C a p í t u l o 1 8
  
Dunkan
Días después.
Veinte minutos después de que Nolan entre por la puerta soltando una retahíla de «lo explotados que están los hermanos pequeños» le doy su regalo.
—Eres un imbécil —dice sentado en la butaca sosteniendo el álbum de fotos con la mano buena y una sonrisa en la cara.
Está aprendiendo a escribir con la otra, pero me ha dicho que le han bajado la nota de un examen porque el profesor malinterpretó su mala letra. Un baño de humildad no le vendrá mal a este empollón que solo sabe sacar dieces.
—Tíralo si no te gusta.
—¿He dicho yo eso? ¿Acaso lo he dicho? —gruñe, acercándose con el sillón a la cama para que vea las fotos, como si no las hubiera pegado yo mismo en el álbum.
Mira una a una con un cariño que me hace pensar que no le parece una mierda absoluta de regalo. Que le gusta, incluso. Cuando lo termina, lo cierra, alza la cabeza y pregunta:
—¿Sigues viéndole?
Me quedo de piedra.
Siento cómo el color y la sangre se escapan de mi cara.
—¿Q-qué? —grazno.
—Vamos, Dunkan, soy tu hermano. Seré más pequeño que tú, pero vivíamos en la misma casa. Te oía hablar con él. ¿Sigues viéndole?
—No —miento, sintiéndome demasiado invadido para decir la verdad.
Me aguanta la mirada barajando si digo la verdad o no. Finalmente chasquea la lengua y hace una mueca.
—Qué pena. La verdad es que me daba mucha envidia. Yo le hablaba y le pedía que viniera a verme a mí también, pero no se me aparecía. Durante unas semanas pensé que era porque a ti te quería más.
—¿Qué cojones? Nolan, a mí no me quería más y papá no se me aparecía. Me lo imaginaba yo porque lo necesitaba, pero no era real —digo sintiendo un ardor raro en la garganta.
—Ya, bueno, eso suponemos —se encoge de hombros.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Bueno, ya sabes. Viste Interestelar , ¿no? Lo de las realidades paralelas y todo eso. Quizá papá esté en otra desde la que solo pueda contactar con nosotros unos minutos y te eligiera a ti porque eras el adulto y responsable.
—Cállate, anda.
—No me importaría, ¿sabes? —La intensidad de su mirada me ralentiza el pulso—. Tú me lo das todo. No me importaría que él cuidara de ti como tú lo haces de mí.
Joooooder.
Me froto la cara y carraspeo.
—Cuando salga de aquí vamos a darnos de hostias.
—¿Qué pasa, Dunkan? ¿Tu masculinidad se ha sentido amenazada por tantas emociones?
—Y a jugar a hockey. Te voy a romper los dientes.
—Claro que sí, campeón. ¿Vemos Interestelar ?
—Me arrancaré la médula espinal con los dientes como vuelvas a poner esa película en la tablet. O Avatar . Ya me las sé de memoria.
—Vale, ¿qué tal Origen ?
—Qué manía con las realidades paralelas.
—Es que son películas llenas de matemáticas y me fascinan. —Coloca lo necesario y pasamos las siguientes horas metidos en una ida de olla que ni siquiera estoy seguro de entender del todo.

—¿Me ayudas a levantarme? —pregunto antes de que se marche.
—Claro, cógeme de la mano —me ofrece la que tiene rota.
—¿No te cansas de ser tan…?
—¿Qué dices? ¿Que no quieres que te ayude? —se lleva la mano a la oreja, como si no me oyera bien.
Estrecho la mirada como para matarlo con mi ira asesina.
—Por favor —gruño.
Cede y se queda cerca mientras doy unos cuantos pasos. Las primeras veces lo hice con los enfermeros y mi doctora delante. El progreso está ahí, aunque el avance sea lento de narices.
—Madre mía, Usain Bolt, pero si ya estás listo para pilotar.
—Adivina sobre qué voy a derrapar durante mi primera carrera.
—¿Mi cadáver?
Muevo las cejas de modo insinuante y afirmativo.
Cualquiera que nos oiga pensará que nos odiamos, pero las peleas tontas son nuestra manera de mostrar afecto desde que nuestro padre murió y la sinceridad nos dejaba hechos polvo.
La verdad es que me gusta. Supongo que en el fondo, los dos somos un poco tontos.
Nolan se marcha y yo llego hasta esa habitación. Esa de la que tanto he oído hablar, pero a la que nunca he podido llegar .
—El día que descubrí que Barbie en realidad no era ni costurera, ni tenía nada que ver con un Cascanueces, ni era princesa, ni sirena, sino una actriz, y que tooodas las películas de mi infancia eran historias FALSAS se me rompió el corazón en mil pedazos. No dejaré que a Macy le pase lo mismo.
—Eres una exagerada —dice la que sin duda es Monique.
—Y una exfan de esa fulana rubia y mentirosa.
—¿Ya no te gusta Barbie, chica de tacones rosas?
—Nope. Si me rompes el corazón una vez es culpa tuya, si me lo rompes una segunda es culpa mía —dice moviendo sus plataformas inspiradas en una carta de amor rosa, con un tacón en forma de corazón trenzado.

—¿Qué dices? Pero si tu corazón es irrompible. Te lo protegí yo cuando eras pequeña.
—¿Cómo? —pregunta Darcy interesada.
—Bueno, ya sabes. Un poco de laca de uñas, azúcar glas, polvo de hadas y chocolate.
—¿Sabe la NASA que podrían estar haciendo cohetes con eso?
—Yo les he escrito un buen puñado de veces, pero me parece que los de correos tienen algo en contra del sello de la Barbie.
—Fijo que también la creyeron cuando dijo que era princesa. No puedes ir mintiendo a la gente y luego esperar que se olviden de todo. ¿Qué? ¿Qué miras?
Monique ya tiene la vista fija en mí y, tras unos segundos, también la tiene Darcy.
Debería haberme escondido, pero no quiero hacerlo. Quiero presentarme. Quiero conocer a Monique. Así que me quedo en la puerta como un tonto, sonrío y espero que Darcy no sea muy cruel conmigo.