Mi Musa de la Montaña Capítulo Ocho
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Capítulo Ocho

Katie

Qué mañana tan perfecta, maravillosa y gloriosa para estar viva.

Katie soltó un suspiro de felicidad mientras caminaba hacia la proa del barco pirata, sintiendo como si el mundo le estuviera dando un cálido y cariñoso abrazo. Cerró los ojos y gimió con satisfacción mientras el sol le bañaba el rostro.

El barco se mecía bajo sus pies, balanceándose de un lado a otro, recordándole cómo Evan había hecho que su mundo se tambaleara la noche anterior.

Él se había colado en su angosto camarote mientras el malvado capitán Theo Bones dormía, se había deslizado en su cama y había desatado su Kraken en el pequeño y húmedo océano de ella.

¡Ay, la vida era bella!

No importaba que Katie siguiera atrapada en el temido barco pirata con el misterioso rubí rojo que parecía tener poderes mágicos y volvía loco a cualquiera que lo mirara fijamente. Tenía a Evan y eso era todo lo que necesitaba.

—¡Hola, Sharktooth! —dijo mientras saludaba con la mano al pirata que fregaba la cubierta—. ¡Qué buen aspecto tienes esta mañana!

—Igual que usted, milady Katie —respondió él con una gran sonrisa desdentada—. Vaya, se la ve muy feliz hoy.

—Bueno, es un día maravilloso —dijo ella mientras se acercaba bailando y le hacía cosquillas en la barriga al loro que estaba posado en el hombro del pirata—. Hola, Polly.

Tenía ganas de bailar y cantar por toda la cubierta. Su cuerpo rebosaba emoción, desbordaba felicidad, brillaba con el amor que Evan había compartido con ella la noche anterior.

Con una sonrisa en el rostro, se dejó caer de rodillas y comenzó a fregar alegremente la cubierta con una melodía silbada en los labios.

Sintió que la observaban y se dio la vuelta para ver a Evan —su Evan— en la alta cofa, con un aspecto más sexy que nunca y su larga melena ondeando al viento tras él.

Tenía un microscopio telescopio orientado hacia el horizonte y Katie dejó escapar un gemido al admirar su imponente torso, que parecía a punto de reventar su camisa de chorreras.

Sintió un hormigueo por todo el cuerpo al recordar cómo había recorrido su pecho con los dedos la noche anterior, mientras él hacía que sus cimientos se estremecieran.

El capitán Theo Bones andaba en busca del mejor tesoro de los siete mares, pero Katie ya lo había encontrado. Porque el mejor botín lo tenía el primer oficial, el hermoso y heroico Evan Blitz.

Y esperaba que él volviera a soltar su ancla en su puerto esta misma noche…