Mi Jefe Irresistible (Jefes Insoportables nº 5) CAPÍTULO 29
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CAPÍTULO 29

ROYCE

La sala de reuniones de The Legacy está abarrotada.

Laura Kendall, mi directora de marketing, está de pie frente a la pantalla con una expresión que oscila entre el pánico profesional y la fascinación morbosa.

Su equipo está disperso alrededor de la mesa con portátiles abiertos, móviles sonando sin parar y esa energía frenética que solo aparece cuando hay una crisis mediática de proporciones épicas.

Y vaya si la hay.

—Bien. —Laura respira hondo—. Vamos a repasar los daños. Manhattan Society Magazine ha publicado tres artículos en las últimas seis horas. Page Six tiene fotos de la ceremonia. Twitter está que arde con el hashtag #CambioDeNovio. Y…

—¿Y? —pregunto, recostándome en la silla, con Hannah sentada a mi lado y su mano entrelazada con la mía.

—Y tenemos doscientas solicitudes de entrevistas. Cincuenta peticiones de declaraciones oficiales. Y al menos diez teorías conspirativas circulando sobre por qué cambió el novio a mitad de ceremonia.

Drake, sentado al otro lado de la mesa junto a Richard Gray, se ríe.

—¿Solo diez? Qué decepción. Yo apostaba por al menos veinte.

Laura lo fulmina con la mirada.

—Esto no tiene gracia, señor Harris. Estamos ante un escándalo de relaciones públicas sin precedentes. La boda del año se ha convertido en…

—¿En la mejor historia de amor que Manhattan ha visto en décadas? —la interrumpe Drake—. Sí, Laura. Exactamente en eso se ha convertido.

—No es una historia de amor. Es un desastre.

—Es ambas cosas. —Drake sonríe—. Y créeme, sé exactamente cómo convertir un desastre en oro publicitario.

Miro a mi hermano, que está recostado en su silla con esa confianza despreocupada que siempre me ha sacado de quicio.

Excepto que ahora, por primera vez, me pregunto si he estado equivocado al descartarla como simple irresponsabilidad.

—Las redes sociales están divididas —continúa uno de los miembros del equipo de Laura—. La mitad piensa que es romántico. La otra mitad piensa que es un escándalo. Y hay un tercer grupo bastante ruidoso que exige saber qué pasó con el novio original.

—El novio original está de maravilla. —Drake levanta una mano—. De hecho, estoy mejor que nunca. Acabo de librarme de casarme y eso, amigos, es motivo de celebración.

Richard Gray se ríe a pesar de la tensión.

—Tu honestidad es refrescante, Drake.

—Alguien tiene que decir la verdad. —Drake se encoge de hombros—. Y la verdad es que Hannah y yo nunca estuvimos enamorados. Éramos mejores amigos que jugábamos a ser pareja porque… bueno, porque teníamos nuestras razones. Pero entonces apareció el amor de verdad y el resto es historia.

—Esa no es una narrativa que podamos vender. —Laura sacude la cabeza—. Admitir públicamente que el compromiso era falso solo empeorará las cosas.

—¿Quién ha dicho que vayamos a admitir eso? —Drake se inclina hacia delante—. Laura, llevas años trabajando en este negocio. ¿Cuál es la regla número uno de las relaciones públicas?

Laura lo mira con recelo.

—Controlar la narrativa.

—Exacto. Y ahora mismo, la narrativa es un caos. Así que vamos a darles una historia. Una buena historia. Una historia que nadie va a poder resistirse a compartir.

—¿Qué tipo de historia? —pregunta Laura.

Drake sonríe, y esa sonrisa me hace prestar atención de verdad.

—La historia del magnate hermético que nunca creyó en el amor hasta que conoció a la mujer perfecta.

Solo que había un problema: ella estaba comprometida con su hermano.

Un hermano que, por cierto, no estaba enamorado de ella de verdad, sino que la consideraba su mejor amiga.

Así que ese hermano, que da la casualidad de que es el mejor hermano del mundo, se sacrificó y le dio su bendición para que el amor verdadero triunfara.

La sala entera se queda muda.

—Eso… —Laura parece estar procesándolo—. Eso podría funcionar.

—Podría no. Va a funcionar. —Drake se levanta y camina hacia la pantalla—.

Piénsalo. Es la historia perfecta para humanizar a Royce.

El hombre frío que se enamora por primera vez en su vida y está dispuesto a arriesgarlo todo por esa mujer.

Incluida su relación con su hermano. Excepto que su hermano resulta ser un tío increíble que entiende que el amor verdadero es más importante que las apariencias.

—Yo no soy un tío increíble —digo, seco—. Soy un cobarde que casi lo arruina todo.

—Sí, bueno, eso no lo vamos a incluir en la narrativa. —Drake me guiña un ojo—. La clave está en los detalles. En cómo contamos la historia. Y créeme, hermano, sé exactamente cómo contarla.

Drake me clava la mirada, con una determinación y un propósito que no le había visto antes: la misma intensidad que yo pongo en los negocios, aplicada a un terreno que no es el mío.

