Mi Musa de la Montaña Capítulo Seis
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Capítulo Seis

Lily

Lo primero que hago es deshacerme del pijama de carlinos bailarines.

—Lo siento, perritos —digo mientras me lo deslizo por mis peludas piernas—. Sois monos, pero esta noche no os voy a necesitar.

He mangado un par de bóxers de Jayden y una camiseta de tirantes de su cómoda para la seducción. Esperemos que funcionen.

Entro cojeando en la ducha y le robo la maquinilla para afeitarme las piernas. Es un trasto de metal enorme, pero me las apaño para cumplir la misión a pesar de haberme cortado solo una media docena de veces. Para cuando termino, estoy tan suave como un delfín. Un delfín sexy.

Ahora el pelo... ¿qué narices puedo hacer con esto? No tengo ninguno de mis productos y no hay ni un secador en toda esta dichosa montaña.

Lo seco con la toalla lo mejor que puedo y luego le doy un poco de cuerpo con las manos.

Uf. No voy a ganar ningún premio de revista de belleza, pero es lo mejor que puedo hacer dadas las circunstancias.

De todos modos, no es que el señor ermitaño de la montaña haya visto ninguno de los nuevos peinados de moda, así que probablemente esté bien.

Me pongo su ropa y mi estómago empieza a dar saltos. Oh, no. Empiezo a entrar en pánico mientras miro de reojo la puerta cerrada.

Nunca he seducido a nadie. Ni siquiera he tomado nunca la iniciativa para un beso.

Mi respiración empieza a volverse rápida y superficial, y me agarro al lavabo mientras lucho contra un ataque de ansiedad.

—Vamos, Lily —mascullo para mis adentros frente al espejo empañado—. Tener un ataque de pánico de manual en el baño es el primer capítulo de Cómo NO seducir a un hombre. Contrólate, chica.

Me concentro en mi respiración hasta que es pausada y constante, y solo siento unas ligeras náuseas.

—Es ahora o nunca —susurro mientras me guiño un ojo en el espejo—. ¡A la mierda!

Con una respiración profunda, abro la puerta y salgo con sigilo.

Jayden está en la cocina, terminando de fregar los platos.

Me ha preparado un pescado fresco que ha pescado esta tarde en el río y lo ha coronado con una salsa deliciosa, arroz de guarnición y una ensalada.

Hemos cenado juntos en la mesa a la luz de las velas y hemos hablado durante más de una hora sobre mi libro y sobre cómo siempre he querido ser escritora.

Él me ha hablado de su madre y de cuánto la echa de menos desde que murió de cáncer.

Ella fue quien le dijo que debería mudarse aquí después de ver lo infeliz que era con la vida convencional.

Hay una calma tranquila en él. Una audacia segura de sí misma que resulta increíblemente sexy. Estoy empezando a pillarme por él de un modo serio.

La cabaña está a oscuras, a excepción de la suave luz encendida en la cocina y el fuego de la chimenea. Me apoyo en la pared mientras cojeo hasta el sofá.

Jayden está de espaldas mientras friega los platos en el fregadero y yo no dejo de mirarlo nerviosa mientras me tumbo en el sofá en una postura que dice: «tómame, grandullón».

Mi teléfono está en la mesa de centro, así que lo cojo rápidamente y busco una canción sexy. Wicked Games de Chris Isaak... esa servirá.

Le doy al play y lo dejo sobre la mesa mientras el corazón me late con fuerza por los nervios, la emoción, la excitación y el miedo.

Jayden quita el tapón del fregadero. Tomo aire y esparzo mi pelo sobre el cojín mientras él termina. —¿Quieres beber algo? —pregunta mientras se da la vuelta y se acerca.

—Sí —digo mientras me muerdo el labio inferior con aire seductor—. Algo... caliente.

—¿Como un café?

Me incorporo y apoyo los brazos en el respaldo del sofá mientras lo miro con una sonrisa pícara. No puede verme el cuerpo, pero tengo la seducción escrita en toda la cara. —Más caliente.

—¿Más caliente que el café? —pregunta, con cara de confusión—. ¿Te encuentras bien? Pareces un poco febril o algo así.

Maldita sea. Supongo que tengo que trabajar en mis dotes de seducción. Parece que mi cara de «sedúceme» se parece más a una de «llévame al hospital».

—Supongo que sí me siento bastante caliente —digo mientras me levanto del sofá y empiezo a cojear hacia él.

¡Este dichoso tobillo hinchado está haciendo que sea muy difícil seducir a nadie! Avanzo hacia él renqueando como un zombi.

Hago un movimiento de melena sexy que debería hacer que su corazón explotara y lo miro con mis ojos de dormitorio más sensuales.

Él me mira de forma extraña. —¿Estás borracha?

—No —digo mientras se me caen la cara y los hombros. Siento que mis mejillas se calientan más que el fuego de la chimenea—. Intentaba... seducirte.

Wicked Games termina y lo siguiente que suena es Harry Styles, arruinando oficialmente el momento y haciéndome sentir como un fracaso total y absoluto.

Me dejo caer en el sillón que hay junto a la pared y escondo la cabeza entre las manos, deseando que esta montaña se abra y me trague entera.

Pasan diez segundos completos sin decir palabra y hago una mueca mientras lo observo entre los dedos.

