Mi esposa ya no es mía (La hotwife y el cornudo nº 1) Capítulo 25.Ya no soy solo tuya.
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Capítulo 25.Ya no soy solo tuya.

La última noche en la playa fue el entierro definitivo de nuestro matrimonio.

Laura volvió a la villa pasadas las tres de la mañana, sola. Caminaba descalza, con el bikini roto, el pelo pegajoso de semen seco, marcas de manos por todo el cuerpo y una mirada que ya no contenía ni una gota de la mujer que había sido.

Yo estaba sentado en la terraza, mirando el mar oscuro, con una botella de vodka medio vacía entre las piernas.

Cuando entró, ni siquiera me miró. Se quitó lo poco que le quedaba de ropa y se dejó caer en el sofá, abriendo las piernas sin pudor.

Su coño y culo estaban destrozados, rojos, hinchados, llenos de semen fresco que aún chorreaba.

—Ven —dijo con voz cansada y fría—. Cumple con tu trabajo.

Me arrodillé entre sus piernas como un autómata. El conflicto ya no rugía. Solo quedaba un vacío inmenso y silencioso.

Empecé a lamer. Semen de tres hombres diferentes. Amargo, espeso, asqueroso. Laura me agarró del pelo sin fuerza, casi con aburrimiento.

—Más profundo —murmuró—. Quiero que saques hasta la última gota de lo que me han dejado.

Mientras lamía, habló con voz baja y definitiva:

—Esto es lo que somos ahora. Yo, una puta.

Tú, el cornudo que limpia. Ya no hay vuelta atrás.

No quiero ser tu esposa. No quiero tus besos románticos ni tus “te quiero” patéticos.

Quiero pollas. Quiero que me usen. Quiero sentirme sucia.

Y quiero que tú estés ahí para recordarme lo bajo que he caído… y lo mucho que me gusta.

Levanté la vista, con la cara brillante de fluidos ajenos y lágrimas silenciosas.

—Te he perdido —susurré—. De verdad te he perdido.

Laura me miró durante unos largos segundos. Por un instante creí ver un destello de dolor real en sus ojos, pero desapareció enseguida.

—Sí. Me has perdido. O mejor dicho… yo me he entregado. Y tú me has dejado. Eso es lo más enfermo de todo: que ambos lo queríamos. Aunque te duela el alma, aunque sientas que te estás muriendo por dentro.

Se incorporó, me empujó al suelo y se sentó sobre mi cara, frotándose con fuerza, usando mi boca como un trapo.

—Lame más rápido, cornudo. Mañana volvemos a Madrid… pero esto no termina aquí. Luka se queda en Ibiza, pero vendrá a vernos. Y traerá amigos. Y yo abriré las piernas cada vez que me llame. Tú seguirás siendo mi marido en la calle… y mi esclavo en casa.

Me corrí sin tocarme, solo con su coño aplastándome la cara y su voz destruyéndome.

Cuando terminó, se levantó, me miró desde arriba y dijo las palabras que sellaron todo:

—Mi esposo ya no soy tuya. Soy de quien yo decida. Y tú… tú solo eres el cornudo que paga las facturas y limpia los restos.

Se dio la vuelta y caminó hacia la cama. Antes de acostarse, añadió sin mirarme:

—Te quiero. A mi manera enferma. Pero ya nunca volveré a ser la Laura de antes.

Me quedé tirado en el suelo de la terraza, con la cara pegajosa, el corazón hecho cenizas y la certeza absoluta de que el hombre que había llegado a Ibiza ya no existía.

Mi esposa ya no era mía.

Y yo, por primera vez, lo había aceptado del todo.

Fin del Libro 1: La Playa