Mi chicane favorita (North Star 10) Monique
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Monique

La veo entrar en la habitación, subida en sus plataformas, con su vestido contoneándose de lado a lado.

¿Se creerá que no me doy cuenta de lo mucho que llora?

¿Pensará que no me doy cuenta de todo? La chica alegre, preciosa y dispuesta a cualquier cosa por aquellos a los que quiere ahora interpreta un papel la mayor parte del día. La echo de menos.

Me asusta tanto lo que ocurrirá cuando las luces se apaguen y no tenga a nadie delante por quien fingir.

—Estás empapada.

—Es que llovía un poco —levanta el pulgar en mi dirección—, pero la bebita no sospecha que somos unas troleras.

—Darcy, ven aquí —doy unos golpecitos en mi cama.

—¿Qué dices? No, te voy a poner perdida —tira del sillón y lo acerca a la cama.

Me coge una mano y la besa por todas partes. ¿ Se pensará que no me doy cuenta de que tiene las palmas destrozadas de tanto clavarse las uñas?

—Ni en mis mejores sueños habría imaginado tener una hermana como tú, ¿lo sabías? —pregunto acariciándole el pelo.

Salta de la silla como si le hubieran puesto un muelle en el culo.

—Debería cambiarme de ropa. Así podré tumbarme a tu lado. ¿Crees que a Macy le han gustado mis zapatos? Espero que sí. Este corsé me aprieta un poco, la verdad es que la lluvia me ha hecho un favor porque ya tenía ganas de quitármelo. ¿Por qué me lo compré?

—Por la misma razón por la que te lo compras todo: porque tenía corazones.

—Ya, cierto —se ríe, pero no es sincera.

Saber que soy yo la que le está haciendo esto es peor que vomitar sangre.

Darcy se seca el pelo con la toalla y se cambia de vestido con la puerta abierta. Como si no quisiera dejar de verme ni por un segundo.

—¿Te gusta este? —me enseña uno azul, cómodo y suave que, según los jóvenes de hoy en día, es algo llamado coquette.

Cuando le pregunté qué era eso me dijo que la había dejado Tinky Winky. Dejé de preguntar y me fui con mi tacataca metafórico a trabajar, pero me vi tentada a hacer planes para mi jubilación.

Trece años de diferencia son muchos para según qué cosas. Para otras, no lo son en absoluto.

—¿Qué tal? —pregunta girando sobre sí misma después de colocarse unas gafas más cómodas y secas.

—Eres la cosa más bonita de este mundo.

—Y tú una marrana mentirosa. Le has dicho lo mismo a Macy esta tarde cuando le hacías pedorretas en los pies.

Es verdad. Será que cada vez que las veo me explota el corazón de cariño y no encuentro palabras suficientes para describir lo muchísimo que las admiro y las quiero.

—Darcy —me pongo seria—. Creo que ya es hora.

—¿De qué? —pregunta sin mirarme.

—Ya lo sabes —digo, a lo que sacude la cabeza haciéndose la loca—. Deberíamos hablar de lo que pasará cuando…

—No —me corta con sequedad. Carraspea y fuerza una sonrisa—. De lo que deberíamos hablar es de lo que vamos a ver esta noche. ¿Qué tal 27 vestidos ? Te encanta ver todos esos cambios de ropa y a mí también.

Me da la espalda y va a por su iPad.

Trago saliva con dificultad, aguantándome las lágrimas como hago todo el día. Al fin y al cabo, somos hermanas.

Le hago un hueco cuando viene a tumbarse a mi lado.

—Suena bien.

—¿Verdad que Katherine Heigl es preciosa?

—Sí que lo es. —Dejo que lo prepare todo mientras apoyo la cabeza sobre su hombro.

Cojo su mano y la entrelazo con la mía.

Vale, cariño. No diré nada. No lo haré, ni siquiera al final.

Sé que eres fuerte. Durante años has sido tú la que me ha educado a mí sin darte ni cuenta. La que me ha enseñado qué camino seguir solo con tu buen corazón.

Podrás superarme.

Y yo te veré desde las estrellas.