—Necesitamos declaraciones coordinadas —continúa Drake—.

Richard contará que siempre quiso que su hija fuera feliz y que está encantado de que haya encontrado el amor verdadero.

Yo daré una entrevista explicando que Hannah es como una hermana para mí y que siempre supe que ella y Royce estaban hechos el uno para el otro. Y Royce…

—¿Qué? —pregunto.

—Royce va a terminar de escribir junto a Hannah esa maldita biografía que lleva meses evitando. Pero con un giro: va a tratar sobre encontrar el amor cuando menos te lo esperas. Sobre superar tus propios miedos. Sobre arriesgarlo todo por la persona correcta.

Hannah me aprieta la mano.

—Eso es… brillante.

—Lo sé. —A Drake le brillan los ojos—. Y también vamos a filtrar alguna foto de la boda. Los mejores momentos. Royce de rodillas frente a Hannah. El beso en el altar. Todo lo que grite «esto es amor de verdad».

—Ya tenemos esas fotos —dice uno de los miembros del equipo—. Los fotógrafos lo captaron todo.

—Perfecto. Las enviamos a las publicaciones correctas con el titular adecuado. «El CEO que nunca creyó en el amor encuentra a su alma gemela en el altar… de su hermano». Manhattan Society va a comerse esto con patatas.

Laura toma notas a toda prisa.

—Necesitaremos tiempo para coordinar todo esto. Al menos una semana para…

—Lo tendrás listo en cuarenta y ocho horas —la corta Drake—. La clave está en la velocidad. Tenemos que controlar la narrativa antes de que otros la controlen por nosotros.

—Eso es… muy agresivo.

—Es efectivo —corrige Drake—. Confía en mí.

Y lo extraño es que yo sí confío en él.

Por primera vez en mi vida, mirando a mi hermano dirigir esta reunión con la misma autoridad con la que yo dirijo las mías, caigo en la cuenta.

Drake no es irresponsable.

Solo es diferente a mí.

Y esa diferencia, lejos de ser un defecto, es justo su mayor fortaleza.

—De acuerdo. —Laura cede y asiente—. Lo haremos a tu manera, Drake. Pero esto tiene que funcionar.

—Funcionará. —Drake sonríe—. Dadme cuarenta y ocho horas y convertiremos este escándalo en la mejor campaña de relaciones públicas que Harris Legacy Hotels haya tenido jamás.

La reunión continúa durante otra hora.

Drake coordina cada detalle con una precisión que me deja asombrado. Asigna tareas. Establece plazos. Anticipa problemas antes de que aparezcan. Convierte el caos en orden con una facilidad que parece natural.

Como si hubiera nacido para esto.

Cuando todos los demás se marchan, nos quedamos solo Drake, Hannah, Richard y yo en la sala.

—Eso ha sido… impresionante —dice Richard, mirando a Drake con respeto—. Tienes un don para esto, muchacho.

—Gracias. —Drake se encoge de hombros—. Es lo que hago.

—No —digo, levantándome—. Es lo que haces mejor que nadie.

Drake me mira sorprendido.

—¿Qué?

—Acabo de verte resolver en una hora lo que mi equipo de marketing era incapaz de arreglar.

Has convertido un desastre en una oportunidad.

Has controlado una narrativa imposible y la has hecho trabajar a nuestro favor.

Y lo has hecho con una confianza que… —Me detengo a elegir bien las palabras—.

Con una confianza que solo viene de saber muy bien lo que estás haciendo.

Sigue un silencio tenso.

Drake me mira como si estuviera esperando la otra parte. El «pero». La crítica. La decepción.

Pero esta vez no va a haberla.

—He sido un idiota —digo por fin—. He pasado años diciéndote que sentaras cabeza. Que maduraras. Que fueras más como yo. Y todo este tiempo lo único que hacía era intentar meterte en un molde que no es el tuyo.

—Royce…

—Tu forma de vivir es tan válida como la mía —continúo—. Tu forma de trabajar es tan valiosa como la mía. Y he estado demasiado ciego para verlo. He sido demasiado arrogante para admitir que podrías ser bueno en algo en lo que yo soy pésimo.

Drake parece incapaz de hablar.

—Eres brillante en relaciones públicas. En conectar con la gente.

En leer el ambiente de una sala y saber qué decir en cada momento para conseguir lo que quieres.

Y yo… yo he estado tan ocupado comparándote con mis propios estándares que no me he dado cuenta de que tienes los tuyos. Y que son igual de válidos.

—No sé qué decir. —Drake tarda en reaccionar—. Nunca pensé que oiría esto de ti.

—Deberías haberlo oído hace años. —Respiro hondo—. Y para demostrarte que lo digo en serio, quiero que dirijas nuestro hotel más importante.

Drake parpadea.

—¿Qué?

—El Legacy Manhattan. Nuestro buque insignia en América. Quiero que seas tú quien lo dirija. Quiero que seas tú quien establezca las relaciones con la alta sociedad. Que seas tú quien construya la imagen que este hotel necesita para triunfar en esta ciudad.

