Mi Oscuro Deseo (Dark Prince Road 2) Capítulo cincuentaZach
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Capítulo cincuentaZach

Capítulo cincuenta

Zach

Hasta ahora, nunca había entendido por qué los griegos habían invadido Troya a causa de Helena.

Pero me había despertado listo para salir a la guerra, o incluso a dos guerras, y justificarlas, con tal de poder volver a hundir el pene en los labios carnosos de Farrow.

Empecé la mañana temprano y pasé la mitad de ella preguntándome cuándo podría ir por el segundo round.

Después de hacer mis ejercicios, me fui a la oficina con mi mejor traje.

Era patético: llevaba un tres piezas hecho a medida a pesar de trabajar en mi propia casa solo para impresionar a mi asistenta , maldita sea.

Pero hacía tiempo que había dejado atrás mi orgullo (de hecho, había dejado muchas cosas atrás después de probar el sexo de Fae).

Pasé un dedo por el teléfono y revisé las llamadas perdidas.

Tres de mamá. Dos de Eileen. Una ola de irritación me recorrió: habíamos incluido una cláusula en nuestro acuerdo para limitar las conversaciones; hice una nota mental para enviarle una copia anotada del contrato.

Ignoré las llamadas, respondí a una cadena de correos de la abogada y el equipo, y me puse al día con los avances del investigador privado.

Tenía que ser una operación sin posibilidad de error; Pulpi se merecía aniquilar a Vera y yo quería asegurarle el legado, que recibiera su herencia completa: la casa, la empresa de limpieza y un paquete de indemnización que le permitiera elevar el negocio a escala descomunal; o, mejor aún, jubilarse.

De solo imaginármela limpiando la casa de otro imbécil con su pequeño uniforme apretado, me entraban ganas de prender fuego a toda la ciudad.

—Señor Sun. —Natalie salió del baño, apuñalando el suelo con los tacones mientras se acercaba apresurada—. Buenos días.

Desde que tenía reuniones en esta parte de la casa, permitía que se circulara con zapatos.

—Lo de buenos está por verse. —No me aceleré ni un poco—. ¿Qué tienes para mí?

Seguí pasando los mensajes de mi teléfono, con la esperanza ridícula de que…

¿de qué exactamente? ¿De que Farrow decidiera de pronto que quería sexo rápido en el lavadero?

Tenía que ordenar mis expectativas con urgencia.

Dos noches atrás, había cruzado una línea y le había rogado tener sexo sin protección.

¿Y si las cosas hubieran tomado otro rumbo y la hubiese dejado embarazada?

«Para empezar, me hubiese sentido feliz de no tener que casarme con Eileen».

Sacudí la cabeza para no dejar que esos pensamientos me llevaran tan lejos de la realidad.

Eileen era un hecho, no una opción. Algo que haría feliz a mamá.

Algo que cumpliría con mi promesa a papá.

Y, dejando todo eso de lado, era una elección segura.

Con ella nunca iba a correr el riesgo de que me succionaran el pene, totalmente desnudo en medio del bosque como un adolescente en celo; nunca sentiría la necesidad de apuñalar a alguien porque se hubiese atrevido a pensar en tocarla; nunca sería consumido por cada una de sus respiraciones o cada sonrisa o cada rareza mía que me descubriera…

—Tiene agendada una reunión de Zoom a las 10 con CIRPE Corp, un brunch a las 11:30 en el centro con los accionistas de TechT y, a las dos en punto, vuela a Chicago para firmar el contrato que cierra el acuerdo con GoProBono.

Fuera de eso, tiene una cena pendiente de confirmar con Constance y Celeste en ese nuevo restaurante indonesio de Rockville Pike si llega a tiempo.

—Natalie se las arreglaba para ametrallarme con la lista antes de volver a respirar.

—No llegaré a tiempo. Discúlpame con ellas y paga la cuenta con mi tarjeta.

—No había visto a Farrow en veinticuatro horas.

Meterme en su cuerpo era de máxima importancia; más que la respiración y demás funciones básicas.

Me había comprado tal cantidad de preservativos que se podía proveer la zona roja entera durante una década. Abrí las puertas de mi oficina.

—Asegúrate de terminar con la organización de mis archivos, la tintorería y las compras antes de las cinco. Quiero la casa para mí solo.

«Traducción: Quiero tirarme a Farrow en varios lugares de la casa en paz, sin tener que exhibirme ante el mundo como un depravado».

—¿Y si no me da tiempo a terminar?

—Terminas mañana.

—Ah, pero había pensado…

—No es una pregunta, Natalie. Te lo estoy ordenando. —Me detuve en el umbral—. Si no te gustan las condiciones de tu empleo, siempre puedo ofrecerle el puesto a alguien igual de incompetente.

Hizo un gesto de protesta con la boca.

—Nunca parece importarle cuando Farrow le contesta.

«Es porque ella es la actuación estelar y tú no eres más que un extra en este espectáculo».

En lugar de responderle, le cerré la puerta en las narices.

Antes de acomodarme en mi silla de ejecutivo, hice una parada en mi interminable partida de go con Fae.

Anoche había movido una piedra, lo cual significaba que había vuelto a casa en algún momento.

El hecho de que durmiera a un pasillo de distancia me resultaba extrañamente reconfortante.

Saqué una piedra del cuenco y la coloqué en el tablero.

Tenía dos de sus piezas atrapadas. Ganaría la partida en los próximos días, después de todo.

—Pequeño pulpo ingenuo… A este paso conquistaré todo tu reino. —Reprimí una sonrisa, sabiendo, en el fondo, que el verdadero capturado era yo.