toda la intención de cancelar nuestra boda. Hablando de eso…
Me volví hacia Natalie:
—¿Dónde está mi almuerzo?
Se le acumularon unas lágrimas sin derramar en los bordes de los ojos.
—Pero si ni siquiera son las diez.
Miró a su alrededor por la habitación, como si esperara ver cámaras ocultas.
«Yo también, Natalie. Yo también. Tal vez todo esto no es más que una broma pesada y Pulpi aparecerá de un momento a otro atravesando la puerta doble, para pavonearse junto al tablero de go y hacer un movimiento».
Pulsé la tecla de envío en el correo electrónico.
Ahora todo lo que necesitaba era informar a mamá que: uno) había ido a los Hamptons como ella deseaba; dos) había arruinado toda posibilidad de futuro con su candidata a novia al destripar, literalmente, a Farrow contra ese baño en el mismo restaurante donde cenaba con Eileen; y tres) que esperaba que ella honrara su promesa de cancelar el compromiso.
Cerré los ojos y giré la silla para no tener que ver el tablero de go.
«Cálmate de una puta vez, Zach. Solo son treinta días. Has sobrevivido treinta y tres años sin Farrow».
¿Pero realmente lo había hecho?