Mi lugar favorito (Academia Rider 2)
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CAPÍTULO 1
Las Navidades habían llegado a Wickford Hollow, y en las calles se respiraba ese ambiente tan característico de estas fechas. Tenía diez días de vacaciones para pasar en casa y pensaba disfrutarlos al máximo.
De las casas salía un delicioso olor a chocolate caliente, madera quemada y castañas, en la plaza del pueblo cantaban villancicos a todas horas y las tiendas estaban abarrotadas de gente haciendo sus últimas compras para Navidad.
Parte del día me lo pasaba pensando en si Liberty estaría bien, aunque los encargados que se habían quedado en la academia nos mandaban actualizaciones sobre cómo iban las cosas.
Con Brooke y Emily no había parado de hablar; estábamos todas nerviosas por recibir las notas del trimestre pasado, y como era día veinticuatro, no podían tardar mucho más. La espera se me estaba haciendo eterna.
Estas vacaciones me iban a venir genial para recuperar fuerzas antes de afrontar el segundo trimestre en la academia.
Había llegado a casa la noche anterior, después de que mi hermano Tyler me recogiera y nos pusiéramos al día durante las siete horas de coche que teníamos por delante, hasta llegar a casa.
Menos mal que mis padres aún no se habían mudado, porque, si no, habrían sido nueve horas.
Aunque echaba de menos hablar tanto con mi hermano, siete horas poniéndonos al día ya eran suficientes.
Llegamos agotados, pero mis padres estaban emocionados de vernos y nos tenían la mesa puesta y la cena preparada.
Hacía tanto tiempo que no cenábamos en familia, que me moría de ganas.
En casa, poco había cambiado. Bella, nuestra perrita bóxer, seguía igual de juguetona, aunque seguramente mis padres le habían dado más comida de la cuenta durante este trimestre.
Ahora que yo no estaba para controlar que no le cayera nada «accidentalmente» de la mesa durante las comidas y cenas, tenía algunos kilos de más.
El veinticuatro de diciembre no íbamos a hacer nada especial con mi familia.
Era un día para terminar las compras navideñas y cenar junto con mis abuelos tranquilamente en casa.
Era el día veinticinco cuando nos reuniríamos con mis tíos, primos y el resto de la familia en casa de mi abuela para celebrar la Navidad.
Aquella mañana me arreglé para la comida. Por suerte, Brooke me había prestado un vestido negro midi que era perfecto para la ocasión. Creo que mi familia nunca me había visto tan arreglada.
—¡Olivia, qué guapa! ¿De quién es este vestido? —preguntó mi madre.
—Me lo prestó Brooke antes de salir de la academia. Ella se había comprado otro para estas Navidades y no iba a ponérselo.
—¡Guau! Pues te queda espectacular —dijo mi padre, mirándome con asombro.
Nos dirigimos a casa de mi abuela, que quedaba a unos veinte minutos en coche.
Mientras miraba por la ventana los campos nevados, no podía evitar pensar si Liberty estaría teniendo suficientes horas de paddock con tanta nieve o si lo calentarían bien antes de darle cuerda.
El plan que había dejado preparado era sencillo.
Mientras otros jinetes preferían que les montaran los caballos, yo llegué a la conclusión de que un pequeño descanso antes de volver a la rutina nos vendría bien.
Así que Liberty pasaría en el paddock todo el tiempo posible y luego haría una combinación de días de cuerda y de paseos pie a tierra por el campo.
De esta manera, se mantendría activo, pero sin sobrecarga.
Al llegar a casa de mi abuela, la fachada dejaba claro que era una fanática de la Navidad: muñecos de nieve en el jardín, luces sobre las ventanas, en los setos y en las farolas y hasta un Papá Noel saliendo de la chimenea.
Adoraba la Navidad, y creo que todos nos habíamos contagiado de su entusiasmo a lo largo de los años.
Nada más entrar, sabía que mi familia tendría mil preguntas sobre mi trimestre en la academia: la gran novedad.
—¡Olivia, qué grande y guapa estás! —exclamó mi tía Mary—. Tienes que contarnos todo sobre la academia, ¿cómo ha sido este primer trimestre?
—¡Bien! La verdad es que ha estado muy bien.
Al principio me costó un poco coger el ritmo, es bastante intenso.
No paramos en todo el día, porque, además de montar, también estudiamos y complementamos el entrenamiento con gimnasio —contesté mientras cogía un canapé de las bandejas que estaban en el centro de la mesa del comedor.
—Ya veo… ¿Y Liberty está mejorando? —preguntó mi primo Henry, dos años mayor que yo.
