Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 3 1
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Darc y

Cuarenta horas más tarde.

Beckham está cuidando de Macy, lo que significa que Theo no se ha movido de aquí ni un instante. Ninguno de los dos ha dicho palabra en horas.

Puede que no haya leído nada sobre los trabajos del máster que debería haber hecho, pero sé mucho sobre la maldita HLH.

De cara al final, el paciente experimenta un daño a nivel mental que viene porque el hígado no puede limpiar las toxinas de la sangre.

Se llama encefalopatía hepática y es lo que hace que mi hermana no deje de llamarme Macy desde hace tres minutos.

Pero, aunque confusa, a mí me contenta que esté despierta después de casi dos días inconsciente. Me mira a través de la máscara de oxígeno y yo lo hago a través de las lágrimas, sin dejar de pensar en una cosa.

«Me encantaría ver quién va a robarte el corazón. Me encantaría ver con quién te vas a casar, si tendrás hijos o no. Me entristece mucho pensar que me lo voy a perder».

—¿Puedes esperar despierta un momento? ¿Crees que puedes?

—Sí, claro —asegura, pero no estoy nada convencida.

Me doy toda la prisa que puedo y entro en la habitación de Dunkan.

—Te necesito.

Ya estaba sentado al borde de la cama, pero se levanta. Veo que sus labios se mueven, pero no le oigo bien. Mi corazón bombea demasiado rápido y es ensordecedor.

No puedo hacer esto.

No voy a poder con esto.

—Darcy, tienes sangre en la mano —dice y eso sí lo oigo alto y claro.

Siguiendo la dirección de sus ojos veo que he manchado el reloj de su padre de sangre.

—Lo siento, lo limpiaré, te lo prometo.

—Te has hecho una herida profunda —insiste, preocupándose por lo que no debería.

—Por favor, necesito… necesito… necesito que me ayudes —digo al borde del sollozo, apretando un poco más la mano, aferrándome al control que me da el dolor.

Dunkan me sigue por el pasillo, mucho más deprisa de lo que debería. Le coloco la mascarilla viendo cómo sus labios se mueven, pero no consigo enterarme de lo que dice. Me aferro a su mano con todo lo que tengo, haciéndome daño en la otra para no perder el control.

—Por favor, finge que te casarías conmigo unos minutos, ¿vale?

—¿Fingir?

—Por favor, Dunkan, ella lo es todo para mí. Por favor —insisto sin reparar en su respuesta, después entramos en la habitación de mi hermana cogidos de la mano.

El suelo bajo mis pies tiembla y estoy bastante segura de que solo sigo entera por la mano que me sostiene. No miro a Theo porque esto es entre Monique y yo.

—M-Monique. ¿Monique? —Me cuesta varios intentos que abra los ojos—.

Mira. Dijiste que te dolía no saber con quién iba a casarme, ni quién iba a ser el padre de mis hijos.

Pero no te lo has perdido. Él… él será mi marido.

Dunkan será todas esas cosas. —Desvío la mirada hacia el susodicho piloto, pero la aparto como si me electrocutara.

Luego me veo obligada a clavar más el reloj en mi palma—.

¿Qué…? ¿Qué te parece? Si me obligas a buscar a otro novio, necesitaré que me des algo más de tiempo.

Necesito el visto bueno de mi hermana mayor.

Se quita el oxígeno de la cara los segundos suficientes como para decir:

—Tienes mi visto bueno.

Esas son las últimas palabras que oigo decir a mi hermana. Poco después pierde el conocimiento y ya no lo recupera.

Diez horas más tarde, un fallo multiorgánico me la arrebata para siempre.