Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 3 3
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Darcy

Llevo tirada en el suelo de mi apartamento cinco horas. Inmóvil frente al portátil. Creo que voy a quedarme aquí para siempre.

El mundo se ha convertido en algo inmenso y vacío, pero no puedo llorar. Resulta que sin Dunkan, no soy capaz. Supongo que, teniendo eso en cuenta, es genial que no vaya a volver a verle.

Las flores, el ataúd, la hora, todo está listo. He gastado la batería de mi móvil haciendo llamadas, pero ya está todo listo.

Mañana enterraré el cuerpo de mi hermana bajo tierra y la vida seguirá como si nunca hubiera existido.

Desvío la mirada hacia todas las bolsas de basura donde he metido mis cosas. Mi ropa, mis zapatos, la persona que era.

He metido algunas en una maleta para dárselas mañana a Macy, para que las use cuando crezca, si quiere. Que mi sobrina no vaya a poder ponerse nada de eso en muchos años me reconforta, porque lo cierto es que no quiero ver nada de eso.

Aun así, soy incapaz de tirarlo todo. Me parecería cruel sabiendo cuánto le gusta.

Descubro que, en realidad, no tengo muchas otras cosas más allá de las puertas del armario. Lo descubro porque, en cuanto me he deshecho de mi antigua ropa, mi apartamento ha quedado vacío.

Sé que hay personas que ven a sus seres queridos después de muertos, como psicóloga, he leído bastante sobre el tema.

Recrimino a mi hermana por no aparecérseme.

Quizá ya estaba cansada de cargar conmigo.

Quizá supo que mientras ella se marchitaba, mi corazón albergó algo de felicidad y ahora está enfadada. Yo, desde luego, lo estoy.

Miro al portátil.

He visto los vídeos que Monique preparó para mí del tirón. He destrozado sus últimos esfuerzos de acompañarme aunque ya no esté conmigo. He pasado por alto sus deseos con tal de oír su voz, porque soy así de egoísta.

Cuando te enamores…

Cuando vayas a tener tu despedida de soltera…

Si crees que eres una mala madre…

Si tienes una hija adolescente que no te hace caso…

Si dudas de ti misma o de si ayudas a alguien con tu profesión…

Pero yo no viviré nada de eso, mi vida se va a quedar en pausa hasta el final. «Por si me echas de menos». Ese es el único vídeo que me queda. Y el que no voy a ver nunca.

Llaman a la puerta unas cuantas veces. Rompo mi racha sedentaria para ir a abrir la puerta. Debería aprovechar para sacar la basura.

No reconozco a la chica en chándal con gafas cuadradas que me devuelve la mirada al llegar a la entrada, pero voy a tener que acostumbrarme. Es quien voy a ser el resto de mi vida, dure lo que dure.

No sé cuánto tiempo me quedo parada frente al espejo, pero cuando tiro de la puerta descubro que fuera ya es de noche y allí no hay nadie.



Cuando vuelve a salir el sol, el día está gris. Llueve, aunque tampoco diluvia. Llego al cementerio antes que nadie, así que media hora después, ya tengo el chándal empapado. Pesa.

Beckham es el primero que viene a saludarme y se empeña en taparme con su paraguas, aunque a mí la lluvia me da igual. Le doy la maleta con las cosas para Macy y promete que cuidará de la ropa como si fuera un tesoro. Qué tontería. Ni que fuera una persona.

—¿Y tus zapatos, Darcy? —pregunta con una dulzura triste.

Desvío la mirada hacia abajo y veo mis pies fundiéndose con la hierba. Solo entonces siento lo fríos que los tengo, a la par que el corazón. Quizá me esté volviendo de hielo. Ojalá lo hubiera conseguido antes.

Veo a Keira y a Alek Sant Delphi entre la gente, pero no me acerco a saludar. No, porque Macy llega hasta nosotros en los brazos de su padre, que parece que ha perdido el rumbo de toda su vida. Pobrecillo. Perder al amor de tu vida debe doler. Suerte que yo ni voy a conocer al mío.

—¿Cuándo vuelve mami? —pregunta Macy y no parece la primera vez.

—Te lo he dicho, cariño, mamá no puede volver —dice Theo con todo el dolor y el cariño del mundo.

Macy se aferra a su cuello y llora sin emitir sonido alguno. Qué injusto que con solo dos años ya le hayan roto el corazón por algo que estoy segura de que no comprende del todo.

La ceremonia da comienzo y no oigo ni una sola palabra del oficiante.

¿Estará cómoda? ¿Le gustará el ataúd? No tiene que estar cómoda, Darcy, está muerta. Ni siente ni padece. Al menos, eso creemos, ¿no? Que ahí no hay nada más que un cascarón vacío, ¿verdad?

Joder, ¿acaso esa idea le da paz a alguien?