Epílogo
Regresar al pueblo de nuevo siempre era recordar que era su lugar favorito del mundo.
Volver con Tom, la tía Agnes, y ver cómo iban Maggie y su hijo.
A pesar de que ya era sabido por todos que Bjorn no era un Viken, el pequeño Paul lo llamaba tío Bjorn. Finalmente Henrik obligó a Hakum a ponerle el apellido y reconocerlo como hijo, con todas las consecuencias.
Viken no volvió a caminar como antes, desde aquella rotura su pierna quedó parcialmente paralizada y andaba de un lado para otro con un bastón.
Aurora miró atrás. Ya faltaban días para que aquel lugar quedase de nuevo aislado durante el invierno, como cada invierno.
Bjorn la esperaba en la entrada del bosque junto a sus perros, Nanook estaba a media distancia entre los dos, mientras Aurora observaba la luz amarillenta de la farola verde.
De nuevo iba a adentrarse en el bosque maldito, cuatro años después de la primera vez.
Y era extraño que cada vez que regresaba de una temporada fuera, aquel bosque pareciese haber cambiado nuevamente.
Caminos, árboles y rincones parecían volver a ordenarse y desordenarse en un nuevo orden, para que volviese a parecer el laberinto que siempre fue.
Para todos, hasta para los que lo conocían de verdad.
Se avecinaban tormentas, pero la casa de la colina estaba preparada para todos. Dos humanos, cinco perros y un Kyrax.
—¡Aurora! —la llamó Bjorn.
Y ella se enderezó enseguida.
Regresaban al bosque.
Sus ángeles estaban de vuelta.