—Royce, yo no tengo experiencia dirigiendo un hotel.

—No. Pero sabes leer a la gente, anticiparte a lo que necesita y crear conexiones que duran. Y eso es justo lo que este hotel necesita. Así que… —Le tiendo la mano—. ¿Aceptas?

Drake se queda mirando mi mano.

Luego me mira a mí.

Y tiene los ojos llenos de lágrimas.

—¿De verdad confías en mí para esto?

—Con los ojos cerrados —digo sin dudar—. Y debería habértelo dicho antes. Debería haberte dicho que confío en ti. Que creo en ti. Que… que estoy orgulloso de ti.

Drake me abraza tan rápido que apenas tengo tiempo de reaccionar.

—Gracias. —Su voz es un susurro roto—. Gracias, Royce. No sabes lo que esto significa para mí.

Le devuelvo el abrazo. Y por primera vez en mi vida me permito disfrutar del contacto.

—Tú me criaste —dice contra mi hombro—. Cuando papá no estaba. Cuando mamá miraba hacia otro lado. Eras tú quien estaba ahí. Eras tú quien me protegía. Y he pasado años intentando… intentando ser lo suficientemente bueno para ti. Para que estuvieras orgulloso de mí.

—Siempre he estado orgulloso de ti. —Me tiembla la voz—. Solo que era demasiado idiota para decirlo.

Nos apartamos y los dos nos secamos los ojos con torpeza.

Richard carraspea.

—Esto es muy emotivo, creo que Hannah y yo deberíamos irnos y dejaros…

—No. —Drake se ríe y se seca las últimas lágrimas—. Quedaos. Celebremos. Porque resulta que acabo de conseguir el trabajo de mis sueños y mi hermano acaba de admitir que no es perfecto.

—Nunca he dicho que sea perfecto.

—Lo dabas a entender todo el rato. —Drake sonríe de oreja a oreja—. Pero ahora sé que eres humano. Y eso, hermano, es un gran alivio.

Hannah se levanta y abraza a Drake.

—Gracias. Por todo lo que has hecho. Por nosotros. Por sacrificar tu boda.

—Oh, por favor. —Drake la aparta—. Esa boda no era mía. Nunca lo fue. Era vuestra. Yo solo os estaba guardando el sitio hasta que este idiota se diera cuenta de lo que tenía delante.

—Te quiero, Drake. —Hannah sonríe—. Eres el mejor amigo que se puede tener. Y el mejor cuñado.

—Cuñado —repite Drake—. Joder. Eso significa que ahora somos familia de verdad.

—Siempre hemos sido familia —le dice Hannah—. Pero ahora es oficial.

Pido que nos traigan champán y pasamos la siguiente hora celebrando.

Drake cuenta anécdotas de la boda que yo desconocía. Richard comparte historias de Hannah de pequeña que la hacen sonrojarse. Hannah habla sobre la biografía que todavía tiene que terminar de escribir, ahora con un final muy distinto.

Y yo me quedo observando a mi hermano.

A Drake, que ha pasado años bajo mi sombra, intentando demostrar que es suficiente.

Cuando siempre ha sido más que suficiente.

Solo que yo no quería verlo.

—¿En qué piensas? —susurra Hannah, acercándose a mí.

—En que estuve a punto de echarlo todo a perder —respondo—. Contigo. Con Drake. Con todo.

—Pero no lo hiciste. —Me besa en la mejilla—. Al final, encontraste el valor.

—Gracias a Drake. Él vino a buscarme. Él me obligó a enfrentarme a mis miedos.

—Entonces creo que le debemos una. —Hannah sonríe—. Y de las gordas.

—Le debo más que eso. —Miro a mi hermano, que se está riendo de algo con Richard—. Le debo años de disculpas. Y voy a empezar dándole la oportunidad que siempre debí darle.

—Va a ser brillante —dice Hannah—. Lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé. —Sonrío—. Y tengo la sensación de que verlo dirigir ese hotel va a ser tan entretenido como exasperante.

—¿Exasperante?

—Es Drake. —Me encojo de hombros—. Va a hacer las cosas a su manera. No a la mía. Y me va a volver loco por el camino.

—Pero vas a dejarle hacerlo. —No es una pregunta.

—Voy a dejarle hacerlo —confirmo—. Porque he aprendido que mi forma de trabajar no es la única forma. Y que a veces, la mejor forma de amar a alguien es dejar que sea quien es.

Hannah me besa.

—Te amo.

—Yo también te amo —murmuro contra sus labios—. Y gracias.

—¿Por qué?

—Por esperarme. Por no rendirte. Por amarme incluso cuando era demasiado cobarde para devolverte todo ese amor.

—La espera ha merecido la pena —dice, como si fuera evidente.

Y miro alrededor de esta sala: veo a mi hermano sonreír, siento la mano de mi esposa en la mía y sé que por fin he encontrado mi lugar…

No puedo estar más de acuerdo.