Me está mirando con una expresión nueva en el rostro. Sus ojos marrones ya no son gentiles y suaves como una vieja silla de montar de calidad; son duros y hambrientos como los de una bestia voraz.

Trago saliva con dificultad mientras levanto la cabeza lentamente y dejo caer las manos sobre el regazo.

Respira con pesadez mientras me mira como un hombre hambriento miraría un postre.

Mi cuerpo empieza a hormiguear al darme cuenta de que antes se estaba conteniendo, y ahora ya no. Acabo de darle luz verde para que haga conmigo lo que quiera.

Trago con fuerza mientras bajo la mirada por su cuerpo y veo el contorno duro y alargado de su gran polla creciendo en sus pantalones. Se me hace la boca agua mientras la miro, estirándose y endureciéndose ante mis ojos de par en par.

—¿Tú intentabas seducirme a mí? —pregunta con incredulidad.

—Un poquito —digo mientras mis mejillas se vuelven rosadas.

Se pasa una mano por su pelo revuelto y se me contrae el vientre. —No he podido dejar de pensar en ti desde la primera vez que te vi.

Me quedo boquiabierta. ¡¿Qué?!

—Ha sido un infierno intentar no ponerte las manos encima, Lily —dice, con una expresión de dolor en los ojos solo de recordarlo—. Por eso me marchaba todo el rato. No sabía cuánto tiempo podría controlarme a tu lado.

—No quiero que te contengas —digo con el pulso acelerado—. Ya no.

Se quita la camiseta con un movimiento rápido y la lanza al suelo mientras se acerca.

—Madre mía —jadeo cuando cae de rodillas frente a mí y me estrecha entre sus brazos. Es tan grande. Su cuerpo es macizo y me hace sentir minúscula, lo cual no es nada fácil.

Le rodeo el cuello con los brazos y respiro su intenso aroma masculino. Me envía una sacudida directa al coño y hace que me palpite con más fuerza que nunca.

Nuestros rostros están muy cerca. Nos miramos a los ojos mientras deslizo la mano por su brazo grueso y potente. Su piel está tan caliente... La mirada en sus ojos es tan erótica...

Me voy a morir si no tengo a este hombre dentro de mí pronto.

Su mano grande se desliza hasta mi nuca y me atrae hacia delante, aplastando sus labios contra los míos. Gimo cuando introduce la lengua, reclamando mi boca como suya.

Estoy tan mojada. El fuego rugiendo en la chimenea, el aislamiento de la montaña mientras nieva fuera, la canción de Harry Styles que suena (debería apagar eso), todo está creando una escena con una carga erótica brutal.

Puedo sentir la electricidad chisporroteando en el aire mientras sus manos se deslizan por mi cuerpo dolorido hasta mis caderas.

Me acerca más mientras me besa con más profundidad. Aprieto los muslos y gimo al sentir el calor acumulándose entre ellos.

Este hombre me pone muchísimo. No he deseado tanto a un hombre en mi vida. Deslizo las manos hacia arriba hasta acunar su rostro, con los dedos enterrados en su espesa barba.

Antes no me hacían mucha gracia las barbas, pero ahora me he convencido del todo. Soy fan de las barbas a muerte.

Cuando por fin se separa de mi boca, me da vueltas la cabeza. Siento el corazón atronando en mis oídos y parece que se me ha olvidado cómo respirar mientras miro sus preciosos ojos marrones. Reflejan la luz anaranjada del fuego, lo que les da un brillo divino.

—Dios, Lily —dice con voz profunda y ronca mientras me aparta un mechón de pelo tras la oreja—. Estás jodidamente sexy. Estoy deseando estar dentro de ti.

Mis manos se deslizan por toda su piel caliente mientras lo miro maravillada. Nunca me había excitado tanto. Es tan intenso... Es tan jodidamente excitante.

Y antes de que pueda darme cuenta de lo que pasa, una risita burbujea en mi boca. Luego otra y otra hasta que me río sin control.

Sus labios sexys se curvan en una sonrisa divertida. —¿De qué te ríes?

—Es que... esto es tan irreal.

Vengo a las montañas para estar sola y, en cambio, ¿encuentro a este espécimen perfecto de hombre que está deseando estar dentro de mí? (Sus palabras, no las mías). Todavía estoy intentando asimilarlo.

—¿No te gusta lo que ves? —pregunta con una sonrisa socarrona.

Recorro con la mirada desde sus abdominales esculpidos hasta su pecho macizo mientras asiento de arriba abajo. —Sí, me gusta. Estás tan... duro —digo mientras le doy un golpecito en el pecho.

Él sonríe mientras sus manos se aprietan contra mí. —Aún no has visto lo duro que estoy... todavía.

Las risitas se disipan rápidamente mientras lo miro con el corazón palpitando.

Sin decir otra palabra, me levanta en sus grandes brazos y me lleva a su dormitorio. Nos detenemos en el pasillo para besarnos de nuevo y me alegro de que me sostenga. Con tobillo hinchado o sin él, mis piernas definitivamente no funcionarían con su boca sobre la mía de esta manera.

Me deposita suavemente en la cama y se incorpora mientras me recorre con una mirada llena de deseo.

—Joder —gruñe sacudiendo la cabeza—. ¿Cómo es que mi ropa te queda mejor a ti?

—Creo que quedaría mejor en el suelo —respondo con una sonrisa.