Capítulo 5 #3
Las caderas se me dispararon hacia delante mientras lamía a Theo hasta dejarlo limpio, gimiendo, con la presión acumulándose en los huevos de repente, arrasadora, hasta que me corrí sobre sus dedos y sobre mi propio vientre.
Nos quedamos así un momento. Laney cogió un pañuelo de la mesilla y se limpió la mano, y por fin dejé que Theo saliera de mi boca y me senté sobre los talones, jadeando.
Me dolía la mandíbula. Me dolían las rodillas.
Me limpié la boca con el dorso de la mano y me sonrojé a medida que recuperaba algo de lucidez.
Pero antes de que pudiera empezar a comerme la cabeza, Laney se inclinó y me besó, y joder, cuánto la había echado de menos. La atraje hacia mí, ella me rodeó el cuello con los brazos y gimió bajito, apretándose contra mí un instante antes de retirarse.
—Sabes a él —susurró—. Es sexy.
La mano de Theo apareció delante de nosotros, y nos levantó a los dos y nos atrajo a sus brazos.
Laney se rio al caer contra su cuerpo desnudo.
Luego se puso de puntillas, le cogió la cara y lo atrajo hacia abajo para besarlo.
Theo gimió y la estrechó contra sí, y joder, fue lo más excitante que había visto en mi vida, sobre todo cuando ella me buscó y tiró de mí hasta pegarme a ellos, y los tres nos fuimos turnando, intercambiando besos.
Mientras yo la besaba, Theo le desabrochó los botones de la blusa, y mientras él la besaba, yo le bajé los pantalones. Ella se quitó los zapatos de una patada, y Theo la levantó y la lanzó a la cama. Laney aterrizó con un bote y nos sonrió a los dos.
—Me toca a mí —dijo, y arqueó la espalda.
Nos lanzamos a la cama con ella, encima de ella antes de que pudiera terminar la frase.
Theo le puso las manos en los pechos y le apartó el sujetador mientras le besaba la boca.
Yo empecé más abajo, recordando cuánto le gustaba que me tomara mi tiempo.
Le fui dejando besos desde la cara interna del tobillo hasta la pantorrilla, y de ahí al interior del muslo, mientras observaba la mano de Theo bajarle por el vientre y colarse bajo las bragas.
Ella se sacudió cuando los dedos de él se le deslizaron dentro; su mano salió disparada hacia la muñeca de Theo y el muslo le tembló contra mis labios.
—Joder, está empapada —murmuró Theo mientras sacaba la mano de las bragas y me ofrecía los dedos que acababan de estar dentro de ella.
Era obsceno, y probablemente estaba mal, pero los lamí hasta dejarlos limpios y gemí al notar su sabor tan familiar.
—Joder, te he echado muchísimo de menos, Laney —susurré, y fui subiendo a besos, contando una por una las pecas de la parte alta de sus muslos.
—Caleb sabe lo que me gusta —dijo Laney, y se bajó las bragas y las tiró a un lado. Le tembló la voz al final—. Enséñale a Theo cómo hacer que me corra, cariño.
Theo me miró.
—Sí, Caleb. Enséñame.
Me acerqué y la besé con suavidad, justo en el pliegue de la cara interna del muslo. Luego le lamí el coño, una pasada larga y lenta con la lengua plana, desde la entrada hasta el clítoris, y moví la punta de la lengua justo como a ella le gustaba.
Laney gimoteó. Los muslos le dieron un brinco a ambos lados de mi cabeza.
Me aparté.
—Despacio —le dije a Theo—. Primero con la lengua plana. No vayas directo al clítoris, dale vueltas alrededor. Lo tiene muy sensible.
A Theo no hubo que decírselo dos veces. Se inclinó y la lamió una vez, igual que yo, gimió al saborearla y fue rodeándole despacio el clítoris antes de succionarlo entre los labios.
Laney echó la cabeza hacia atrás y gimió su nombre, y fue de lo más erótico ver a mi mejor amigo lamiéndola.
—Ahí —jadeó, y le pasó los dedos por los rizos cortos—. Así, Theo. No pares.
Me arrastré hasta ponerme a su lado y le besé el vientre, luego el pecho, memorizando cada curva que había echado de menos.
Al final me agarró del pelo y me subió la boca hasta la suya.
Joder, besarla otra vez era exactamente como siempre.
Solo que esta vez mi mejor amigo se la estaba follando con la lengua mientras nos besábamos, y ella se retorcía y gemía contra mis labios.
Theo le separó más los muslos.
—Vamos a hacer que se corra, Caleb —dijo, y le metió la lengua bien dentro.
Me desplacé hacia abajo y le lamí y succioné el clítoris mientras él seguía con la lengua dentro de ella.
Luego la lengua de Theo subió hasta su clítoris mientras yo se lo chupaba, y nuestras lenguas se encontraron.
Fue húmedo, resbaladizo, guarro: la punta de la lengua de Theo se deslizaba contra la mía y el clítoris de Laney quedaba atrapado entre los dos. No me aparté. Él tampoco. Nos besamos allí mismo, con la boca abierta sobre ella, lamiéndola y lamiéndonos a la vez.
A Laney le empezaron a temblar los muslos. Se me agarró al pelo con tanta fuerza que escocía.
—No paréis —jadeó—. Ninguno de los dos. No se os ocurra parar.
No paramos. Theo se la folló con la mano, le curvaba los dedos dentro, y yo le chupaba el clítoris con suavidad mientras él me lamía el contorno de los labios, y Laney arqueó la espalda hasta separarla de la cama. Clavó los talones en mi hombro y en la espalda de Theo.
Se corrió en nuestras lenguas con un grito agudo y penetrante, con todo el cuerpo contraído y las caderas empujando contra nuestras bocas. Le sujeté el muslo contra la cama con una mano y seguí lamiéndola despacio durante todo el orgasmo, con los dedos de Theo todavía enterrados dentro de ella.
—Ay, joder —susurró, con la respiración agitada—. Otra vez.
Eso sí que podíamos hacerlo.