Mi odiado Cowboy (Hermanos McTavish 5) Epílogo
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Epílogo

—Buenos días, Pocahontas.

Phiona bufó, al escuchar la voz de Jack WolfWalker sobre ella.

No se incorporó, únicamente se tocó el ala del sombrero que tapaba su cara, mientras permanecía tumbada sobre una toalla, secándose al sol después de darse un baño en la parte del río que pertenecía a los Apsalooke.

—Veo que Águila Roja es un puto chivato.

—¿Quién crees que ayudó a Jeff a conseguir esa grúa?

—No me lo digas, ¿tú? —Lo oyó resoplar, y también oyó como el caballo que montaba, pateaba el suelo con el casco—. Pues gracias, al menos has hecho algo bueno en la vida.

—Por cierto —dijo Jack—, no sabía que en tierras de tus amigos lakota, más concretamente en las Badlands, se hubiesen cortado tantas cabelleras. Los wasichus siempre exagerando.

Todavía con los ojos cerrados y el sombrero sobre su cara, Phiona respondió, mordaz.

—Yo seré una wasichu , o una perra ladrona , que es la traducción exacta en lakota. Pero si esas tierras se tiñeron de sangre, en parte fue porque vosotros, los apsalooke, traicionasteis a los lakota. Tienen todo el derecho a resarcirse, aunque sea en una carrera de relevos, ¿no crees?

—Eso ya está más que superado —masculló Jack, cabreándose por momentos.

Phiona se incorporó, se quitó el sombrero de la cara y miró a Jack Wolfwalker con intensidad, rabia y mucho, muchísimo rencor.

Como sucedía siempre que se lo cruzaba, lamentó que su sola presencia la excitara.

Porque verlo ahí, sobre ese caballo pinto, con su larga melena ondeando al viento, su rostro anguloso y sensual, y su torso desnudo y bronceado, seguía siendo capaz de acelerarle el corazón y, si se descuidaba, también de arrancarle un gemido.

Lamentó también seguir queriéndole como el primer día, a pesar de todo lo sucedido.

Pero lo que más lamentaba Phiona, es no poder perdonarle.

—Hay traiciones que no se conmutarán jamás, Jack Wolfwalker.

—Phiona… —empezó a decir, Jack—. ¿No crees que esto ya es dem…?

Pero ella lo interrumpió, poniéndose en pie y acercándose a él, como si fuera a asesinarle.

—Será mejor que me dejes tranquila a partir de ahora.

—Pero… ¿y lo que pas…?

—Nuestra pequeña tregua, o llámalo debilidad, pasó a la historia —lo interrumpió de nuevo—. Volvemos a ser enemigos.

Jack suspiró sobre su caballo, se apartó el pelo de la cara y la miró con el dolor impreso en sus ojos negros como pozos.

—Phiona… ¿Cuántas veces tendré que pedirte perdón?

—Ni una sola más, porque jamás lo obtendrás.

La expresión de Jack cambió completamente. Volvió grupas ayudándose con el peso de su cuerpo y apretó los flancos del pinto, alejándose de ella.

—Nos veremos las caras en la próxima competición.

Mientras lo observaba marcharse al galope, atravesando la pradera como un príncipe del viento, el corazón de Phiona dio un salto, golpeándole el pecho sin piedad.

Poco después, abrió mucho los ojos.

Ha dicho… ¿nos veremos las caras en la próxima competición?

—Oh… ¡Mierda!

FIN