Capítulo veintisieteZach
Capítulo veintisiete
Zach
Ni siquiera me preocupé por echar a la gente de mi casa. De hacerlo, hubiera significado que lo tenía todo bajo control, y claramente no era el caso. Así que me encerré en el dormitorio principal, me metí en la ducha y giré el grifo a la temperatura más fría.
No funcionó.
Apoyé la mano sobre los azulejos y apreté con el puño mi pene hinchado. Me palpitaba y el líquido preseminal goteaba desde la corona. Una gota… otra… una más… Tan caliente y excitado que se puso violeta.
«No te masturbes. Ten una pizca de autocontrol al menos. Estás rompiendo todas tus reglas».
Pero no podía sacarme la visión de la cabeza. Esa vulva brillante y rosada, tan apretada y bella como una rosa a medio florecer, y goteando para mí. Esperando a que la hiciera mía.
Mierda.
Me agarré el pene desde la raíz, lo apreté con fuerza y empecé a mover el puño hacia delante y atrás, cada vez más rápido a medida que crecía la presión dentro de mis testículos.
Cómo goteaba por mí.
Cómo arqueaba la espalda.
Cómo se metía ese estuche, que era mío , bien adentro.
Se me arremolinó un calor dentro del estómago y eyaculé en cuestión de segundos.
Nunca había sido tan rápido. Y el chorro llegó más lejos de lo que creía posible.
El semen espeso y caliente pintó la pared de azulejos.
Me lo imaginé untado en medio de su trasero, donde formaría un charco en que pondría mi dedo para después desparramárselo por las mejillas.
Y le escribiría mi nombre por toda esa piel suave con el color blanco nacarado de mi semen.
Cerré el grifo, me tambaleé hacia atrás y apoyé la cabeza contra la pared con los ojos cerrados.
Todo estaba cambiando.
Y yo también.