Era una de esas preguntas que solía hacer la gente que no estaba familiarizada con el mundo del caballo, para mostrar interés.
—Bueno…, estamos aprendiendo mucho. En doma hemos mejorado bastante y hemos descubierto que el salto nos encanta.
—Pero ¿no era un caballo para hacer únicamente doma clásica? —intervino mi abuela mientras sacaba los canelones del horno.
—¡Sí! Pero por casualidades de la vida probamos a saltar y se le da genial. Hasta hice el examen final con él. Un poco locura, ahora que lo pienso fríamente, pero bueno… ¡solo vivimos una vez! —dije con entusiasmo.
—Veo que te lo has pasado en grande y que la academia te está aportando muchas cosas —comentó mi abuelo.
Poco a poco, toda la familia se fue reuniendo a mi alrededor, escuchando con atención mis aventuras en la academia.
La verdad, ahora que lo veía con perspectiva, el trimestre anterior había sido como un sueño.
Me había costado adaptarme, pero tenía a Brooke y a Emily…
y, bueno, a Jack. No sabía muy bien qué pensar de él, pero nuestra relación había mejorado a lo largo del trimestre.
Justo en ese momento, PIII PIII , sonó mi móvil mientras se iluminaba la pantalla para ver un mensaje en Instagram:
@Jack.Hawthrone: Feliz Navidad, Rompenormas. Coge energía para este trimestre.
No pude evitar sonreír y pensar durante unos segundos en qué responder. Al final opté por:
@Olivia.Thorn: Estoy cogiendo energía para seguir rompiendo normas. Igualmente, Jack, disfruta con tu familia.
Emily y Brooke también me habían escrito para felicitarme la Navidad y contarme los regalos que les había traído Papá Noel: varios sudaderos Stockholm, una brida nueva FairFax, ropa, una tablet …
En mi casa, nuestros regalos seguían debajo del árbol, ya que era tradición abrirlos después de la comida con la familia, aunque yo no esperaba ningún gran regalo.
Mi lista de Papá Noel era relativamente corta y asequible, ya que tenía de todo y no me hacían falta grandes cosas.
Aunque en mi mente solo pensaba en una montura nueva, ya que la que tenía no se ajustaba del todo bien al dorso de Liberty.
Este trimestre tendríamos prácticas con una Saddle Fitter, un especialista en el ajuste de monturas para caballos, y estaba segura de que solo se confirmarían mis sospechas de que realmente la montura no encajaba bien.
Aun así, decidí dejarlo fuera de la lista:
● Libro: Ignite Me
● Libro: Assistant to Villains
● Libro: From Blood and Ash
● Una mochila para ir a clase
● Agenda
● Botas de agua para la academia
Nos sentamos a comer alrededor de la una. Aunque pasaran los minutos, me seguía sintiendo como la novedad.
Mi móvil volvió a vibrar, esta vez con un mensaje de Joe. Joe era el groom que se había quedado a cargo de Liberty, y que cada día me hacía una actualización de cómo había pasado el día. Hoy me mandaba una foto de Lib saltando en la nieve y me deseaba unas felices fiestas.
Era un conflicto interno. Tenía ganas de disfrutar de mis vacaciones, pero sentía que dejar a Liberty tantos días sin mí iba en contra de mi filosofía.
Por muy bien que lo cuidara Joe (que, según los mensajes que me mandaba, estaba encantado de que le hubiera tocado Liberty, ya que al menos tenía buen carácter y era mimoso, a diferencia de muchos otros caballos de la academia), él lo apodaba Mr. Libertades .
Lo llamaba así porque, cuando salían a pasear por el campo, Liberty a veces se tomaba demasiadas libertades para ir hacia donde quería.
Los caballos no entienden de Navidades, y por mucho que todos queramos pasarlas con nuestros familiares, en las hípicas, las personas responsables tienen que seguir las rutinas de los caballos y cuidarlos.
Cuando terminamos la comida, los más pequeños, que tenían siete y ocho años, ya estaban ansiosos por abrir los detalles que había dejado Papá Noel en casa de mi abuela.
Yo, como cada año, era la encargada de repartirlos a los diferentes miembros de la familia.
Poco a poco, las caras de todos se llenaron de sonrisas y mis primos correteaban arriba y abajo, jugando con sus nuevos juguetes.
Yo, por suerte, tuve un libro por sorpresa: Onyx Storm , el tercero de la saga Empíreo.
El primero y el segundo me los había leído durante el primer trimestre, y me habían ayudado a evadirme cuando tenía tantas dudas sobre lo que hacía en la academia, en la que esperaba seguir estudiando, aunque, sin las notas del trimestre, era toda una incógnita si podría continuar ahí.